El corredor francés del conjunto Ineos cuajó una gran actuación para llevarse la victoria en la tercera etapa de la
Itzulia, una jornada que estuvo marcada por la enorme exigencia física y las averías mecánicas que a punto estuvieron de frenar todas sus opciones.
«Creo que
por el momento es mi mejor victoria, es mi segundo triunfo en el World Tour y fui a buscarla en las escapadas en una jornada muy difícil», comentó el ciclista
tras batir a Igor Arrieta (UAE Team Emirates) sobre la meta en Basauri, quien tuvo que lidiar con un problema en el cable del cambio trasero que le obligó a perseguir al grupo en los tensos compases iniciales e incluso a cambiar de bicicleta por pura precaución.
A pesar de verse cortado por los abanicos y de arrastrar las lógicas secuelas de una dura caída sufrida la víspera, supo mantener la frialdad apoyado en unas sensaciones inmejorables. «Realmente sentí que tenía las piernas muy grandes, así que no me enloquecí, me quedé tranquilo y logré subir bastante rápidamente», detalló sobre una remontada que cimentó marcando su propio ritmo en las ascensiones largas para no entrar en la zona roja, demostrando una madurez y gestión de carrera impropias de su juventud.
El desenlace del día puso de manifiesto el crecimiento exponencial de un corredor que ya no se conforma únicamente con esperar agazapado su oportunidad en las llegadas masivas, sino que es capaz de llegar desde las fugas, superar la media montaña y rematar con determinación ante escaladores puros gracias a una enorme tarea táctica de los suyos desde el coche.
En los metros finales, su punta de velocidad resultó letal frente a unos rivales que ya rodaban al límite absoluto de sus fuerzas tras el frenético descenso. «Cuando lanzó el sprint tuve un pequeño momento de miedo, pero él no podía ir más fuerte, después él realmente se estancó. Pensé que con todos los esfuerzos que había hecho y la caída de ayer no podía bajar los brazos ahora, y he dado todo», confesó el vencedor sobre el agónico desenlace en el que tiró más de cabeza que de piernas.
Esta evidente metamorfosis como ciclista responde a una planificación minuciosa y a un calendario estratégicamente menos cargado en el arranque del curso para llegar fresco a este bloque competitivo. «Me siento realmente bien, estoy avanzando año tras año y también me estoy mejorando en los esfuerzos más duros. Antes, aparte de hacer un sprint, no podía hacer mucho más, y ahora puedo escapar. Tengo confianza en el equipo y en el trabajo que he hecho, así que no tenía de qué preocuparme», concluyó el corredor, confirmando que su brillante victoria en tierras vascas es la consolidación definitiva de una estrella emergente.
Axel Laurance se hizo con el triunfo por delante de Igor Arrieta