La rivalidad entre
Tadej Pogacar y
Mathieu van der Poel en el
ciclismo de carretera se ha intensificado en los últimos años. Con el deseo del esloveno de ganar la París-Roubaix, desde 2025 las dos estrellas se disputan más monumentos. Eso, a la larga, puede provocar que el neerlandés deje de lado del todo el ciclocross, disciplina donde es el mejor de la historia.
El futuro de
Mathieu van der Poel en el ciclocross ya no se debate solo en términos de trofeos o dominio. Ahora se enmarca en algo mayor: cuánto la ruta, y en especial el desafío de
Tadej Pogacar, empieza a redefinir sus decisiones.
La idea de que
Van der Poel pueda algún día apartarse de un invierno completo de ciclocross ya no es marginal. Se habla de ello abiertamente dentro del deporte, incluido el veterano analista Jose De Cauwer, que abordó el tema mientras trabajaba en la
Copa del Mundo de Benidorm para PlaySports.
Preguntado si una temporada sin ciclocross podría ser realista, su respuesta fue simple: “Creo que llegará un invierno sin ciclocross, sí”. No es un anuncio de retirada. Pero sí una señal clara de que, incluso para un corredor tan ligado al ciclocross como Van der Poel, el equilibrio entre disciplinas está cambiando.
Tadej Pogacar y Mathieu van der Poel tienen una rivalidad asentada en los monumentos.
Por qué Pogacar cambia la conversación
El motor de ese cambio no es el aburrimiento ni la falta de motivación. Para De Cauwer, es la creciente dificultad de ganar las grandes clásicas primaverales en una era dominada por Pogacar.
Apuntó directamente al
Tour de Flandes como referencia, y dijo: “La batalla con Pogacar en el Tour de Flandes es muy difícil. Espero que Mathieu, como Van Aert y muchos otros, busque y se pregunte: ¿hay algo más, hay quizá algo que todavía pueda mejorar?”.
Esa idea explica por qué el ciclocross entra en la discusión. Si Van der Poel quiere seguir batiendo a corredores como Pogacar en carreras como Flandes, debe exprimir cada margen posible. No se trata solo de entrenar más. Implica cuestionar si competir un invierno completo en el barro sigue siendo la mejor preparación para la ruta.
El ciclocross aporta agudeza, explosividad e instinto competitivo. Pero también conlleva intensidad máxima constante, viajes y exigencias de recuperación que reducen la preparación específica para la carretera a largo plazo. Si el objetivo es batir a Pogacar en las clásicas más duras, entonces el calendario se convierte en una elección táctica.
No retirada, sino una pausa
De Cauwer evitó plantearlo como el fin de Van der Poel en el ciclocross. Dejó claro que no habla de una despedida inmediata. “Llegará un invierno sin ciclocross”, dijo, pero también recalcó que no lo ve como un adiós inminente a la disciplina.
Incluso precisó qué le gustaría ver: “Espero verlo en el pelotón hasta Hoogerheide. Me refiero al campeonato del mundo de ciclocross en Hoogerheide en 2028”.
No se trata de dar la espalda, sino de elegir. Un invierno saltado. Un programa reducido. Una temporada construida más en torno a la ruta que a lo que sucede entre las cintas.
La decisión real pertenece a Van der Poel
Ningún analista, rival o comentarista puede decidir por él. Como reconoció el propio De Cauwer, solo Van der Poel puede determinar cuánto ciclocross encaja en el futuro que quiere.
Lo que afila el debate es lo que ocurre a su alrededor en la carretera. Pogacar ya no es un corredor que selecciona clásicas puntuales. Se compromete cada vez más con ellas, alineándose de nuevo en el Tour de Flandes y París-Roubaix, y convirtiendo la primavera en un duelo directo entre las mayores figuras del pelotón.
Eso eleva las apuestas. Para Van der Poel, el ciclocross no es solo pasión. Ahora es una pieza de un puzle estratégico. Cuánto puede permitirse si su mayor ambición es seguir ganando las carreras donde Pogacar es ya un actor central.
Un invierno sin ciclocross, si llega, no será darle la espalda a la disciplina que lo formó. Será decidir hasta dónde está dispuesto a llegar para mantenerse en la cima cuando la lucha en la carretera es cada vez más dura.