Con todo el debate sobre vatios, jerarquías de liderazgo y estrategia de Grandes Vueltas, el proyecto 2026 de
Red Bull - BORA - hansgrohe afronta en silencio otro problema. No cómo hacer más fuertes a los corredores, sino cómo evitar que se rompan bajo presión.
El ciclismo moderno rara vez falla por lo físico. Te desborda. La atención, la expectativa y la optimización constante llegan tan pronto como el propio éxito. En ese entorno,
Florian Lipowitz ha emergido como el ejemplo más claro de por qué la estructura de
Red Bull es como es.
Desde fuera, su temporada 2025 pareció impecable. Un Tour de France de eclosión, un podio y una subida repentina al grupo de los vueltómanos más comentados del pelotón. Por dentro, Lipowitz describe algo mucho menos cómodo.
“Después del Tour, no estaba tan bien”,
dijo recientemente en el podcast Ulle & Rick, al repasar las semanas posteriores a su mayor resultado. “Tuve problemas de salud y me costó realmente disfrutarlo.”
Esa admisión por sí sola reencuadra el relato. Lo que siguió no fue inercia, sino un punto y aparte. “Estuve realmente ocho semanas sin montar. Volver no fue fácil, pero lo necesitaba.”
En un deporte que trata la continuidad como sagrada, ocho semanas sin bici suenan temerarias. En el pensamiento de Red Bull, se lee distinto. Lipowitz no se alejaba de la ambición. Le estaban protegiendo de ella.
Cuando el éxito se convierte en el problema
Lipowitz es inusualmente directo sobre lo que le desestabilizó. No la carga de entrenamiento. No el estrés competitivo. Sino la exposición. “No soy alguien a quien le guste estar en el foco,” dijo. “Eso fue una de las cosas que realmente me sacó de sitio después del Tour.”
Esa frase explica más que cualquier desajuste fisiológico. De la noche a la mañana, Lipowitz dejó de ser una promesa que crecía en silencio. Pasó a ser el siguiente gran proyecto alemán para las Grandes Vueltas. La atención llegó más rápido que su propia adaptación a ella.
Ahí es exactamente donde
la llegada de Remco Evenepoel cambia la lógica interna de Red Bull de una forma que muchos fuera del equipo han pasado por alto.
La mayoría asumió tensión. Lipowitz vio alivio. “Remco es alguien a quien le gusta estar en el centro de atención,” dijo. “Eso puede ser bueno para mí, porque podré centrarme más en mi propio trabajo.”
Más que una rivalidad, Lipowitz describe una válvula de escape.
Una estructura pensada para personalidades distintas
Esa visión encaja con lo que el liderazgo de Red Bull viene señalando desde el inicio del proyecto.
Ralph Denk ha planteado de forma consistente el equipo no como un sistema de líder único, sino como uno diseñado en torno a roles y personalidades complementarias.
Evenepoel prospera bajo el escrutinio. Se alimenta de la visibilidad y la expectativa. Lipowitz no. En ese sentido, la presencia del belga no le tapa. Absorbe el ruido.
Junto a Primoz Roglic, cuya experiencia ancla la estructura en otros momentos de la temporada, Red Bull dispone de algo que a la mayoría le falta. Corredores que desean cosas distintas del liderazgo y un sistema que les permite coexistir sin forzar la conformidad.
Resistencia silenciosa al exceso del ciclismo
La mirada de Lipowitz va más allá de los medios. También cuestiona en silencio partes de la cultura ciclista moderna que, a su juicio, desgastan más de lo que aportan.
“No soy de sentarme en el rodillo con uno de esos trajes térmicos,” dijo. “Prefiero salir a rodar con cuarenta grados.”
Lo mismo aplica a la nutrición. “También disfruto una bolsa de Haribo o una tableta de chocolate. Hay que mantener la alegría, si no este deporte se vuelve demasiado agotador.”
No son comentarios al aire. Encajan con el rechazo más amplio de Red Bull a la ortodoxia hipercontrolada de la era Sky. El rendimiento sigue importando. Pero no a costa de la persona que lo produce.
Florian Lipowitz, estrella de Red Bull junto a Remco Evenepoel
El coste real del oficio
Quizá la línea más reveladora llegó cuando a Lipowitz le preguntaron qué espera dejar atrás algún día. “Estar tanto tiempo fuera de casa es lo que realmente te quita energía.”
Es un recordatorio de que los proyectos de Grandes Vueltas no se construyen solo con bloques de entrenamiento y planes de carrera. Se sostienen por cómo los corredores llevan la vida dentro del sistema.
Lipowitz no necesita ser la cara de las ambiciones de Red Bull. No quiere serlo. Necesita espacio, rutina y una estructura que le permita rendir sin exposición constante.
En ese contexto, la llegada de Evenepoel no complica los planes de Red Bull. Los aclara.
Un corredor absorbe la presión. Otro queda protegido de ella. La experiencia ancla al resto. La ventaja quizá no se vea de inmediato en la hoja de resultados, pero en un deporte cada vez más definido por el burnout tanto como por el brillo, la voluntad de Red Bull de distribuir la atención en lugar de concentrarla puede resultar decisiva.