La victoria de la escapada en Milán rompió por completo el guion previsto para los equipos de los velocistas. El pelotón nunca consiguió neutralizar a los fugados y el sprint masivo que todos esperaban jamás llegó a producirse. Magnier, todavía sorprendido por lo ocurrido, evitó sacar conclusiones precipitadas nada más terminar la etapa.
“Por ahora es difícil decir qué salió mal”,
admitió el francés en Cycling Pro Net. “Sabíamos que eran corredores fuertes, pero no esperábamos que pudieran ir tan rápido en este circuito final”.
La sensación de incredulidad era compartida entre los equipos de los sprinters, que durante buena parte de la jornada trabajaron pensando que el desenlace estaba bajo control. Sin embargo, la velocidad de la escapada y la dureza del circuito terminaron desbordando cualquier previsión.
“Todos los esprinters utilizaron a todos sus compañeros de equipo para dar caza, pero nunca les alcanzamos, para ser sinceros”, explicó Magnier.
Un circuito que desató el caos
Más allá del resultado deportivo, la jornada volvió a estar marcada por las críticas al circuito urbano de Milán. El propio Magnier coincidió con otros corredores del pelotón al señalar la peligrosidad del recorrido y las dificultades que generaba mantener la persecución organizada.
El francés explicó que varios equipos sufrieron problemas mecánicos durante la etapa, algo que terminó condicionando seriamente el trabajo de caza.
“Perdimos a muchos corredores por problemas mecánicos”, reveló. Según detalló, las condiciones del circuito hacían especialmente complicado mantener la velocidad y conservar intacto el material.
“El circuito final era realmente complicado con esos adoquines y esos pasos a nivel”, señaló. Incluso reconoció que el pelotón pidió neutralizar a los corredores de la clasificación general en la última vuelta precisamente por el riesgo que implicaba el trazado.
“También era un poco peligroso. Por eso pedimos que sacaran a los de la general en la última vuelta”, explicó.
Magnier describió una jornada completamente desatada en términos de velocidad y desgaste físico. “Fue una locura de velocidad”, resumió.
El francés puso cifras a esa exigencia extrema y aseguró que la persecución se convirtió en un ejercicio límite desde mucho antes del final.
“Ya quedaban 60 kilómetros y me dije a mí mismo que iba a ser muy duro”, contó. Más adelante, a falta de 40 kilómetros, la situación seguía siendo igual de exigente. “Ya no me sentía al límite, pero seguía siendo muy duro”.
El desgaste invisible del pelotón
Uno de los aspectos más interesantes de las declaraciones de Magnier fue su descripción del esfuerzo necesario para mantenerse bien colocado dentro del circuito urbano. El velocista explicó cómo incluso rodar entre las posiciones 15 y 20 obligaba a realizar constantes aceleraciones después de cada curva.
“Cuando no pesas más de 75 kilos, es bastante duro”, afirmó.
El francés intentó conservar a sus compañeros de equipo el máximo tiempo posible, consciente de que cada relevo podía ser decisivo en la persecución. Pero el desgaste terminó pasando factura a todos.
“Ya en la posición 15 o 20 tienes que hacer un sprint después de cada curva”, explicó. Eso provocó que incluso sus lanzadores llegaran completamente vacíos cuando intentaban asumir la cabeza del pelotón.
“Cuando mis compañeros de equipo se pusieron en cabeza, ya estaban al límite. Por eso les costó mucho recuperar el ritmo”, añadió.
Paul Magnier en la Maglia Ciclamino en el Giro d'Italia 2026
Magnier también detalló por qué consideraba peligroso el circuito. “Cuando pasas por un paso a nivel o por adoquines a 60 km/h, puedes reventar una rueda”, advirtió. “Pueden pasar muchas cosas”.
Además, mencionó la proximidad constante de las vallas y la tensión generada en un circuito urbano tan técnico. “También era un poco peligroso con las vallas por todo el circuito”, insistió.
Aun así, prefirió no cargar directamente contra la organización y dejó claro que primero quiere revisar con calma todo lo sucedido. “Prefiero analizar primero y luego reaccionar”, repitió varias veces durante la entrevista.
La maglia ciclamino y el desafío de la montaña
Pese a la decepción por la etapa, Magnier salió de Milán con una noticia positiva: recuperó la maglia ciclamino de líder de la clasificación por puntos. Un premio importante en un Giro donde cada sprint empieza a tener un enorme valor estratégico.
Sin embargo, el francés también es consciente de que la batalla está lejos de terminar y que la tercera semana puede cambiar completamente el escenario.
“Ahora tengo que decir que tengo una ventaja considerable porque él sube mucho mejor que yo”, reconoció al hablar de Jonathan Narváez, uno de sus principales rivales por el maillot.
Magnier admitió que esperaba ampliar todavía más su ventaja en Milán, aunque el triunfo de la fuga alteró todos los planes previstos para los hombres rápidos.
“Esperaba sumar algunos puntos más hoy, pero al final no ha sido así”, lamentó.
Con las etapas decisivas todavía por delante, el corredor de Soudal Quick-Step ya piensa en sobrevivir a la montaña para llegar con opciones a Roma.
“El próximo gran objetivo es Roma”, aseguró. “Y de aquí a Roma, lo más importante será recuperarme”.
Eso sí, tiene claro que Narváez no le dará tregua. “Creo que ahora también tiene como objetivo el maillot”, avisó el francés, después de comprobar cómo el ecuatoriano peleó cada punto disponible tanto en el sprint intermedio como en la llegada final.
“Tendré que estar atento”, concluyó Magnier tras una jornada tan agotadora como frustrante para los velocistas del Giro.