El sexto día de competición en el
Giro de Italia deja otro debate sobre la seguridad tras una caída tardía que arruinó el esprint en Nápoles y convirtió lo que parecía un duelo entre los más rápidos en otro final caótico.
Davide Ballerini pueso orden al anarquismo imperante para firmar la segunda victoria de XDS Astana Team en la presente ronda italiana, prolongando el notable inicio de los kazajos, pero la última curva traería cola nada más finalizar la etapa.
Dylan Groenewegen se fue al suelo en los adoquines mojados después de que Unibet Rose Rockets controlara la aproximación,
Paul Magnier quedó frenado, Jonathan Milan salió frustrado por el diseño del recorrido y
Jasper Stuyven se encontró de repente con una oportunidad inesperada de ganar.
El corredor de Soudal - Quick-Step se quedó a metros de cazar a Ballerini, pero su propio esprint quedó condicionado por la caída delante de él. “No encajé el pie en el pedal de inmediato”,
contó Stuyven a Sporza después. “Alguien debió golpear mi cambio, porque ya no podía cambiar.
El descarrilador saltaba de un lado a otro. Esprinté, pero no en el desarrollo que quería. Confiaba en coger la rueda de Ballerini. Es una pena que el material jugara en mi contra.”
Preguntado si habría ganado sin ese problema, Stuyven evitó afirmarlo con rotundidad, pero admitió que la opción era real. “No digo que seguro lo pasaba, pero sí creo que la posibilidad era grande”, dijo. “Ya había hecho un esfuerzo en el último kilómetro, iba totalmente al viento. Eso se notaba en las piernas.”
Stuyven cuestiona el riesgo de la última curva
Para Stuyven, la frustración fue mayor porque, en principio, no debía disputar el esprint. Su labor era lanzar a Magnier, que buscaba su tercera etapa y ya vestía la ciclamino. “Si no se caen, estoy perfectamente colocado para hacer el lanzamiento”, afirmó Stuyven.
En cambio, la caída abrió la puerta a Ballerini, descolocó a Magnier y dejó a Stuyven improvisando un esprint con material dañado. El belga también señaló directamente las decisiones en la propia curva, donde los adoquines mojados hicieron el final especialmente delicado.
“Me parece una pena que chicos como Elmar y Dylan, con tanta experiencia, sigan pedaleando en una curva sobre adoquines”, dijo Stuyven. “Ya me pareció muy atrevido que se atrevieran a hacerlo. Luego ves que sale mal. Es comprensible, porque están en la posición perfecta y no quieren cederla. Esos adoquines son súper resbaladizos, sobre todo cuando empieza a llover.”
Groenewegen explicó después que simplemente se le fue la rueda delantera e insistió en que Unibet no hizo nada mal, con el neerlandés elogiando a su equipo pese a la caída. Las palabras de Stuyven, no obstante, añadieron otra capa al debate posetapa, enmarcando el incidente como una mezcla de instinto del corredor, presión del esprint y condiciones sin margen de error.
Otra voz en el debate sobre el recorrido
La crítica de Stuyven no se detuvo en los corredores. Al igual que Milan, que cuestionó por qué el Giro necesitaba finales tan enrevesados con lluvia en el pronóstico, Stuyven sugirió que la caída podría haberse evitado con una aproximación más simple.
De pie en una avenida ancha tras la meta, se preguntó por qué la carrera necesitó girar hacia los adoquines. “Estamos aquí en una avenida muy ancha. ¿Qué tiene de malo?”, dijo Stuyven. “Las tomas de la costa también habrían sido imágenes bonitas. No creo que fuera necesario meterse en los adoquines. Es una pena que siempre lo busquen, sobre todo porque se podía haber evitado perfectamente y porque aquí también se podía haber trazado una llegada bonita.”
La lluvia, por su momento, endureció aún más el final. Las primeras gotas comenzaron a caer cerca de meta justo cuando los trenes de esprint se preparaban para los kilómetros decisivos, convirtiendo un desenlace ya técnico en uno mucho más peligroso.
“Si llegamos tres minutos antes, no está lloviendo”, admitió Stuyven. “Pero siempre lo discutimos solo después. Es una pena. Frustra cuando ya intuyes de antemano que será una llegada peligrosa.”
Para Ballerini y Astana, la etapa 6 fue otro resultado soñado en un Giro que ya les ha dado más de lo esperado. Para varios velocistas, otra oportunidad perdida. Para la carrera en general, otro día en el que el debate sobre la llegada siguió mucho después de conocerse el resultado.