En el pelotón moderno, pocos ciclistas proyectan una aura de inevitabilidad como
Tadej Pogacar. Sus aceleraciones se miden, su dominio suele explicarse con números, y su sola presencia puede someter una carrera. Pero a las puertas de las Clásicas de Primavera,
Mathieu van der Poel recuerda que las pruebas más caóticas del calendario no se ganan solo a base de vatios.
“También puedes ganar siendo más listo o haciendo lo correcto en el momento adecuado”,
dijo Van der Poel en el podcast de Whoop, esbozando una filosofía forjada no en los archivos de entreno, sino en los puntos de presión del ciclismo de un día.
Donde los números dejan de importar
La explicación de Van der Poel sobre las Clásicas de Primavera no empieza con la potencia, sino con el pánico. Carreteras que se estrechan. Embudos. Momentos en los que la carrera explota no porque alguien ataque, sino porque el espacio desaparece.
“La colocación es súper importante”, dijo. “Tenemos puntos clave. Pasamos de carreteras anchas a una cota estrecha, y tienes que estar entre los veinte primeros. Porque si hay un movimiento y vas demasiado atrás, es imposible. Incluso con los mejores números, es imposible estar en el grupo delantero.”
Es una realidad que Pogacar conoce como pocos.
Sus duelos recientes en Milano-Sanremo, el Tour des Flandres y
París-Roubaix demuestran cuántas veces sus carreras se deciden antes de que llegue el ataque decisivo. Ser fuerte es esencial. Estar presente es innegociable. “Necesitas los números”, admitió Van der Poel. “Pero también puedes ganar siendo más listo.”
Van der Poel pudo correr en Quick-Step
Por qué las Clásicas son diferentes
Van der Poel traza una línea clara entre la lógica de las vueltas por etapas y el caos de un día en las Clásicas.
“En las subidas, los vatios hablan por sí solos. La mayoría de las veces gana el más fuerte”, dijo, aludiendo al Tour de France y carreras similares. En contraste, las Clásicas de Primavera comprimen las decisiones en segundos, no en minutos.
“En las clásicas hay muchas situaciones distintas de carrera, mucha táctica. Eso es lo que las hace emocionantes.”
También es lo que ha definido su rivalidad con Pogacar. Cuando el esloveno aplica presión sostenida, la ventaja de Van der Poel suele estar en resistir el temporal y explotar lo que viene después. El timing, la colocación y el instinto pesan tanto como cualquier umbral de potencia.
La experiencia como arma
Esa ventaja táctica no es casual. Van der Poel atribuye a la experiencia y a la estructura de equipo la única manera de sobrevivir a la lucha constante por la posición que define las Clásicas.
“Somos 180 tíos y todos saben dónde hay que estar”, dijo. “Así que siempre hay una gran batalla por ir delante. Necesitas un buen equipo, buenos compañeros y experiencia para saber cómo colocarte.”
Es una clave para entender por qué tantas Clásicas recientes han acabado en duelos entre él y Pogacar. Ambos llegan no solo fuertes, sino preparados. Ambos saben dónde se ganan las carreras mucho antes de ver la línea de meta.
Una rivalidad moldeada por algo más que la potencia
Con otra primavera en marcha, el relato volverá a centrarse en si alguien puede igualar el motor de Pogacar. La respuesta de Van der Poel no es negarlo, sino replantear el duelo.
Las Clásicas de Primavera, sugiere, no son un laboratorio. Son un campo de batalla. Los números cuentan, pero solo si estás en la refriega cuando empieza.
Y en esos momentos, ser el más fuerte sobre el papel no garantiza ganar en absoluto.