La victoria de
Remco Evenepoel en la
Amstel Gold Race alegró a muchos aficionados, pero pocos se mostraron tan entusiasmados como la ex ciclista neerlandesa Roxane Knetemann. En el pódcast
In het Wiel, Knetemann admitió que apenas pudo contener la emoción al ver al belga imponerse en una de sus carreras favoritas del calendario.
“El ciclista más sexy del pelotón gana mi carrera soñada”, dijo. “¿Conoces esa canción, ‘No puedes borrar esa sonrisa de mi cara’? Algo así me siento”.
Para Knetemann, el día ya era especial mucho antes del ataque decisivo o de las celebraciones en meta. Participó en la presentación del evento, trabajando junto a Sander Kleikers para introducir a los equipos
antes de la salida en Maastricht.
“Por la mañana ya estaba siendo precioso”, explicó. “Estaba allí con una sonrisa de oreja a oreja. Ves la plaza del mercado de Maastricht llenarse cada vez más durante la presentación. Al final de la presentación femenina, la plaza estaba completamente llena. Fue bonito desde el inicio del día hasta el final”.
Aun así, uno de los momentos más llamativos para ella llegó en el podio de salida, donde de forma inesperada se encontró entrevistando a Remco Evenepoel.
“No me tocaba entrevistar a Evenepoel, pero justo estaba situado a mi lado. Así que tuve que entrevistarlo”, dijo. “Noté mariposas en el estómago. Tenía que entrevistar al hombre del que todos hablaban”.
Lo que más le sorprendió fue el estado de ánimo del doble campeón olímpico.
“Pero también noté que estaba nervioso. Él también es de carne y hueso. Intenté relajar el ambiente, pero se mantuvo muy estoico. Luego le pregunté si también tenía ganas y entonces apareció su primera pequeña sonrisa”.
Knetemann cree que ese breve intercambio ofreció una mirada reveladora al lado humano de una de las mayores estrellas del pelotón. Ciclistas como Evenepoel suelen ser tratados como máquinas, capaces de activar el pico de forma a voluntad. Pero a pocos metros, ella vio algo distinto.
“Él también estaba genuinamente feliz. Entiendo la concentración antes de la salida, pero percibí en él una tensión que no esperaba. Quería ganar, muchísimo”.
Para Knetemann, esa fue la verdadera lección del día. Bajo el aura, los vatios y los resultados, Evenepoel conserva los mismos nervios y hambre que cualquier corredor que se alinea en una gran carrera.
“Fue otra llamada de atención”, concluyó. “Hablamos de esos tipos como si fueran máquinas. Pero aún se ponen nerviosos, al final son humanos”.