La duodécima etapa del
Giro de Italia dejó un sabor agridulce en la escuadra Movistar, que asumió el protagonismo con una propuesta valiente.
El conjunto telefónico endureció el ritmo de manera implacable en el Colle Giovo, logrando descolgar a velocistas puros como Jonathan Milan o Paul Magnier. El objetivo estratégico era limpiar el grupo principal y preparar el terreno para las opciones de
Orluis Aular.
Sin embargo, la carrera se descontroló en el tramo final debido a la parálisis táctica del pelotón. En los kilómetros decisivos, escuadras como EF o NSN tuvieron que entrar a trabajar en la persecución, pero la reacción resultó tardía ante la astucia de
Alec Segaert.
El corredor de Bahrain aprovechó el desorden para lanzar un ataque incontestable a tres kilómetros de la meta en Novi Ligure, una emboscada perfecta que neutralizó por completo las ilusiones de todos los perseguidores.
El ciclista venezolano, que cruzó la línea de meta en sexta posición, analizó un desenlace donde se quedó con la miel en los labios. Aular elogió el despliegue de sus compañeros asegurando que "ha estado fenomenal el equipo, los chicos han trabajado bien durante la subida".
A pesar del control ejercido, la fatiga cambió el escenario previsto, un factor que detalló al explicar que "al final ha pasado mucha gente, todos íbamos al límite". La aceleración de Segaert rompió los esquemas, algo que reconoció al afirmar que "Segaert ha tenido la oportunidad de saltar a 3 km de meta». Afectado por la oportunidad perdida, el velocista no ocultó su desilusión: "estoy decepcionado, queríamos ganar, hemos trabajado para eso".
En su lectura de los momentos previos al sprint, apuntó que "al final han entrado EF y NSN para trabajar", aunque el esfuerzo no bastó para cazar al belga. Pese al golpe, concluyó con firmeza que "hay que seguir intentándolo".