Después de más de dos décadas viviendo
el Tour de Francia desde dentro del pelotón, primero como corredor y después como director deportivo del
Movistar Team, José Luis Arrieta, más conocido como Chente, ha cambiado por unos días el coche de equipo por la cuneta y el estrés de la carrera por una silla plegable al borde de la carretera.
El navarro, de 53 años, ha sido una de las imágenes más curiosas de la etapa pirenaica
con final en Gavarnie-Gèdre. Sentado junto a sus dos hijos, observaba el paso de los corredores como un aficionado más, una experiencia que no vivía desde mediados de los años noventa.
“Desde 1996 diría que no venía al Tour como aficionado. Siempre me había tocado estar en carrera y los años en los que no estaba tampoco me había animado a venir”, reconoció
en declaraciones a Diario AS. El director de Movistar admitió haber descubierto una perspectiva completamente diferente de la Grande Boucle, especialmente para sus hijos, que nunca habían vivido la carrera desde la cuneta.
La experiencia le ha permitido disfrutar de detalles que, desde dentro de la organización de un equipo, suelen pasar desapercibidos. “La caravana publicitaria es espectacular. La había visto antes, pero de otra manera. No tiene nada que ver”, explicó.
El descanso tampoco es casual. Tras muchos años de viajes y de un calendario cada vez más exigente, Arrieta decidió a comienzos de temporada que este era el momento adecuado para ausentarse del Tour y aprovechar el verano en Navarra, cerca de la familia y de los tradicionales Sanfermines.
"Para la salud mental, viene bien estar un año o dos sin Tour"
Aunque reconoce sentir cierta nostalgia, descarta que exista añoranza por no estar en la carrera. “Un poco de morriña sí, porque nos gusta mucho el Tour, pero echarlo de menos, no. Para la salud mental y para relajarnos viene bien estar un año o dos sin Tour, que luego ya vienen más carreras”, aseguró.
Eso sí, el ciclismo sigue ocupando gran parte de su día a día. “Lo veo todo. Soy un friki de la leche”, confesó entre risas. Desde casa sigue cada detalle de la carrera y mantiene contacto permanente con los directores presentes en Francia, entre ellos José Joaquín Rojas, aportando su experiencia y su visión táctica.
De hecho, su visita a los Pirineos acabó convirtiéndose en una pequeña jornada laboral. Movistar Team aprovechó su presencia en la etapa para pedirle ayuda en la subida final, repartiendo bidones a los corredores en un día de temperaturas sofocantes.
Después de cumplir con ese improvisado cometido y de pasar por el hotel del equipo para saludar a corredores y auxiliares, Chente puso rumbo de vuelta a casa. Su descanso, sin embargo, tiene fecha de caducidad. En las próximas semanas volverá al trabajo en la Clásica de Ordizia, la Vuelta a Burgos y, sobre todo, en una
Vuelta a España que ya tiene prácticamente preparada.
Porque, aunque por unos días haya vuelto a ser un aficionado más, el Tour ha demostrado que Chente sigue siendo, ante todo, un hombre de ciclismo.