El
Tour de Flandes 2026
volvió a coronar a un gigante,
Tadej Pogacar, en una edición salvaje, abierta desde lejos y marcada por los ataques implacables. Tras él, Mathieu van der Poel y Remco Evenepoel completaron el podio. Y, una vez más, el gran damnificado del tridente fue
Wout van Aert, cuarto en meta, competitivo pero sin premio.
Lejos de esconderse, el belga analizó con crudeza y claridad una carrera que se rompió mucho antes de lo esperado.
El momento clave llegó con el primer gran movimiento de Pogacar, a 57 kilómetros de la llegada. Ahí se definió todo. Van Aert
lo explicó sin rodeos en Cycling Pro Net: “Voy a hacerlo una vez más, para que lo veáis. Creo que no había motivo para que tiráramos, así que podíamos quedarnos atrás. Llegué al segundo cuarto de mes tal y como quería.”
Ese ataque no solo seleccionó la carrera: dejó fuera de combate a quienes no pudieron seguir el ritmo del esloveno. Entre ellos, el propio Van Aert, que se vio obligado a reorganizarse en un grupo perseguidor sin garantías reales. “Tal y como predije, fue solo cuestión de piernas.”
La alianza con Pedersen
En ese segundo grupo, el belga encontró un aliado en Mads Pedersen. Juntos intentaron sostener una persecución que dependía tanto de sus fuerzas como de la falta de entendimiento delante.
“Estaba junto a Mads. Sabía que solo remontaríamos si se miraban entre ellos en cabeza.”
La lectura táctica era clara: solo un parón entre Pogacar, Van der Poel y Evenepoel habría abierto una puerta. Pero ese momento nunca llegó.
“Pero aun así, hay que creer en ello. Tengo que dar las gracias a Mads por una carrera increíble. Trabajamos bien juntos.”
Un final caótico y sin premio
Sin cooperación delante y con fuerzas al límite, la carrera se descompuso en un esfuerzo individual hasta la meta. Una persecución sin esperanza que, aun así, exigió el máximo.
“No estaba destinado que remontáramos, pero hicimos lo que pudimos. Creo que ha sido un final de locos, cada uno por su cuenta hasta la meta.”
El cuarto puesto deja un sabor agridulce para un corredor acostumbrado a pelear por la victoria en cada monumento. Sin embargo, Van Aert encuentra consuelo en su rendimiento.
“Al menos estoy contento con mi actuación.”
Ambición intacta pese a la frustración
La autocrítica final refleja el carácter competitivo del belga, siempre exigente consigo mismo:
“Quizá esperaba un poco más, pero esto era todo lo que se podía hacer hoy.”
En una era dominada por talentos extraordinarios como Pogacar y Van der Poel, Van Aert sigue rozando la gloria en las grandes clásicas. En Flandes 2026 volvió a demostrar que está entre los más fuertes, aunque el ciclismo —caprichoso y cruel— vuelva a negarle el escalón más alto.
Wout van Aert, estrella de Visma - Lease a Bike.