La contrarreloj por equipos de la
Challenge Mallorca no fue una prueba más para el
Movistar Team. El segundo puesto logrado, solo superado por el Red Bull liderado por Remco Evenepoel, fue el resultado visible de un trabajo que el conjunto español lleva desarrollando desde hace tiempo y que tiene un objetivo mayor en el horizonte: el inicio del
Tour de Francia en Barcelona, marcado por una TTT que ilusiona a los de
Chente García Acosta.
La
Challenge Mallorca sirvió así como banco de pruebas real, competitivo y exigente, para una disciplina que ha pasado a ocupar un lugar central en la planificación del equipo.
El documental Sin Cadena acompaña al Movistar Team desde los días previos a la prueba y muestra cómo la preparación empieza mucho antes del día de carrera. “Estamos en Mallorca para disfrutar en los próximos días de lo que va a ser la
Challenge de Mallorca. Estamos a un día del inicio de las pruebas”, se escucha al inicio, situando el contexto de una semana en la que cada jornada tiene identidad propia y en la que la contrarreloj por equipos aparece marcada en rojo. “Concretamente dentro de tres días vamos a hacer una crono por equipos”, explican, justificando un entrenamiento específico dedicado íntegramente a este esfuerzo colectivo.
Desde el primer momento queda claro que no se trata solo de rodar juntos, sino de reproducir situaciones reales de carrera. El plan del día se expone con naturalidad: “Haremos unos cuantos relevos de carrera. Vamos a tirar un poco la crono del jueves”. La sesión está pensada para ajustar detalles, repetir automatismos y pulir la coordinación entre los siete corredores seleccionados. La carretera, el viento y el tráfico forman parte del escenario real que el equipo busca simular. “Entre eso y el viento, ojito, estamos aquí en peligro”, advierten, subrayando la atención constante a la seguridad y al entorno.
El trabajo no se limita a los ciclistas. Vehículos, motos y personal técnico acompañan el entrenamiento para abrir carretera, proteger al grupo y permitir que el esfuerzo se centre únicamente en la ejecución. “Vamos por delante, abriendo un poco la carretera para que los ciclistas, si hay algún cruce o alguna situación peligrosa, estén avisados y evitar el mayor peligro que les pueda venir por la carretera”, se explica desde uno de los coches, mostrando la estructura que rodea a una contrarreloj por equipos moderna.
A medida que avanza el entrenamiento, los detalles técnicos ganan protagonismo. Se habla de carreteras más anchas, de rotondas, de curvas que no requieren frenar y de tramos donde el viento puede condicionar la formación. “A partir del 17 hay una rotondilla, luego ahí vamos a calentar un poco a relevos. No a tope, pero del 17 en adelante”, se indica, delimitando con precisión el punto en el que el trabajo pasa de ser progresivo a más específico.
La contrarreloj por equipos exige una comunicación constante, y el documental recoge ese diálogo casi ininterrumpido entre corredores y dirección. Durante las series, las instrucciones son claras y directas: “Ritmo la primera rápido”, “entrando atrás”, “velocidad otra vez”. Cada orden busca mantener la cohesión del grupo y evitar cortes que penalicen el tiempo final. Se insiste una y otra vez en la importancia de rodar juntos: “Tampoco con grupo”, “al grupo”, “que entre todo el grupo atrás”.
Movistar Team, entrenando la contrarreloj por equipos
El perfil del recorrido también se analiza con detalle, anticipando lo que encontrarán en carrera. “Los primeros cuatro kilómetros son picando hacia abajo, que van a ser muy, muy rápidos”, se comenta, destacando un tramo en el que la potencia y la aerodinámica serán determinantes. La referencia constante a vatios de carrera y a velocidades por encima de los 50 kilómetros por hora refuerza la idea de que el entrenamiento no es genérico, sino completamente adaptado al esfuerzo competitivo que se avecina.
Tensión el día de carrera
El día de la prueba, la narrativa cambia de tono. La tensión y la concentración dominan la radio del equipo. Cada curva, cada rotonda y cada relevo están marcados por órdenes precisas. “Sin ningún miedo”, “vamos volando, chavales”, “muy bien”, se repite mientras el grupo avanza compacto. Los tiempos intermedios empiezan a dar referencias claras del nivel mostrado. “Estamos ahí tres segunditos mejor que el mejor tiempo”, se escucha en uno de los momentos clave, cuando el
Movistar Team se sitúa en tiempos de victoria provisional.
La gestión del esfuerzo también se hace visible cuando el grupo pierde unidades y debe reorganizarse. “Estamos seis”, “seis a meta”, marcan el nuevo escenario, recordando que en una contrarreloj por equipos el tiempo se toma con el cuarto corredor. La consigna es clara hasta el final: “Hay que morir”, una expresión que se repite como reflejo del esfuerzo máximo exigido en los últimos kilómetros.
Al cruzar la línea de meta, las primeras reacciones mezclan alivio y análisis inmediato. “Tiempazo de la crono”, se escucha, mientras empiezan las comparaciones con otros equipos. “Hemos metido 13 segundos a Yeico, 15 a Tudor”, enumeran, conscientes del valor del registro conseguido. La espera por el último rival en tomar la salida, el Red Bull, se vive con expectación contenida. “Si no gana Red Bull…”, se deja en el aire, mientras los parciales finales confirman la ajustada diferencia.
El desenlace llega con la confirmación del segundo puesto. “Nos han ganado por cuatro segunditos”, se comenta, seguido de un balance inmediato: “Una gran crono, la pena que no hemos ganado”. Más allá del resultado, el mensaje final apunta al proceso. “Esto va a llegar”, se afirma, reforzando la idea de que la contrarreloj por equipos de la
Challenge Mallorca es un paso más dentro de una preparación a largo plazo.
Ese camino tiene una fecha marcada: el inicio del
Tour de Francia en Barcelona. La experiencia acumulada, la coordinación mostrada y el nivel competitivo exhibido frente a uno de los bloques más potentes del pelotón sitúan a la contrarreloj por equipos como un eje central del proyecto deportivo del
Movistar Team esta temporada. Mallorca no fue un ensayo aislado, sino una confirmación de que el trabajo específico ya está dando resultados en carrera.