"No es una situación a la que esté realmente acostumbrado": Surgen dudas sobre la inexperiencia de Tadej Pogacar en París-Roubaix

Ciclismo
por Javier Rampe
martes, 14 abril 2026 en 21:30
Wout Van Aert y Tadej Pogacar en la París-Roubaix 2026
Tadej Pogacar salió de París-Roubaix 2026 con un nuevo segundo puesto, otra señal de que puede ganar el Infierno del Norte algún día pero el debate sobre los motivos de su derrota sigue abierto.
El esloveno estuvo a un excelso nivel como para pelear por el triunfo otra temporada. Eso no da lugar a ninguna duda. Pero en posteriores análisis, parte del relato se apartó de sus piernas para centrarse en otros detalles, en concreto si la falta de experiencia sobre el terreno específico de Roubaix decantó la balanza en los momentos clave hacia Wout van Aert.
Esa fue la tesis en el podcast Live Slow, Ride Fast, donde Laurens ten Dam y Thomas Dekker diseccionaron tanto la conducción de Pogacar sobre los adoquines como la gestión del esprint en el velódromo.

Pequeños detalles, grandes consecuencias

La crítica no empezó con el esprint. Ten Dam señaló el Carrefour de l’Arbre, donde consideró que Pogacar ya mostraba señales de incomodidad en las curvas. “Trazó curvas muy extrañas. Pasaba con las bielas en horizontal, no llevaba abajo el pedal exterior”, dijo, antes de añadir el matiz revelador: “Lo dije, y una curva después se le fue la bici.”
Eso no significa que Pogacar hiciera una mala carrera. Ni mucho menos. Pero París-Roubaix magnifica los detalles técnicos más pequeños, especialmente al final, cuando la fatiga afila cada error.
Para un corredor aún relativamente nuevo en la prueba, eso importa. El Carrefour de l’Arbre no es un tramo cualquiera. Es uno de esos lugares donde el instinto, la repetición y la familiaridad absoluta pueden marcar la diferencia entre conservar la velocidad o perder el control de la situación.

La sensación de que Van Aert tenía la mano ganadora

La lectura de Ten Dam sobre el desenlace fue más allá de la técnica pura. “También parecía que Wout tenía la sartén por el mango a nivel mental en el final. En el esprint también”, afirmó, sugiriendo que Van Aert se mostró más dominador cuando la carrera se redujo al duelo definitivo.
Es un punto significativo, porque los últimos kilómetros no solo fueron una prueba de fuerza. Se convirtieron en un examen de calma, colocación y juicio bajo presión tras más de 250 kilómetros de caos.
Para Ten Dam, Pogacar permitió que ese equilibrio se inclinara del lado equivocado. “Si tu rival está abajo, tienes que mantenerlo ahí”, dijo. “Y Pogi deja que Wout lance primero. Podía haberlo hecho de otra manera.”
En otras palabras, el problema no fue simplemente que Van Aert esprintara más rápido. Fue que Pogacar quizá contribuyó a crear las condiciones para que Van Aert ganara.
Tadej Pogacar en la París-Roubaix 2026
Tadej Pogacar at the 2026 Paris-Roubaix

“Básicamente lleva a Van Aert hasta meta”

Dekker fue aún más directo al criticar el esprint en sí. “Al principio lo hizo bien, rodando arriba, pero al final simplemente no disputó el esprint como tocaba”, señaló.
La clave, a ojos de Dekker, fue que Pogacar no aprovechó del todo la ventaja posicional que había construido. “Debería haber aminorado, porque Van Aert estaba en el lado equivocado de su rueda”, explicó. “Wout estaba abajo, y por debajo no puedes pasar. Tenía que salir por fuera.”
En vez de rentabilizar esa desventaja, Pogacar permitió que el esprint se desarrollara de un modo favorable para Van Aert. “Al final, básicamente lleva a Van Aert hasta meta.”
Es una valoración dura, pero va al meollo del argumento. En un esprint en carretera al uso, el instinto de Pogacar suele bastar para improvisar una solución. En Roubaix, tras ese tipo de carrera, en un velódromo, contra un corredor como Van Aert, el instinto por sí solo puede no bastar.

Un escenario de carrera que no afronta a menudo

Ahí entra el factor experiencia. Dekker no sostuvo que a Pogacar le falte clase, ni que fuese claramente el más débil. Su punto fue más concreto e interesante. “De verdad que podría haber corrido el esprint de otra manera”, dijo. “Creo que Wout probablemente habría ganado igual, pero no intentó ponerlo nervioso.”
Luego llegó la frase que mejor resume cómo vieron el final. “El inicio fue bueno, pero esa última vuelta no lo fue. Con todo, no es una situación a la que esté realmente acostumbrado.”
Esa parece la forma más justa de encuadrarlo. Pogacar está habituado a decidir carreras con presión, ataques y aceleraciones repetidas. Está acostumbrado a forzar errores ajenos. Lo que ha vivido mucho menos es llegar al final de París-Roubaix con un especialista aún a su lado y tener que resolver en tiempo real un esprint táctico de velódromo. No es debilidad. Es especificidad.

No una limitación, sino una lección

Tras cada derrota de Pogacar hay una tentación de preguntarse si alguien le ha encontrado la fórmula. París-Roubaix no respalda del todo esa conclusión. Volvió a ser segundo. Volvió a estar al nivel de los mejores de la carrera. Y lo hizo en apenas su segunda participación en uno de los Monumentos más específicos del ciclismo.
Este análisis no señala un defecto fatal, sino la última capa de maestría que exige Roubaix. Técnica en las curvas. Autoridad en la colocación. Control en el esprint. Detalles minúsculos, pero en esta carrera, a menudo, los detalles minúsculos lo son todo.
Pogacar no perdió la París-Roubaix 2026 por falta de fuerza. Si Ten Dam y Dekker aciertan, la perdió porque, en los momentos decisivos, aún estaba aprendiendo cómo ganarla.
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