El maillot dañado por la caída de
Tadej Pogacar en la histórica
Milán-San Remo que acabó ganando se ha convertido en la prenda ciclista más cara jamás vendida, con el maillot arcoíris usado en carrera subastado por 95.100 € antes de que el esloveno doblara la cifra con destino solidario.
Lo que comenzó como una pieza simbólica de una de las carreras definitorias de la temporada ha adquirido ahora una relevancia mucho mayor, tanto en lo económico como más allá del deporte.
Del incidente en carrera al precio récord
El valor del maillot está ligado directamente al momento que representa. La victoria de Pogacar en la
Milano-Sanremo era uno de los huecos pendientes en su palmarés, lograda solo después de una caída en la aproximación a la Cipressa que le obligó a perseguir con el maillot visiblemente rasgado. En una clásica marcada por la colocación, se rehizo, volvió a la cabeza y remató en un sprint a dos frente a
Tom Pidcock.
Lejos de desechar el material dañado, Pogacar decidió conservarlo exactamente como lo vistió aquel día. Firmado por él y por sus compañeros, se convirtió en una pieza única de una victoria Monument esperada durante años.
Ese contexto disparó la puja. Arrancó en 1.000 € y subió de forma constante hasta fijarse en 95.100 €, estableciendo un nuevo referente para los recuerdos ciclistas.
Pogacar dobla la cifra final
La historia no terminó con la última puja. Pogacar se comprometió a duplicar el importe ganador, elevando la contribución total a 190.200 €. La recaudación se destinará a la Tadej Pogacar Foundation, que apoya a niños y jóvenes, incluidos deportistas en proceso de regresar tras una enfermedad.
Fundada por Pogacar y su prometida, Urska Zigart, la fundación está supervisada a diario por su padre, Mirko Pogacar.
Tadej Pogacar supera a Tom Pidcock en un sprint a dos en la Milano-Sanremo 2026
Algo más que un recuerdo
La cifra final refleja algo más que rareza. El triunfo de Pogacar en la Milano-Sanremo aportó un peso narrativo que trascendió un solo resultado. Tras varios intentos por forzar la carrera a su favor, 2026 fue el momento en que por fin lo consiguió, superando la imprevisibilidad tradicional de la clásica y un contratiempo en plena prueba.
Esa combinación de persistencia y ejecución está incrustada en el propio maillot.
Un momento que puede ser único
También existe la posibilidad de que esto quede como un hecho aislado. Pogacar sugirió recientemente que cualquier regreso a la Milano-Sanremo sería más por disfrute que por ambición, comentando que si vuelve, podría ser simplemente “para comer focaccia”.
Si se confirma, el maillot no solo representa un gran desbloqueo, sino un capítulo completo.
De la caída a la victoria, y ahora a un resultado benéfico récord, su significado ha seguido creciendo mucho más allá de la carrera en la que fue usado.