Reflexión sobre el ciclismo moderno: ¿Aburre Tadej Pogacar? La grandeza y la emoción no siempre van de la mano

Ciclismo
miércoles, 08 julio 2026 en 11:28
Tadej Pogacar en el Tour de Francia
Hay debates que parecen nacer en las redes sociales y desaparecer a los pocos días. Sin embargo, algunos tienen más profundidad de la que parece. Uno de ellos es el que rodea a Tadej Pogacar y al dominio que ejerce junto al UAE Team Emirates XRG: ¿aburre ver a un corredor tan superior al resto en el Tour de Francia y el resto de pruebas que disputa?.
Antes de responder, conviene dejar clara una idea. Este no es un debate sobre si lo que hace Pogacar está bien o está mal. Estamos hablando de deporte de élite y el objetivo siempre es el mismo: ganar. Si un deportista es claramente superior a los demás, lo lógico es que gane. No hay nada que reprocharle por ello.
La historia del deporte está llena de ejemplos similares. El Barça de Guardiola dominó el fútbol español durante años. El Barça de balonmano lleva una década prácticamente sin oposición. El Barça femenino también ha impuesto una superioridad abrumadora. Cuando aparece un equipo o un deportista muy por encima del resto, lo primero que vemos es grandeza.
Y eso es precisamente lo que representa Pogačar. Estamos contemplando, probablemente, al segundo mejor ciclista de la historia por palmarés y relevancia, solo por detrás de Eddy Merckx. Es un corredor que ofrece actuaciones históricas una y otra vez y cuya dimensión deportiva ya pertenece a otra categoría.
Pero el deporte no vive únicamente de la grandeza.
También vive de la emoción.
Vivimos el deporte porque queremos sentarnos delante del televisor, acudir a un estadio o colocarnos en una cuneta sin saber quién va a ganar. La incertidumbre forma parte del espectáculo. Cuando coinciden ambas cosas —grandeza y emoción— estamos ante la mejor versión posible del deporte.
Y ese es precisamente el problema que plantea el ciclismo actual.
La generación que estamos viendo es extraordinaria. Ahí están Pogačar, Jonas Vingegaard, jóvenes talentos como Seixas o corredores como Juan Ayuso. Nunca ha faltado tanto talento reunido. Sin embargo, la sensación que deja la competición es distinta porque, a día de hoy, la incertidumbre es muy reducida.
El debate nace precisamente ahí. ¿Puede llegar a aburrir saber de antemano quién va a ganar?
No es algo exclusivo de Pogačar. Ya ocurrió en el pasado Giro de Italia con Vingegaard y Visma. El equipo controlaba la carrera cuando quería. Si decidía echar abajo una escapada, daba igual la calidad de los fugados. Lo conseguía. Si quería preparar la victoria de su líder, simplemente lo hacía.
Estamos viendo exactamente la misma sensación en este inicio del Tour de Francia con UAE Team Emirates.
En las primeras etapas todo ha ocurrido exactamente como quería el equipo. Cuando había una llegada favorable para Pogačar, la carrera se desarrolló según sus intereses. Cuando decidieron que podía ganar Del Toro, ganó Del Toro. Cuando consideraron que no les interesaba conservar el maillot amarillo, simplemente dejaron marchar la escapada y cedieron el liderato.
Isaac Del Toro and Tadej Pogacar stage 2 Tour de France 2026
Tadej Pogacar es el mejor ciclista del mundo
En apenas tres etapas en línea, la carrera ha dado la sensación de desarrollarse exactamente como quería UAE.
Eso me lleva a recordar una etapa de la pasada Vuelta a Suiza.
Pogačar arrancó prácticamente sin buscarlo tras un sprint bonificado. Abrió un pequeño hueco, comprobó que nadie reaccionaba y terminó marchándose en solitario hasta meta para ganar con una enorme ventaja.
De aquella etapa pueden extraerse tres lecturas.
La primera es la más habitual: Pogačar vuelve a hacer historia y demuestra una vez más que está por encima del resto.
La segunda consiste en criticar al pelotón por su falta de reacción, por dejar marchar al mejor corredor del mundo sin organizar una persecución eficaz.
Pero creo que existe una tercera reflexión que une a las dos anteriores.
Cuando un corredor alcanza semejante superioridad, el resto de rivales también corre con inteligencia.
En el deporte profesional no solo existe la victoria. Existen los podios, los puestos de honor, los premios económicos, los puntos UCI y las clasificaciones generales. Si sabes que tienes muy pocas posibilidades de derrotar al mejor corredor del mundo, quizá no tenga sentido hipotecar toda tu carrera intentando perseguirle para terminar perdiendo igualmente.
Es una decisión lógica.
Y precisamente esa lógica reduce, en determinadas circunstancias, el espectáculo.
Por eso entiendo perfectamente a quien dice que Tadej Pogačar aburre.
No porque haga algo mal.
Sino porque, en muchas carreras, el desenlace parece escrito antes de que empiece la competición.
Sabemos que probablemente va a ganar. Sabemos, además, que muchas veces lo hará atacando de lejos. En algunas pruebas incluso conocemos el lugar aproximado donde lanzará el ataque. En Strade Bianche parece inevitable. En Flandes sucede algo parecido. En el Tour depende del recorrido, pero también suele intuirse el momento decisivo.
Y cuando conoces el guion de antemano, la emoción desaparece.
Ahora bien, también entiendo exactamente la postura contraria.
Quien disfruta contemplando la grandeza probablemente esté viviendo una época irrepetible. Estamos viendo a un corredor hacer historia carrera tras carrera. Eso también tiene un enorme valor deportivo.
Tadej Pogacar in yellow
Tadej Pogacar, estrella de UAE
Por eso creo que este debate no tiene una respuesta absoluta.
No existe una verdad universal.
Simplemente depende de qué busque cada aficionado cuando enciende la televisión.
Si busca emoción, es lógico que determinadas carreras le resulten menos atractivas cuando el ganador parece decidido desde el principio.
Si busca contemplar a uno de los mejores deportistas de todos los tiempos, probablemente esté disfrutando de una edad dorada del ciclismo.
Quizá el Tourmalet marque un punto de inflexión en este Tour de Francia. Si Pogačar demuestra una superioridad aplastante y abre diferencias importantes con Vingegaard desde la primera gran etapa de montaña, muchos aficionados perderán parte de esa incertidumbre que convierte el deporte en un espectáculo imprevisible.
Pero también puede ocurrir lo contrario. Que Vingegaard resista, que la diferencia sea mínima o incluso que consiga derrotar al esloveno. Si eso sucede, el Tour recuperará esa emoción que tantos aficionados buscan.

¿Hace Pogacar el ciclismo aburrido?

Al final, esa es la verdadera conclusión.
No hay necesidad de convertir este debate en una guerra entre quienes admiran a Pogačar y quienes dicen aburrirse con su dominio.
Ambas posturas son perfectamente compatibles.
Quien disfruta de la grandeza tiene motivos de sobra para hacerlo.
Y quien necesita incertidumbre para emocionarse también tiene derecho a sentir que determinadas carreras han perdido parte de su atractivo.
Son, simplemente, dos maneras distintas de vivir el deporte.
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