Wout van Aert no es un ciclista más. Nunca lo ha sido. Ha habido muchos con fama de secundón en la historia del ciclismo, con el abuelo de
Mathieu van der Poel Raymond Poulidor como su máximo exponente. Sin embargo el belga no ha sido nunca un secundón. Ha ganado muchísimo y, cuando se está en esa situación, se acaba muchas veces segundo (no hay más que mirar el curriculum de un tal Peter Sagan para ver esto como un hecho).
Lo que sí era Wout van Aert era un hombre que había brillado en carreras en las que los grandes honores se lo llevan otros. Básicamente en el Tour de Francia, donde ha sido el último lustro una bestia salvaje. Sí, una bestia salvaje pero que por números no dice nada. Porque, ¿qué son 10 victorias parciales frente a las generales o a los treinta y pico de Cavendish?.
En fin, que ganaba y ayudaba a sus líderes a ganar (2 Tour de Vingegaard y el Giro de Yates) pero luego en los monumentos, donde los belgas disfrutan más, no había podido coronarse. Apenas una Milán-San Remo mientras su gran rival de toda la vida VDP comenzaba a acumular y acumular.
Por fin se ha quitado el peso de encima de ganar la
París-Roubaix y lo hace un año en el que nadie lo metía en las quinielas después de dos campañas, la 24 y la 25, en las que había estado lejísimos de los hombres que luchaban por ganar.
En Ciclismoaldia hace un par de semanas publicábamos que creíamos que el bueno de Woute podía ganar por fin el Infierno del Norte este año. Hoy intentamos explicar por qué lo ha conseguido.
Wout van Aert ganó una París-Roubaix 2026 increíble.
Las 3 claves del triunfo de Wout van Aert
1. Tenía las piernas y la confianza para ganar
Al contrario de lo que le venía sucediendo últimamente,
su campaña de clásicas este año ha sido inmaculada. Sin victorias, cierto, pero mostrando su máximo nivel y acabando cada una de las pruebas donde debía. Tanto por piernas como por táctica.
Empezó siendo décimo en Strade Bianche casi si en su estreno (no creo que merezca la pena comentar la Ename) y una Tirreno en la que claramente se veía que todavía no tenía ritmo. Eso podía preocupar otro año, pero su tercera plaza en la Milán-San Remo dejaban muy a las claras que estaba donde tenía que estar. Siendo inferior a Pogacar, Pidcock y VDP, rascar una tercera plaza hablaba muy bien de su estado.
En la En los Campos de Flandes lo intentó junto a Van der Poel otra vez mostrando grandes piernas aunque no lograron llegar a meta. En la A Través de Flandes volvía lo de secundón cuando fue cazado por Ganna en la recta final. Pero, como decimos, las piernas seguían ahí. Más de lo mismo en el Tour de Flandes, donde en los bergs más duros no pudo con Pogacar, Van der Poel y Evenepoel, pero fue cuarto. Así, ninguna victoria, pero las piernas estaban ahí como demostró en Roubaix.
2. Estrategia de carrera perfecta
Algunos han tildado la Roubaix de Van Aert como conservadora. Yo sinceramente creo que fue todo lo contrario. Y lo demostró en 2 momentos que fueron clave: uno en Arenberg poniéndose en cabeza del grupo de favoritos y marcando el ritmo hasta el final antes de que pinchara VDP.
Y dos y más importante, en un momento táctico que pocos analistas destacan hoy, en el tramo 18, justo cuando Van der Poel llegaba como una apisonadora en un grupo peligroso a apenas 20 segundos, lanzó el ataque que rompió la carrera definitivamente y se marchaba en ese momento junto a Pogacar y Pedersen para finalmente quedarse sólo con el esloveno dejando a VDP ya sin opciones de alcanzarles.
A partir de ahí no creo que Van Aert fuese conservador, fue simplemente inteligente. No quiso perder más fuerzas de las necesarias ante un Pogacar que sabía que iba a intentar dejarlo en el Carrefour. Estuvo muy atento a todos los movimientos del campeón del mundo y en el velódromo lo hizo perfecto colocándose por detrás y lanzando el esprint en el momento indicado.
3. El doble pinchazo de Van der Poel en Arenberg
Los pinchazos y las caídas son parte determinante de la París-Roubaix y, habiéndose llevado él la peor parte hasta la fecha en ediciones anteriores, ayer fue el turno de su gran rival con el doble pinchazo en Arenberg que le hizo perder más de dos minutos que a la postre resultaron decisivos para el triunfo de Van Aert.
Visto lo visto últimamente es difícil pensar que en condiciones normales (algo que por otro lado no existe en la París-Roubaix) Van Aert puede ganarle un esprint a su gran rival, así que quitárselo de en medio está claro que fue decisivo. También pudo serlo el pinchazo de Pogacar antes de Arenberg, tras el cual tuvo que tirar algunos kilómetros en solitario. Van Aert pinchó un par de veces también, y en la última de ellas también tuvo que recuperar, aunque con Laporte adelante su situación era favorable.
En fin, que esto es la París-Roubaix y no se gana de casualidad, aunque te tienen que no pasar algunas cosas para poder conseguirlo. Dejadnos en comentarios vosotros qué pensáis de la victoria de Wout van Aert y cuáles fueron vuestras claves.