Durante años,
París-Roubaix solo le trajo desconsuelo y frustración a
Wout van Aert. Pese a ser uno de los corredores más fuertes del pelotón profesional, el mayor premio de las clásicas de un día se le escapaba por mala suerte o mal momento. Pero este domingo, la estrella belga por fin ahuyentó sus demonios del adoquín, batiendo al esprint a
Tadej Pogacar en el velódromo. El triunfo cambia por completo el relato de la primavera de Van Aert, le entrega un Monumento mayúsculo y demuestra que la perseverancia termina dando frutos.
Pinchazos y mala fortuna para los grandes rivales
Mientras Van Aert llegó con las piernas perfectas al final, sus principales rivales encadenaron una cantidad enorme de infortunios a lo largo de la tarde. Pogacar firmó una carrera sensacional, pero tuvo que sobreponerse a tres pinchazos distintos. En cada ocasión, se vio obligado a gastar muchísima energía para regresar al grupo delantero. Peleó hasta el esprint final, pero esos esfuerzos extra lastraron claramente sus opciones de victoria.
El vigente campeón,
Mathieu van der Poel, también sufrió un día muy duro, cargado de problemas mecánicos y mala suerte. La estrella neerlandesa luchó con todo para mantenerse en la pelea, pero solo pudo cerrar un cuarto puesto al entrar al velódromo.
El triunfo no fue solo de Van Aert, sino también un enorme éxito colectivo para todo el Visma | Lease a Bike. El francés
Christophe Laporte fue el gregario clave de su líder, con tal solidez que incluso remató en quinta posición.
Durante la carrera, el propio Van Aert pinchó en un sector adoquinado muy delicado. Otros años, ese contratiempo habría arruinado su carrera. No esta vez: Laporte tomó la cabeza del grupo delantero y levantó el ritmo a propósito. Esa maniobra le dio a Van Aert el tiempo precioso para arreglar el problema y volver a la punta antes del auténtico desenlace.
Pogacar y Van Aert casi se caen aquí
Un momento de orgullo para Laporte
Tras cruzar la meta, Laporte se mostró inmensamente feliz por su compañero. Explicó cómo el equipo supo capear las situaciones complicadas en la ruta y mantener la calma bajo máxima presión.
“Hoy tuvimos más éxito que los demás, incluso si Wout pinchó en un sector adoquinado”, explicó Laporte a
la prensa. “Fue un momento algo complicado, pero yo estaba delante para frenar un poco al grupo, y eso le ayudó a regresar”.
Laporte, corriendo en su Francia natal, sintió una conexión especial y emotiva con este triunfo mayúsculo. Lleva años trabajando para Van Aert y ver que el plan funcionó a la perfección le colmó de alegría.
“Creo que Wout estuvo muy fuerte hoy y se lo merece mil veces”, continuó el francés. “Para mí, como francés, es especial ver a mi líder ganar París-Roubaix aquí, en Francia. Es mágico, es una cima en una carrera. Estoy realmente orgulloso de formar parte de este equipo y de haber podido ayudar, por fin, a Wout a ganar esta París-Roubaix. Me hace muy orgulloso y estoy muy feliz”.