Que
Jonas Vingegaard corra el Giro de Italia en 2026 no se vende dentro de Team
Visma - Lease a Bike como una desviación de su obsesión por el Tour de Francia. Se presenta como la vía más creíble para alterar el desenlace de una rivalidad estancada en los dos últimos veranos.
El Tour ha seguido siendo el punto fijo del equipo en todas las conversaciones sobre el programa de Vingegaard. Lo que ha cambiado es la disposición de Visma a aceptar que su fórmula anterior, aunque siempre competitiva, no ha bastado para batir al mejor
Tadej Pogacar. En lugar de defender un método que dio podios pero no el amarillo, el equipo introduce deliberadamente una variable.
Ese es el contexto detrás de la evaluación franca del director deportivo
Grischa Niermann sobre el estado de la rivalidad el pasado julio,
en declaraciones recogidas por IDL Pro Cycling. “El año pasado, sus entrevistas posteriores mostraron que estábamos bien encaminados para quebrar a Tadej”, dijo, aludiendo a el visible desgaste de Pogacar durante el Tour. El mensaje no es que en Visma crean que ya tenían la mano ganadora, sino que vieron lo suficiente como para justificar cambiar el camino en lugar de bajar las expectativas.
Por qué el Giro es parte de la solución, no del problema
De puertas afuera, el doblete Giro–Tour se enmarca como un riesgo que podría comprometer las ambiciones de Visma en julio. Internamente, la jerarquía no cambia. “Seguimos apuntando a ganar el Tour, la carrera más grande del mundo”, dijo Niermann. “Batir a Tadej en el Tour es lo máximo que podemos lograr”.
El Giro se utiliza como herramienta, no como objetivo alternativo. Niermann dejó claro que en Visma creen que Vingegaard aún puede alcanzar su pico más tarde en la temporada. “También creemos firmemente que puede estar mejor en el Tour que en el Giro”, afirmó, subrayando que la carrera italiana no está pensada como el objetivo final.
Esa confianza se apoya más en el historial de Vingegaard que en la teoría. El Visma remite una y otra vez a sus combinaciones Tour–Vuelta, donde el encadenado de grandes vueltas afinó, en lugar de embotar, su nivel. “No tenemos una garantía”, reconoció Niermann, “pero sí los datos de sus combinaciones Tour–Vuelta, y eso nos hace creer”.
La referencia a los datos importa. No es una reacción emocional a dos derrotas contra Pogacar, ni un intento de copiar lo que ha hecho el esloveno. Es el Visma aplicando el mismo enfoque basado en la evidencia que sustentó el ascenso de Vingegaard desde el principio.
Aceptar el riesgo porque quedarse quietos es peor
En Visma admiten abiertamente que repetir la misma preparación probablemente produciría el mismo resultado. Niermann fue explícito sobre esa realidad. “Íbamos bien, pero en última instancia no lo suficiente”, dijo. “Ahora el recorrido vuelve a ser distinto y tenemos que abordarlo de otra manera”.
Esa disposición a aceptar riesgo es reveladora en sí misma. El Visma no plantea el 2026 como un año de consolidación o de contención de daños. El doblete Giro–Tour existe precisamente porque todavía creen que el Tour se puede ganar, no porque hayan asumido la dominancia de Pogacar como inevitable.
Niermann evitó detallar cómo pretende el Visma convertir esa convicción en una ventaja decisiva. “Ya tenemos una idea, pero aún debemos afinarla”, dijo, sin ofrecer más detalles. Esa contención es significativa. El equipo no vende certezas. Vende intención.
La apuesta es real. También lo es la lógica que la sostiene. Y para el Visma, el mayor riesgo habría sido fingir que los dos últimos Tours no exigían una respuesta fundamentalmente distinta.
Grischa Niermann, director del Team Visma | Lease a Bike