El
Tour de Flandes vivió pronto un momento, que no es ajeno al ciclismo pero siempre polémico, cuando un pelotón partido en un paso a nivel abrió por unos instantes la puerta a la descalificación de varios grandes nombres.
Al aproximarse el grupo al cruce, las barreras empezaron a bajar, obligando a una parte del pelotón a detenerse mientras otros continuaron. Entre quienes lograron pasar figuraban
Tadej Pogacar y
Remco Evenepoel, mientras que un segundo grupo, con
Mathieu van der Poel, quedó retenido tras las vallas cerradas.
La dirección de carrera actuó con rapidez para neutralizar la prueba, ordenando a la parte delantera del pelotón reducir el ritmo y permitir el reingreso de los rezagados.
La escapada en cabeza, sin embargo, no se vio afectada y pudo proseguir, ampliando su ventaja en el proceso.
El reglamento de la UCI deja poco margen a la interpretación
Aunque la carrera siguió su curso, el incidente abrió de inmediato interrogantes sobre la aplicación del reglamento
UCI. “Los corredores están obligados a detenerse ante un semáforo en rojo”,
indicó el organismo en conversación con Het Nieuwsblad. “Cualquiera que pase con la luz roja debe ser retirado de la carrera.”
La norma es explícita en su redacción y apenas deja ambigüedades en principio. Cualquier corredor que cruce un paso a nivel cerrado tras activarse la señal roja se expone a la descalificación, además de posibles sanciones adicionales como multas y deducción de puntos UCI.
La única posible matización reside en el instante exacto del cambio de señal, en concreto si la luz ya estaba en rojo en el momento en que los ciclistas cruzaron.
La carrera avanza, pero quedan preguntas
En la carretera, la prueba recuperó pronto su ritmo natural. Una fuga de 13 corredores se mantuvo al frente, mientras UAE Team Emirates - XRG siguió marcando el paso en el pelotón para proteger a Pogacar tras el contratiempo. Los favoritos volvieron a reagruparse después del incidente, restableciendo la igualdad antes de las fases decisivas aún por disputarse.
Con todo, aunque lo deportivo quedó encarrilado, el episodio deja en el aire la cuestión de la coherencia en la aplicación del reglamento. La norma es clara. La realidad, al menos en este caso, parece más flexible. Y en una carrera tan apretada como la
Tour de Flandes, incluso una divergencia momentánea entre ambas basta para encender el debate.