El ciclismo moderno vive una época dorada de talento. El dominio de Tadej Pogacar, Jonas Vingegaard o Mathieu van der Poel ha elevado el nivel del deporte hasta límites espectaculares. Sin embargo, entre tantas superestrellas hay un perfil de corredor que el aficionado sigue valorando casi incluso más: el ofensivo, imprevisible y valiente. Y ahí pocos representan mejor esa esencia que
Ben Healy.
El líder de
EF Education-EasyPost se ha convertido durante las últimas temporadas
en uno de los corredores más espectaculares del pelotón internacional. No necesita ser el más fuerte para ser protagonista. Tampoco necesita esperar a los últimos kilómetros. Healy corre de otra manera. Ataca desde lejos, dinamita carreras imposibles y convierte jornadas aparentemente tranquilas en auténticas locuras tácticas.
La realidad es que el arranque de temporada de Ben Healy estuvo muy lejos del nivel que había mostrado durante los dos últimos años. En las primeras carreras apenas consiguió resultados destacados. Terminó
20º en la Ardèche Classic y 44º en la Drôme Classic, actuaciones demasiado discretas para un corredor acostumbrado a dejar huella prácticamente cada vez que compite.
Las sensaciones tampoco eran especialmente buenas. Se le veía lejos de su explosividad habitual y sin esa agresividad constante que le caracteriza. Pero poco a poco comenzaron a aparecer señales positivas.
La primera llegó
en la Strade Bianche. Aunque el resultado final fue “solo” un 12º puesto, la carrera dejó detalles importantes. Healy volvió a mostrarse competitivo en una prueba de máximo nivel, resistiendo durante mucho tiempo junto a algunos de los mejores clasicómanos del mundo. Más allá de la clasificación, la sensación era que las piernas empezaban a responder otra vez.
Y después llegó la confirmación en la Tirreno Adriático.
Allí sí volvió a verse al Ben Healy reconocible. Terminó 8º en la clasificación general y consiguió además un 6º y un 7º puesto de etapa, mostrándose muy activo en terrenos quebrados y de media montaña. Era exactamente el tipo de actuación que necesitaba tanto él como EF Education-EasyPost. No era todavía la versión devastadora de 2025, pero sí un corredor claramente competitivo otra vez.
Parecía que el siguiente gran paso debía llegar en la Itzulia Basque Country, una carrera perfecta para sus características. Terreno explosivo, etapas nerviosas y oportunidades constantes para corredores ofensivos. Además, Healy ya sabía perfectamente lo que era triunfar allí tras haber ganado una etapa en 2025.
Pero todo se torció antes incluso de empezar.
Según se supo posteriormente, el irlandés sufrió una caída durante el reconocimiento de la contrarreloj inicial. El golpe le provocó una pequeña fractura en el sacro sin desplazamiento. Una lesión que, aunque no extremadamente grave, sí resultaba lo suficientemente molesta como para condicionar completamente su rendimiento.
Y aun así corrió. Ese detalle define perfectamente quién es Ben Healy.
Porque pese al dolor y las limitaciones físicas, el irlandés terminó la carrera vasca y lo hizo además siendo protagonista. En los tres últimos días consiguió meterse en fugas y volvió a correr con esa agresividad que tanto engancha a los aficionados. Obviamente no estaba al nivel necesario para pelear por victorias importantes, pero incluso lesionado seguía intentando mover la carrera.
Muy pocos corredores representan tan bien el ciclismo ofensivo actual.
Lo preocupante ahora es el escenario posterior.
Porque tras la Itzulia, EF Education-EasyPost decidió parar completamente a su líder pensando en el gran objetivo del verano: el Tour de Francia. Y eso significa que, salvo sorpresa enorme, Ben Healy no volverá a competir hasta julio.
Ben Healy, estrella del EF Education-EasyPost
Tres meses enteros sin verle correr
En una época donde muchos corredores seleccionan cuidadosamente sus objetivos y compiten cada vez menos, perder durante tanto tiempo a un ciclista como Healy se nota muchísimo. Especialmente porque es uno de esos corredores que mejoran cualquier carrera simplemente con estar presente.
No importa si pelea por la victoria o no. Cuando Ben Healy está en el pelotón, siempre existe la posibilidad de que ocurra algo inesperado.
Su estilo agresivo ya le ha permitido construir un palmarés espectacular para tener solo 25 años. En 2023 consiguió probablemente la victoria más importante de su carrera hasta ese momento al ganar una etapa del Giro de Italia tras una exhibición ofensiva marca de la casa. Ese mismo año también conquistó el GP Industria & Artigianato y estuvo muy cerca de ganar la Amstel Gold Race, donde terminó segundo después de una actuación memorable.
Además, acumula dos títulos de campeón nacional de Irlanda en ruta y siempre ha mostrado una capacidad enorme para rendir tanto en clásicas como en carreras por etapas.
Pero probablemente el gran salto definitivo llegó en 2025.
Ese año consiguió una victoria de etapa en el Tour de Francia, entrando definitivamente en otra dimensión mediática dentro del ciclismo mundial. Ganar en el Tour cambia carreras deportivas. Y Healy lo hizo además fiel a su estilo, atacando desde lejos y dejando una imagen espectacular.
No fue su único gran resultado. También terminó tercero en el Mundial de Kigali y tercero en la Lieja-Bastoña-Lieja, confirmándose definitivamente como uno de los mejores clasicómanos del planeta.
Por eso duele tanto ver frenada ahora su progresión.
Porque además este 2026 parecía preparado precisamente para consolidarse ya entre las grandes estrellas del pelotón. A sus 25 años estaba entrando en el momento ideal de madurez deportiva. Había mejorado muchísimo en regularidad y cada vez parecía más capaz de competir también en vueltas de una semana.
La lesión llega en el peor momento posible.
Aun así, dentro de todo lo negativo, EF Education-EasyPost parece haber tomado la decisión correcta. Forzar ahora a Healy para disputar más carreras de primavera o incluso el Giro de Italia habría sido un riesgo innecesario. El objetivo debe ser recuperarle completamente y llevarle al Tour de Francia en plenitud.
Porque si hay un escenario hecho para Ben Healy, probablemente sea precisamente el Tour.
Sus etapas nerviosas, los recorridos de media montaña y la libertad táctica que suele existir lejos de la lucha por la general convierten la carrera francesa en un terreno perfecto para él. Además, el irlandés ya demostró el año pasado que puede ganar allí.