Lo que iba a ser un día histórico de
Mathieu van der Poel en
París-Roubaix, se deshizo en cuestión de instantes dentro de la Trouée d’Arenberg y, en la resaca, el director del Alpecin no evitó señalar dónde se torcieron las cosas.
Hablando tras la carrera con IDL Pro Cycling,
Christoph Roodhooft explicó la caótica escena en la entrada al bosque como el punto de inflexión, explicando:
“Nos quedamos parados más de un minuto. Por detrás, el pelotón llegó y pudo pasar”, antes de añadir: “
Si ese coche no hubiese bloqueado a todos en la entrada al bosque, creo que no se habría perdido nada.” Una reacción en cadena que lo cambió todo
Lo que vino después no fue un único error, sino una cascada de problemas que sacó a Van der Poel de la pelea en segundos. Roodhooft describió cómo la situación se desbordó en un suspiro, señalando que “hubo una larga cadena de acontecimientos que condujeron a ello”, y subrayó lo fino del margen en ese instante: “Simplemente deberíamos haber estado allí un minuto antes.”
La sensación de ocasión perdida creció al recordar la posición que tenían antes del descalabro. “En ese punto, creo que estábamos muy bien situados en la carrera”, dijo, remarcando lo rápido que viró el guion.
Entre los contratiempos estuvo el pinchazo de la rueda delantera de Van der Poel, que obligó a una solución improvisada que solo aumentó la confusión. “Al final coge la bici de Jasper, pero llevaba pedales diferentes”, explicó Roodhooft, un detalle que pronto se volvió central en el debate posterior.
La apuesta por el prototipo sale mal
Esa decisión fue criticada duramente. Alpecin optó por usar un prototipo de pedales, que aún formaban parte de un test en curso, una elección que Roodhooft abordó abiertamente. “Son pedales prototipo. Había acordado que también se probaran en competición”, dijo, antes de admitir que las consecuencias no pudieron llegar en peor momento: “hoy llegó en un instante increíblemente malo.”
Con perspectiva, la responsabilidad estaba clara para él. “Ahora mismo creo que fue muy estúpido por mi parte”, afirmó, antes de añadir: “No entiendo cómo no pensé en ello. Es más improbable que ganar la lotería, que todo se junte así.”
También dejó claro que ya han tomado nota de la lección. “No volverá a pasar. Pero ya está hecho.”
Mathieu van der Poel en la París-Roubaix 2026
Caos sin control
La situación se agravó por las circunstancias únicas dentro de Arenberg. Por primera vez, no se permitió personal con ruedas de repuesto en el sector, mientras los coches de equipo no pudieron avanzar por el bloqueo en la entrada. Como resumió Roodhooft, “no tuvimos opción de arreglarlo ni de estar allí”, dejando a los corredores a merced del instinto.
Ese instinto quedó patente cuando
Jasper Philipsen entregó su bicicleta, y Roodhooft reflexionó que “en ese momento, en realidad les habría venido mejor solo la rueda, pero eso es fácil de decir a posteriori”, una frase que condensa las decisiones al segundo que impone el caos de Roubaix.
Un rendimiento perdido en el desorden
Pese a todo, Van der Poel aún peleó hasta la cuarta plaza, una actuación que subraya su forma y lo que pudo ser. “Habrá estado cerca de su mejor carrera de siempre, creo”, valoró Roodhooft, un juicio llamativo dado cómo se desarrolló la jornada.
Ese contraste define la frustración del día. La condición estaba, la colocación también, pero la opción de disputar la victoria se escapó antes de que la carrera tomara forma.
De la autoridad a la decepción
Para un corredor que perseguía una cuarta
París-Roubaix consecutiva, el golpe emocional era inevitable.
Roodhooft captó esa sensación con crudeza al valorar el desenlace: “Cuando estás así, en esta carrera, y has ganado las tres últimas ediciones, y luego lo dejas escapar de esta forma… es suficiente como para no querer montar en bici nunca más.”
En un día marcado por el caos, el timing y la mala suerte, ni el más fuerte del pavé pudo imponer su ley, un recordatorio de que en París-Roubaix nada está garantizado.