La fuerza bruta le basta a
Tadej Pogacar para dominar casi cualquier carrera del calendario. Pero, según
Vincenzo Nibali,
Milán-San Remo obedece a otras reglas. Y si el campeón del mundo quiere por fin añadir La Classicissima a su palmarés, confiar solo en la potencia puede no bastar, sobre todo frente al oficio de
Mathieu van der Poel.
En conversación con Bici.Pro, Nibali trazó un contraste nítido entre el dominio físico de Pogacar y la capacidad de Van der Poel para ganar con timing, colocación y templanza táctica. “Cualquier carrera que gana, la gana por fuerza, no tácticamente”, dijo Nibali sobre Pogacar. “Ataca porque es más fuerte. ¿Y quién gana con astucia y táctica? Van der Poel.”
Por qué la velocidad moderna lo ha cambiado todo
El análisis de Nibali parte de la evolución del pelotón. A su juicio, el contexto actual hace mucho más difícil sostener ataques que hace solo una década. “El pelotón está ahora a un nivel altísimo, y luego están los que están fuera de escala”, explicó. “Antes se corría a una media de 42 kilómetros por hora, hoy es 47.”
Ese salto, subrayó Nibali, no se limita al entrenamiento. “Cinco kilómetros de diferencia que no están solo ligados a la preparación, sino también al paquete de competición. La bici, el manillar, el sillín, la tija, las ruedas, las zapatillas, los calcetines, el culotte. Todo es más eficiente.”
La consecuencia es un pelotón que ya no concede margen para jugar. “Para atacar cuando la media es 45, tienes que ir a 50 kilómetros por hora”, dijo Nibali. “El listón sube y debes sostener esa velocidad más tiempo, porque el grupo no te deja irte. Por eso hoy es más difícil meterse en la fuga y muchos desisten.”
Tadej Pogacar, estrella de UAE Team Emirates en la Milán-San Remo
La fuerza de Pogacar y el peaje que exige
En ese contexto, Nibali ve a Pogacar como una excepción, capaz de imponer su ley. Pero incluso esa capacidad tiene límites. “La excepción es Pogacar, con una explosividad notable, que luego se asienta en su ritmo y pone a todos en el rojo”, afirmó. “Y cuando estás en el rojo, tardas mucho en recuperarte.”
Ese esfuerzo, avisó Nibali, deja huella. “Antes de eliminar el ácido láctico, las piernas entran en crisis, y puedes tardar incluso una semana en recuperarte bien. Cuando corres contra Tadej, ese es el gran problema.”
Precisamente porque Pogacar gana tan a menudo por pura fuerza, Nibali cree que Milano-Sanremo plantea un reto distinto. “Quizá su límite, si puede llamarse límite, es pensar que puede gestionarlo todo con fuerza”, señaló. “Mira Milano-Sanremo: intenta soltar a todos en la subida, sin contemplar la posibilidad de ganarla como yo, en el descenso.”
El momento del Poggio que decidió Milano-Sanremo 2025
Nibali fue tajante al repasar el mano a mano entre Pogacar y Van der Poel en el Poggio. “Cuando atacó Pogacar y Van der Poel lo mantuvo a la vista, dije al instante que si Tadej no se cuidaba, el otro le iba a contraatacar y lo dejaría allí”, recordó. “Un segundo después pasó exactamente eso, y casi lo soltó de verdad.”
Lo que vino después, a juicio de Nibali, marcó el punto de inflexión de Milano-Sanremo. “Arriba se miraron, pero Tadej entendió que el otro aún tenía para dejarlo, y casi lo paga. En mi opinión, perdió Milano-Sanremo en ese momento exacto.”
La ventaja de Van der Poel no terminó en la subida. “La otra obra maestra llegó en el sprint”, añadió Nibali, “gestionado como alguien que sabe exactamente manejar esas situaciones.”
Por qué la táctica sigue pesando en Milano-Sanremo
Pese a su distancia, Nibali sostiene que Milano-Sanremo premia a quien lee la carrera más que a quien la aplasta. “En Milano-Sanremo, el velocista siempre es más fuerte”, dijo. “Aunque sean 300 kilómetros, no hay tanta diferencia.”
Solo con condiciones muy distintas cambia de verdad el equilibrio. “Es diferente si has hecho 270 kilómetros con 5.000 metros de desnivel, porque entonces los valores se igualan y puedes ganar al sprint.”
En cuanto a Pogacar, Nibali no duda de que el campeón del mundo insistirá. “Tiene trazado el plan de lo que quiere intentar ganar”, afirmó. “Correrá a su manera otra vez, intentando soltar a todos.”
Pero la advertencia de Nibali es clara. En Milano-Sanremo, donde el timing, el temple y la claridad táctica pueden pesar más que los vatios, Pogacar quizá necesite algo más que fuerza para conquistar por fin el Monumento que aún se le resiste.