Pelayo Sánchez está listo para volver a colgarse un dorsal tras una larga y tortuosa travesía por el desierto que lo alejó de la competición durante demasiados meses. El ciclista de
Movistar Team no compite oficialmente desde mediados del mes de septiembre de la pasada campaña, arrastrando una serie de infortunios físicos que mermaron su rendimiento a comienzos del 2025.
El calvario comenzó sigilosamente durante la Strade Bianche, donde
un aparente resfriado derivó en un grave brote de herpes zóster, provocado por una drástica bajada de las defensas.
"Lo que nos toca es escuchar al cuerpo y respetar plazos, que aunque parezca mentira en la élite a veces es precisamente de lo que pecamos, de no respetar esos espacios que nos pide el cuerpo",
el ovetense reflexiona para Marca sobre cómo precipitó su primer intento de regreso, que desembocó en una recaída previa a los campeonatos españoles.
Las desgracias no terminaron ahí para el escalador, ya que, superada la infección viral, comenzó a sufrir un dolor insidioso en la rodilla que le impedía incluso caminar con normalidad. Tras numerosas pruebas que descartaron lesiones de gravedad, una artroscopia reveló que una placa sinovial adherida irritaba la articulación, obligándole a pasar por el quirófano a finales de temporada para solucionar el problema y extirpar un quiste meniscal.
Lejos de venirse abajo, a sus 26 años confiesa que supo encontrar el lado positivo a esta sucesión de infortunios, considerando esta pausa obligada como un descanso necesario tanto a nivel físico como mental. "A mí me gusta ver el vaso medio lleno. No hay mal que por bien no venga y lo que sucede conviene", afirma con soprendente madurez.
Durante este extenso periodo de recuperación, el asturiano optó por alejarse del ruido mediático y la constante presión externa, cerrando sus perfiles en plataformas digitales para centrarse en su entorno más cercano, la naturaleza y la lectura profusa de filosofía, psicología y economía.
Adiós a las redes sociales
"Ese año me borré de las redes: hice un ayuno de dopamina y empecé a vivir más tranquilo", confiesa el ciclista, quien ahora valora enormemente la vuelta a su exigente rutina diaria de entrenamientos, nutrición y descanso. Con las molestias completamente olvidadas y una sólida base de preparación, su anhelado regreso se producirá en su tierra natal, durante la inminente
Vuelta a Asturias, un escenario ideal para retomar el pulso a la competición profesional.
"Después de pasar estas diez plagas, como las de Egipto, creo que sí puedo ser optimista", asegura con ilusión, aunque mantiene la prudencia al ser cuestionado sobre posibles victorias inmediatas, recordando que "no fue una lesión al uso, fue una concatenación de problemas que te deja un año raro".
Pelayo Sánchez, entrevistado por Pablo Ordorica en el #SinCadena de Movistar Team
Ya inmerso de nuevo en la rutina de entrenamientos con Movistar Team, Pelayo Sánchez observa con profunda admiración y cierta cautela el actual panorama del pelotón internacional, un escenario dominado por jóvenes prodigios capaces de romper la carrera a decenas de kilómetros para la línea de meta.
"Como aficionado, este ciclismo es una bendición; como rival, una tortura", bromea el asturiano al analizar la voraz ambición y asombrosa madurez de las nuevas generaciones que no dudan en atacar sin piedad y exprimir cada segundo.
No obstante, el joven ciclista confía plenamente en el potencial de su propia escuadra para hacer frente a estos grandes colosos, defendiendo especialmente la figura de líderes consagrados como el balear Enric Mas y valorando las incorporaciones de talento emergente como el belga Cian Uijtdebroeks.
Enric Mas es siempre favorito
"¿Qué le voy a decir yo a alguien que tiene cinco podios en La Vuelta? Es que eso es súper difícil", sentencia de forma tajante para poner en justo valor el brillante palmarés de su jefe de filas, al tiempo que recalca que "Enric, con cinco podios en La Vuelta, tiene que ser siempre candidato a ese cajón final".
Con la mirada puesta en el calendario de competición 2026, el asturiano diseñó un itinerario progresivo basado en la filosofía del "partido a partido", con la clara intención de
sumar kilómetros de calidad en el inminente mes de mayo en diversas rondas francesas y afrontar posteriormente el exigente Tour de Suiza en el mes de junio, una de sus competiciones predilectas junto al
Giro de Italia.
Aunque el gran objetivo a largo plazo sigue siendo tomar la salida en la gran vuelta de casa a finales de verano, aunque es plenamente consciente de la inmensa exigencia física que supone una ronda de tres semanas tras un periodo tan dilatado de inactividad oficial.
"Una de las cosas que más se agradece ahora, al volver a estar bien y entrenando, es regresar a esa normalidad que me habían robado", subraya el gran escalador, inmensamente feliz de poder compartir de nuevo concentraciones, estrategias y vivencias diarias con sus directores y compañeros de equipo. Tras dejar atrás las dudas y los oscuros momentos en los que llegó a sufrir por el rumbo de su carrera, el ciclista tiene claro que su meta principal para la presente campaña no se mide únicamente en triunfos de etapa ni en puestos destacados de la clasificación general.
"Suena a tópico, pero volviendo a disfrutar. El titular que me gustaría sería: Pelayo vuelve a disfrutar. Ya está. Con eso daría la temporada por un éxito", concluye con humildad, deseoso por recuperar sensaciones sobre la bicicleta y sentirse plenamente ciclista una vez superadas las adversidades más duras de su trayectoria.