Hubo un cambio de tono significativo esta semana cuando
Adrie van der Poel habló junto a
Sven Nys en
Het Nieuwsblad. No fue una charla sobre barro, piernas o táctica. Fue sobre el tiempo. La presión. La obligación. Y sobre lo que ocurre después de la línea de meta para estrellas como
Mathieu van der Poel.
“Mathieu llega a casa dos horas más tarde que los demás después de un cross”, explicó Adrie. “¿Cuánto duró la ceremonia en
Maasmechelen? No es normal. Y luego vuelves a la autocaravana y está llena de gente.”
Esa es la parte del ciclocross que el público no ve. La que no aparece en los parciales por vuelta ni en las fotos del podio. La que aporta contexto a los rumores de que este invierno podría, de verdad, ser el último de
Mathieu van der Poel en la disciplina.
La narración fácil es suponer que Van der Poel está aburrido del ciclocross. Que el barro ya no le motiva. Que la carretera se ha vuelto simplemente más importante.Las palabras de Adrie apuntan en una dirección completamente distinta.
La carga que conlleva el maillot arcoíris
El problema no es competir. El problema es todo lo que rodea a la competición cuando eres el cabeza de cartel, la atracción, el campeón del mundo y el hombre al que todos han ido a ver. “A menudo digo: quítales a los periodistas y a las multitudes y esos chicos correrían diez crosses más al año.”
Es una frase llamativa porque cambia de lado el debate sobre la retirada. No se trata de un corredor que quiere hacer menos ciclocross. Se trata de un corredor que quizá haría más, si el peso alrededor no lo hiciera tan agotador.
Mathieu van der Poel, estrella del ciclocross mundial
Por qué este invierno se siente como una encrucijada natural
No es una especulación creada desde fuera. El propio Van der Poel ha reconocido abiertamente en las últimas semanas que “algún día tiene que haber un final” para su carrera en el ciclocross. Ha hablado de la idea de parar en lo alto. Se ha preguntado en voz alta qué supondría saltarse un invierno para su forma primaveral en la carretera.
Ese contexto importa.
Porque el invierno de 2025 y 2026 no ha tenido aspecto de gira de despedida desde el prisma deportivo. Más bien lo contrario. Ha parecido un programa selectivo y de alto nivel, diseñado para llegar a tope al
Mundial y mantener una dominación absoluta cada vez que se coloca un dorsal.
Por eso mismo el momento resulta significativo.
Si alguna vez hay un punto en el que alejarse tiene sentido, es cuando no queda nada por demostrar en la disciplina.
Una cuestión estratégica, no solo emocional
Nys añadió otra capa al debate. “Puedo imaginarle pensando: ‘¿Y si me salto un invierno de cross? ¿Cómo responderá mi cuerpo en primavera?’”
No es una idea romántica. Es una cuestión de rendimiento.
Adrie coincide en que es una opción realista, especialmente según cómo estructure Van der Poel su temporada en carretera. Un calendario orientado a la Vuelta y al Campeonato del Mundo en ruta, en lugar del Tour de France, acorta de golpe el espacio entre campañas de carretera. Un invierno completo de ciclocross se vuelve más difícil de justificar, no por lo emocional, sino por lo fisiológico.
La combinación de carretera y cross, como dijo Nys, “no es sencilla”.
Mencionó que su hijo Thibau tuvo solo diecinueve días de vacaciones el año pasado. “En los días de carrera siempre estás ‘encendido’”, dijo Nys.
Para Van der Poel, ese interruptor ‘encendido’ brilla y suena más fuerte que para cualquiera en este deporte.
No está cansado del barro
Este es el detalle clave que lo atraviesa todo.
No hay indicios de que Van der Poel se haya desenamorado del ciclocross. Más bien lo contrario. La insinuación es que el amor por competir está siendo desplazado por las obligaciones que lo rodean.
Ceremonias que se alargan. Firmas de autógrafos que se extienden hasta la noche. La expectativa de estar presente, disponible, visible, cada vez.
Lo mismo que lo convierte en el gran imán del deporte es, según su padre, lo que hace más difícil sostener la disciplina año tras año.
Por eso los rumores de retirada tienen ahora otra textura. No se basan en resultados a la baja ni en motivación menguante. Se enraízan en el coste humano de permanecer tanto tiempo en la cima.
Los próximos meses dirán mucho
No hay nada decidido. Van der Poel no ha anunciado nada. No ha confirmado que este sea su último invierno, ni ha descartado volver el próximo año.
Pero cuando su padre enfoca la conversación no en la carrera, sino en el peso de todo lo demás, resulta más fácil entender por qué este momento se siente como un verdadero punto de inflexión.
La pregunta ya no es si
Mathieu van der Poel sigue queriendo correr ciclocross.
Es cuánto tiempo considera que todo lo demás merece la pena.