Durante un breve tramo en Maasmechelen,
Tibor del Grosso se vio en una posición que pocos han ocupado este invierno: solo en cabeza, con
Mathieu van der Poel temporalmente fuera de escena. No duró, pero dijo mucho de la carrera y del corredor que finalmente recuperó el control.
Del Grosso tomó el liderato después de que Van der Poel sufriera uno de los dos pinchazos que marcaron su salida más dramática de la temporada. La oportunidad era real, aunque la realidad de lo que venía se impuso enseguida. “Fue especial por un momento”,
admitió después Del Grosso. “Pero me di cuenta muy rápido de que Thibau y Niels estaban regresando. Y Mathieu también venía muy rápido.”
Esa lucidez no impidió a Del Grosso comprometerse por completo con el momento. Con Van der Poel persiguiendo y Thibau Nys y Niels Vandeputte recortando, el neerlandés optó por correr a su ritmo en lugar de esperar lo inevitable. “¿Pensé en ganar? Sí, sin duda”, dijo. “Y también lo intenté. Simplemente no fue lo bastante duro.”
Esas palabras encapsularon bien la dinámica del día. Maasmechelen ofreció rendijas, pero solo fugaces y solo para quien estaba dispuesto a arriesgar. Del Grosso lo hizo, rodando con autoridad cuando la carrera se rompió y obligando a Van der Poel a volver a entrar por la vía difícil.
Medirse con el referente
La perspectiva de Del Grosso importaba porque emanaba desde dentro de la carrera, no desde fuera. Vio de primera mano lo rápido que cambió el equilibrio en cuanto Van der Poel inició la remontada, y lo escaso que era el margen de error cuando el campeón del mundo volvió a elevar el ritmo.
En una vuelta, la carrera se había reiniciado.
Van der Poel cerró el hueco, se reagrupó y más tarde lanzó el movimiento decisivo que le llevó en solitario hacia su 50ª victoria en la Copa del Mundo. Lo que parecía una apertura genuina se convirtió en otro ejemplo de lo difícil que es contenerle incluso en sus días más vulnerables.
Para Del Grosso, el momento en cabeza siguió siendo significativo. Le ofreció una medida de dónde está y de lo pequeñas que son las diferencias en la élite del deporte. Para Van der Poel, fue otro recordatorio de que, incluso cuando los pinchazos y la presión le arrebatan el control, su sola presencia reconfigura la carrera.
Maasmechelen se recordará por el récord legendario que igualó Van der Poel. Pero para quienes rodaron brevemente por delante de él, también subrayó una verdad sencilla de este invierno: hay oportunidades, pero se cierran rápido y, tarde o temprano, todo vuelve a inclinarse hacia el mismo corredor.
Mathieu van der Poel se llevó el triunfo en la Copa del Mundo de Maasmechelen