La victoria de
Tadej Pogacar en el
Tour de Flandes 2026 no fue solo otro Monumento añadido a su palmarés, sino otro paso hacia una temporada potencialmente sin precedentes. Recién salido de su
primer triunfo en la Milán-San Remo, el esloveno suma ya
dos de dos en monumentos este año, manteniendo vivo el objetivo de un pleno en las cinco grandes clásicas de un día.
En Oudenaarde, sin embargo, nada fue sencillo. La carrera se desarrolló como una batalla larga e imprevisible antes de explotar en las cotas decisivas, donde Pogacar volvió a mostrarse inalcanzable.
“Hoy fue una carrera realmente loca”, dijo Pogacar tras la meta. “Fue súper dura desde… no sé qué kilómetro, y fue una carrera de esperar”.
Esa mezcla de control y paciencia definió su actuación. Mientras la prueba se rompía en los adoquines y las colinas flamencas, Pogacar se mantuvo sereno, aguardando el instante para convertir la presión en selección.
Cuando se formó el grupo decisivo con
Mathieu van der Poel y
Remco Evenepoel, la colaboración fue breve pero relevante. “Fue un esfuerzo al poner vatios cuando se hizo el grupo, pero me alegró que, de algún modo, colaboráramos”, explicó.
La amenaza de Evenepoel marcó la carrera
La presencia de Evenepoel en cabeza no era algo que Pogacar estuviera dispuesto a tolerar mucho tiempo. “Seguro que no quería a Remco de vuelta en el grupo porque sé lo fuerte que es como fondista”, dijo Pogacar. “Siempre puede remontar al final”.
Esa lucidez condicionó la siguiente fase. En lugar de esperar a un esprint o permitir que el grupo se estabilizara, Pogacar apostó por abrir hueco sin reservas. “De verdad intenté hacer una diferencia”.
El movimiento resultó definitivo. En la última subida al
Oude Kwaremont, la aceleración de Pogacar destrozó la carrera, soltó primero a Evenepoel y después a Van der Poel, antes de marcharse en solitario rumbo a Oudenaarde.
Presión, perfección y una leyenda en aumento
Pese a su dominio, Pogacar fue claro sobre las expectativas que conlleva un programa de competición limitado pero selectivo. “No corro demasiado, así que cuando corro hay presión por ganar”, admitió.
En lo que va de 2026, esa presión solo se ha traducido en resultados. Dos Monumentos disputados, dos victorias y la sensación creciente de que algo histórico puede estar al alcance. “Hasta ahora, todo me ha salido perfecto y no puedo estar más contento”.
Con París-Roubaix como siguiente cita, la campaña de Pogacar se traslada ahora a un terreno muy distinto, pero la ambición no cambia. “La próxima semana en Roubaix estaré motivado, pero intentaré disfrutar de los adoquines”.
Por ahora, Flandes vuelve a pertenecer a Pogacar, y el sueño del pleno en los Monumentos sigue muy vivo.