El experimentado corredor vasco
Pello Bilbao ha decidido poner punto final a su trayectoria profesional a final de temporada, despidiéndose del pelotón en sus propios términos y priorizando a su familia frente a la alta competición.
A sus 36 años y 10 temporadas en el World Tour, el gernikarra colgará la bici el próximo diciembre. El cazaetapas del
Bahrain Victorious antepone la salud mental y el tiempo rodeado de su círculo cercano a la "dictadura del dato".
"Me retiro porque creo que ha llegado el momento, cada uno tiene que marcarse su límite. Por fortuna, he podido elegir mi momento. Está claro que la razón principal es mi familia: mi mujer y mis hijos", confiesa con la serenidad que siempre le ha caracterizado
en una entrevista con la Cadena Ser. Esa sobriedad le ha permitido sortear momentos más críticos de una exigente profesión, forjando un carácter altamente analítico ante la adversidad. "Me caracterizo por mantener la calma, quizá es la forma de ser del vasco. Sosegados y de sangre fría", asegura.
Esta mentalidad ha sido su gran escudo desde sus inicios en la estructura del Euskaltel, donde sufrió su infortunio más grave sobre el asfalto. "Mi mayor caída fue cuando pasé a profesionales con Euskaltel, la única vez en mi carrera que me fracturé un hueso: el codo", recuerda el escalador, quien entiende los accidentes como valiosas lecciones de supervivencia.
"Aprendemos de las caídas. Al final, después de cada una de ellas, comenzamos retroceder para saber dónde están nuestros límites: Hay caídas que no te duelen en lo físico pero sí en lo anímico".
Esta introspección encaja a la perfección con su visión de la transformación que ha sufrido el ciclismo profesional. Lejos quedan las grandes jornadas tácticas donde la reservar energías era la clave de las victorias.
"En aquel entonces era un deporte de resistencia y de guardar fuerzas mientras que hoy en día es una exhibición de fuerzas constante: se empieza y acaba a tope", explica el corredor.
"Te diría que se ha cambiado abismalmente en velocidad. Hemos subido entre 3 y 4 km/h desde cuando comencé yo". Esta aceleración continua se cobra un peaje altísimo en el pelotón, dando la razón a corredores históricos como Alejandro Valverde sobre la dureza del escenario actual.
"Me he sentido estresado por la tiranía del dato"
"Es agotador. Veo que las carreras de los ciclistas van a ser más cortas. Este ritmo no es sostenible para hacer una carrera como la de Valverde y retirarte con 40 años", sentencia.
El nuevo ciclismo también impone una brutal presión psicológica vinculada a la monitorización milimétrica del rendimiento y la ingesta calórica, un aspecto que Bilbao ha sabido gestionar con suma madurez para protegerse a sí mismo.
"En algunos momentos, me he sentido estresado por la tiranía del dato pero tampoco me he dejado llevar en exceso. Y en cuanto me he dado cuenta, le he dado remedio enseguida. No llevo el anillo de sueño y tampoco mido la comida cuando estoy en casa", revela, marcando una férrea barrera entre la profesión y su hogar.
No obstante, asume sin fisuras su rol de líder veterano al concentrarse con su escuadra. "En grupo sí, hay que dar ejemplo a los más jóvenes que llevan esa disciplina. Para ellos es más normal", matiza. A nivel personal, la obsesión por las estadísticas ha perdido toda la relevancia con el paso de las temporadas.
"Cada vez me fijo menos en los números. A medida que cumples una edad, esos números se repiten y se estancan en un momento. Ya dejan de tener sentido para un corredor más veterano". Para el vasco, la clave del éxito reside en la cordura emocional y advierte del enorme peligro de la mecanización del deportista.
"Ganar una etapa en el Tour es una locura"
Cuando un ciclista vence en un gran vuelta como el
Tour de Francia "vive una locura y te dejas llevar"."Lo más bonito es llegar al hotel, sentir los abrazos y las felicitaciones, estar uno por uno con toda la gente del equipo que tienen ganas de celebrarlo". Afirma que es frenético hasta que llega la hora de cenar cuando "se hace un brindis pero luego te vas a la cama pronto".
"No podemos vivir en estrés sin límites"
"No nos podemos olvidar de la salud mental. Cada uno debe marcar límites. No podemos vivir en estrés continuo. Una parte importante del alto rendimiento se debe también en encontrar un balance que no se obsesione con los datos".
Esta evolución científica también ha revolucionado los hábitos alimenticios en plena carrera, erradicando viejos fantasmas pero convirtiendo la nutrición en un trabajo extenuante. "Otro punto importante, es el cambio en los avances en nutrición. Ahora se come mucho más en carrera. Pensábamos que el límite estaba mucho más bajo del real. Ya no se ven pájaras porque comemos mejor", analiza, confesando sin tapujos el hastío que produce esta rutina digestiva obligatoria.
"A veces, te aburres de comer. Tienes la sensación de tener que ingerir mucha comida: pasta, risotto, lo que sea para llenar depósito". Por fortuna, esa rigidez matemática queda al margen de su vida familiar, bromeando al admitir que "en Nochebuena no se pesan hidratos, pero tampoco en el día a día".
Seixas, rival a batir de Pogacar
Al mirar hacia el futuro del pelotón mundial que pronto abandonará, Bilbao señala al prometedor
Paul Seixas como el gran revulsivo para romper las jerarquías. "
He competido con Seixas en el País Vasco y Flecha Valona, viene un nuevo Pogacar", vaticina con admiración.
"Se agradece que viene alguien que pueda hacerle frente a Tadej. Si sigue en esa progresión lógica, creo que será un enemigo de él, y abrirá la competitividad en el pelotón", concluye, cerrando una etapa brillante en la élite.