La vida de Riccardo Riccò ha dado un giro radical lejos del ciclismo profesional. Sancionado de por vida tras varios episodios relacionados con el dopaje, el italiano ha reconstruido su día a día al margen de la competición, centrado en su negocio y en una relación más tranquila con la bicicleta.
En una entrevista concedida a el diario La Stampa, el ex corredor repasa su pasado, asume errores y explica cómo ha logrado rehacerse tras los momentos más difíciles.
Riccò reconoce el impacto que tuvo su caída: “Me destrozaron, pasé momentos duros, caí en depresión y en otras situaciones complicadas, pero no quiero hacerme la víctima”. Durante años, el ciclismo fue un recuerdo doloroso: “Volví a coger la bicicleta hace tres años, después de diez en los que me hacía daño ver a mis antiguos rivales correr y ganar. Me recordaba lo que no pude hacer. Ni siquiera veía las carreras”.
Con el paso del tiempo y ayuda profesional, su perspectiva ha cambiado: “Luego lo fui asimilando, también gracias a la terapia. Ahora estoy tranquilo, aunque la herida sigue ahí”. Hoy, el ciclismo ya no es su profesión, pero sigue presente en su vida como afición: “Uso aplicaciones para compararme con los tiempos de los profesionales y sigo siendo competitivo”.
El italiano también mantiene contacto con este mundo a través de aficionados, a los que asesora: “Además de dar consejos, hago algunas preparaciones. De ciclismo sé dos o tres cosas. He sufrido y he ganado, así que me dije: ¿por qué no? Ahora tengo a ocho aficionados a los que sigo, me gusta, es mi mundo”.
Sobre su pasado, no elude responsabilidades, aunque contextualiza la época: “No busco excusas y asumo mis culpas, pero con el tiempo han salido muchos otros casos. Si miramos la lista de corredores, todos los más fuertes han sido cazados por dopaje, excepto Cunego y
Bettini. Cuando hay negocio de por medio, funciona así”. En esa misma línea, asegura que fue parte de una dinámica generalizada: “Estaba dopado cuando todos estaban dopados”.
Uno de los episodios más graves de su carrera fue la autohemotransfusión que casi le cuesta la vida, una práctica que describe con crudeza: “No era la primera vez que lo hacía. Llevaba ya un año, porque era la única forma de no dar positivo: te sacas y te vuelves a poner tu propia sangre”. Según explica, no se trataba de algo aislado: “No lo inventé yo. Moser hizo el récord de la hora en Ciudad de México y dijo públicamente que lo había hecho”.
Riccardo Riccò, ciclista sancionado de por vida por dopaje
Actuar sin medir riesgos
Riccò admite que actuó sin medir los riesgos: “Con las transfusiones hechas por uno mismo, es algo que puede ocurrir. Yo no tenía miedo y lo hice con superficialidad. Si me hubiera inyectado cortisona inmediatamente, no me habría pasado nada, pero no lo sabía y, con veinte años, te sientes omnipotente”.
Sobre su sanción de por vida, sostiene que su situación se agravó por un caso en el que, según él, no tuvo responsabilidad directa: “Me vi implicado en un caso de tráfico de sustancias dopantes en el que no tenía nada que ver, y lo demostré en los tribunales, pero la justicia deportiva quería apartarme definitivamente y lo consiguió”.