Mientras el pelotón femenino se prepara para afrontar el Tour de Flandes tras la carrera masculina este domingo, el panorama del ciclismo no se parece en nada al que encontró
Annemiek van Vleuten hace más de 15 años. La leyenda neerlandesa recordó recientemente su camino: de sobrevivir con un salario de 800 euros a presenciar la equiparación de premios, salarios mínimos obligatorios y el nacimiento de las Grandes Vueltas modernas femeninas.
La era amateur y un salto de fe
Cuando Van Vleuten firmó su primer contrato con un equipo UCI en 2008, la figura de la ciclista profesional prácticamente no existía. El deporte estaba a años luz de la industria millonaria del pelotón masculino.
“Cuando empecé, básicamente era un deporte amateur”, explicó Van Vleuten en una reciente aparición en el
podcast Domestique Hotseat. “Yo crecí con el deporte. Casi nadie era ciclista a tiempo completo. En mi segundo año ya corrí el
Tour de Flandes, algo que ahora es prácticamente imposible”.
No fue hasta 2011 cuando pudo plantearse de verdad vivir de la bici, aunque con un presupuesto estricto. “Ganaba 800 euros al mes por correr, pagaba 200 euros de alquiler y decidí dedicarme a tiempo completo. Vivía bastante barato como estudiante entonces, pero me permitió perseguir mi sueño. En aquella época solo cinco o seis corredoras tenían un salario decente”.
Ese mismo año, corriendo para Nederland Bloeit, logró su primera victoria en el Tour de Flandes. El bloque, que también incluía a
Marianne Vos y Pauline Ferrand-Prévot, se transformó después en el Rabobank Women Team, un punto de inflexión para Van Vleuten. “
Tuve mi primer salario a tiempo completo en 2012, y tuve bastante suerte. Estaba Rabobank y allí ganaba más de lo que habría ganado con mi título universitario”.
Pese a su salto personal a un sueldo profesional, el resto del deporte seguía rezagado. Entre 2012 y la resaca de los Juegos Olímpicos de 2016, el pelotón femenino atravesó una etapa de estancamiento, sobre todo por la falta de visibilidad mediática.
“No muchas corredoras tenían un salario real y aún no salíamos en televisión. Eso era lo más importante, porque nadie quería emitir nuestras carreras. Sentíamos de verdad que no estaban interesados en el ciclismo femenino”.
Cuando la retransmisión en directo se convirtió por fin en algo habitual, actuó como catalizador. Sin embargo, las primeras franjas horarias distaban de ser ideales. “Seguíamos corriendo a las 9:00 de la mañana, horarios realmente absurdos, pero estábamos en la tele”. Aun así, la exposición lo cambió todo y abrió la puerta a la introducción de un salario mínimo para las corredoras WorldTour, lo que a su vez ensanchó el vivero de talento.
Premios igualados y el debate sobre las Grandes Vueltas
Hoy, la realidad financiera en la élite del ciclismo femenino es muy distinta. Cuando Van Vleuten ganó el Tour de Flandes en 2021, su premio fue de apenas 1.365 euros. Ahora, la bolsa se ha equiparado con la de la prueba masculina, y la vencedora recibe en torno a 20.000 euros.
El calendario también se ha ampliado de forma notable, con la introducción del Tour de France Femmes como estandarte. Con varias pruebas WorldTour superando ya las cinco etapas, la definición de “Gran Vuelta” femenina está en pleno debate. Van Vleuten desea que las grandes rondas se distingan de verdad por su duración.
“Me gustaría que las Grandes Vueltas fueran genuinamente largas”, explicó la excampeona del mundo. “Tenemos otras carreras de una semana, así que diferenciemos la Vuelta de esas, que ahora también tiene siete etapas”.
No obstante, la leyenda de 43 años fue prudente y señaló que añadir días no garantiza un mejor producto para la afición. “¿Sería más emocionante si el Tour durara dos semanas ahora? No lo sé. Solo deberíamos ampliarlo si realmente se vuelve más interesante, o quizá si después de dos semanas, en lugar de diez días, tenemos una ganadora diferente”.