Miguel Induráin analiza el ciclismo actual con la perspectiva de quien dominó una era y conoce bien la exigencia del deporte. El navarro pone el foco en el momento que vive
Tadej Pogacar, al que ve un paso por delante del resto del pelotón, y la presión a
Paul Seixas en Francia.
“Tiene un puntito más que el resto. Pogacar está de dulce y también hay que valorar el equipo que tiene. Es muy difícil batirle”, señala Induráin en una
entrevista al diario AS subrayando tanto el nivel individual del esloveno como la importancia del bloque que le respalda en las grandes carreras.
El cinco veces ganador del Tour también se detiene en la presión que rodea a las jóvenes promesas. Sin citar nombres concretos
, advierte del riesgo de generar expectativas desmedidas en torno a corredores muy jóvenes, especialmente en países con gran tradición ciclista como Francia. “Los demás, a su edad, ya hemos ido. Pero hoy en día... en Francia están muy ilusionados y hay que ver porque si va y no hace nada o se retira puede ser un golpe muy duro. Creo que hay que ponerle un poco calma a todo. El ciclismo es muy exigente para los corredores”, reflexiona.
Induráin establece además una comparación entre generaciones, dejando claro que cada época tiene sus propias claves. “A cada uno le toca la época que le toca. Nosotros también le dimos una vuelta al ciclismo con la alimentación, entrenamientos, manillar... pero sí que es verdad que ahora va todo con muchos datos y muy controlado. Las etapas son más cortas, más rápidas y explosivas y a mí me gustan de más de 200 kilómetros”, explica, mostrando cierta nostalgia por el ciclismo de fondo y resistencia.
Paul Seixas en la Liège-Bastogne-Liège 2026
La dureza del ciclismo
El navarro no olvida la dureza inherente a este deporte, tanto física como mentalmente. “Es una profesión dura, peligrosa, pero a mí me gustaba competir, hacer bici. Yo tengo muy buenos recuerdos, aunque me fui un poco agotado mental y físicamente”, reconoce sobre el final de su carrera.
Su trayectoria fue tan extensa como exigente. Induráin recuerda sus cifras con naturalidad: “Empecé con 19 años y en los últimos años hacía casi 38.000 kilómetros. No tuve ninguna lesión y todos fueron intensos, sin parar”, una muestra de la constancia que marcó su carrera.
Ya retirado, su vínculo con la bicicleta sigue intacto. “A la semana de retirarme ya me subí de nuevo a la bicicleta y los únicos momentos en lo que no voy es en invierno. Pero a la que hace un poco de buen tiempo ya me subo. Me gusta y voy a mi ritmo y a disfrutar. No calculo ni cuánto hago ni nada, solo llevo el pulsómetro y ya está. Es verdad que hay veces que me pico y luego cuando miro pienso que he de aflojar un poco, pero voy bien. Contento. La bicicleta me gusta mucho”.