Durante años, la Paris-Roubaix solo le trajo desconsuelo y frustración a
Wout van Aert. Pese a ser uno de los corredores más fuertes del pelotón profesional, el Monumento mayor siempre se le escapaba por mala suerte o mal momento. Pero este domingo, el astro belga por fin desterró sus demonios del adoquín, batiendo al esprint a
Tadej Pogacar en el velódromo. El triunfo cambia por completo el relato de la primavera de Van Aert, le da un Monumento de enorme peso y demuestra que la perseverancia, al final, tiene recompensa.
La desconexión que pudo costar un Monumento
Cuando Wout van Aert volaba hacia el célebre velódromo para jugarse el esprint con Tadej Pogacar, no todos en Visma | Lease a Bike pudieron seguir la acción en directo.
Mathieu Heijboer, pieza clave del equipo de rendimiento y preparación, vivió un final de carrera muy tenso.
En declaraciones a
Wieler Revue una vez asentado el polvo,
Heijboer explicó la intensidad de la última hora. Estaba apostado junto a un sector de pavé, lejos de meta, tratando de atender cualquier necesidad de su corredor.
“Fue muy estresante, claro, en la fase final”, relató sobre ese desenlace caótico. “Estaba en un sector a cuarenta kilómetros de la llegada. Antes de poder salir de allí ya han pasado veinte minutos. La señal de televisión también se cayó… Por suerte, tenemos chats de grupo para mantenernos informados.”
Sin vídeo, el técnico tuvo que esperar a los mensajes para saber si años de trabajo por fin daban fruto. Al final supo que su líder había ganado el esprint en la pista gracias a un aviso tan simple como inequívoco.
“Intentábamos verlo y llegué a ver el esprint, pero con retraso”, contó entre risas. “Al final lo leí en un mensaje que llevaba un largo ‘síííííí’. Pero bueno, cuanto antes lo supiera, mejor, jaja.”
Superar las lesiones del invierno para firmar el esprint perfecto
Batir a un corredor como Pogacar en un esprint directo tras 258 kilómetros es un logro mayúsculo. Más aún teniendo en cuenta el invierno complicado de Van Aert. El cuerpo técnico reveló que el belga arrastró una lesión de tobillo en la pretemporada. Aunque no afectó a su base de forma, sí trastocó por completo una parte clave de su preparación.
“Tuvimos un contratiempo el invierno pasado por ese tobillo”, explicó Heijboer. “No tanto en cuanto a condición, sino en sprint y trabajo de fuerza. Pero sí, en los entrenamientos iba cada vez mejor. Sin embargo, todavía no había hecho un esprint en carrera. Así que fue por sensaciones. En carrera sintió que se atrevía. Lo jugó a la perfección.”
Van Aert "only" punctured once today
Fidelidad a un plan estructurado
Antes de llegar a la pista, tocaba sobrevivir a los sectores de pavé más temidos del recorrido. Muchos aficionados esperaban un ataque en solitario de Van Aert en el brutal Carrefour de l’Arbre. Incluso Heijboer admitió que aguardaba un movimiento decisivo allí.
“Sinceramente, pensé: ¿por qué no se va?”, reconoció el técnico. “Tenía la sensación de que era más fuerte, pero Wout es alguien que siempre lleva un plan estructurado en la cabeza. Por suerte, salió bien.”
En lugar de gastar energías en una aventura arriesgada, Van Aert mantuvo la calma, confió en su esprint y dejó que la carrera fluyera a su antojo. “Vi enseguida que estaba bien”, señaló Heijboer. “En el momento en que entró atento al primer sector y rodó siempre delante, supe que era el Wout realmente bueno. Ya lo habíamos visto en los entrenamientos, claro. Estábamos convencidos de que este es, sencillamente, el mejor Wout que podíamos ver.”
“Sin duda nos quitamos un peso de encima”, concluyó Heijboer con evidente alivio. “Ha sido un camino enorme para ganar esta. Y sí, era la que más queríamos con Wout. Que todo se junte en este día es, simplemente, fantástico.”
Van Aert superó al esprint a Pogacar para ganar su primera París-Roubaix