La temporada 2026 ha comenzado, pero lo ha hecho para
Cristián Rodríguez en unas condiciones seguramente que no se imaginaba. El español acabó fichando por
XDS Astana Team al saber que su equipo, el Arkéa - B&B Hotels, iba a desaparecer al final de 2025.
Para los ciclistas en mitad de la jerarquía WorldTour, el tiempo lo es todo. Contratos, roles, calendarios y fuerza negociadora dependen de cuándo se mueve el mercado.
Cristián Rodríguez descubrió por las malas qué ocurre cuando el colapso de un equipo congela por completo ese proceso.
Rodriguez no era un corredor sin contrato en busca de un ascenso. Era un escalador de 30 años que venía de su temporada más visible, tras su tercer Tour de Francia y un año en el que se consolidó como el español mejor clasificado en París. Sin embargo, mientras su perfil crecía, su posición negociadora desaparecía.
La desaparición de Arkáa - B&B Hotels dejó a Rodriguez atado por contrato a un equipo que ya no existía, incapaz de moverse con libertad mientras otras escuadras WorldTour cerraban sus plantillas. Cuando la situación se resolvió, el mercado ya había seguido su curso.
“Fue todo muy duro, una incertidumbre total durante muchas semanas”,
dijo Rodríguez a AS. “Cuando por fin quedé libre, el mercado ya estaba muy avanzado y, guau… Hubo bastantes problemas. No ha sido fácil. No se lo deseo a nadie.”
Cuando el mercado se mueve sin ti
La desaparición de Arkea no fue repentina. Ambos patrocinadores principales ya habían anunciado su intención de retirarse, y meses de negociaciones para asegurar financiación de reemplazo no aportaron las garantías exigidas por la UCI. Cuando venció el plazo de inscripción, el proyecto dejó de existir de facto.
Para los corredores, las consecuencias fueron inmediatas. Mientras los equipos con estabilidad aseguraban plantillas y planes de carrera, los ciclistas de Arkea quedaron en un limbo, sin poder negociar abiertamente mientras las cuestiones legales y contractuales se alargaban. Lo que desde fuera parece un fallo administrativo, desde dentro se convierte en una amenaza para la carrera.
“Es una desgracia para el ciclismo cuando desaparecen equipos, y más aún vivirlo desde dentro”, señaló Rodriguez. “Bueno, es otra experiencia por la que he pasado.”
Cristián Rodríguez, ciclista del XDS Astana Team tras la desaparición de Arkéa
Una carrera atrapada en el peor momento
El calendario hizo la situación especialmente cruel. Rodriguez acababa de completar otro Tour de France, no para pelear la general, sino para reforzar su valor como escalador fiable de nivel WorldTour. Su rol estaba claro, su nivel acreditado, y había interés. Lo que le faltaba era libertad.
En lugar de elegir su siguiente paso, pasó octubre esperando claridad, viendo cómo se cerraban opciones a medida que los equipos ocupaban sus últimas plazas. Solo cuando el colapso de Arkea fue oficial pudo moverse, con Astana actuando rápido para incorporarlo.
“Hemos traído un equipo fuerte, pero yo estoy aquí para ayudar”, dijo Rodriguez en sus primeros días con la escuadra. “Han mostrado mucha confianza en mí, tienen buen material, y quería probar con ellos.”
Nuevo comienzo, pero aviso duradero
Ahora, único español en la plantilla de Astana, Rodriguez vuelve a empezar en un entorno dominado por el inglés y el italiano, lejos de cualquier zona de confort. Su calendario refleja un rol de apoyo más que de liderazgo, con el regreso a una gran vuelta como objetivo personal.
“Me gustaría estar otra vez en una gran vuelta”, afirmó. “Después de Omán iré a dos carreras en Francia y, muy probablemente, Volta a Catalunya.”
En lo físico, también está reconstruyéndose. Un problema de nervio en la planta del pie le obligó a abandonar la pasada Vuelta, un contratiempo que nunca mermó su fuerza pero sí adormecía la sensibilidad sobre la bici. “Ahora toca ver cómo respondo”, añadió.
Para Rodriguez, el colapso de Arkea no fue solo un capítulo desafortunado, sino un aviso sobre la fragilidad del ciclismo moderno. Los equipos pueden desaparecer, los contratos evaporarse y los corredores quedar expuestos sin culpa propia. Antes un profesional anónimo, hoy habla como prueba de lo rápido que la estabilidad puede desvanecerse en un deporte que a menudo se vende como seguro.