Jasper Philipsen se llevó con aparente facilidad la segunda etapa del
Renewi Tour 2026, en una jornada de 174 kilómetros entre Blankenberge y Ardooie que terminó resolviéndose al sprint después de una carrera marcada por una importante caída y por la ausencia de ataques durante buena parte del recorrido.
La etapa arrancó con un ritmo sorprendentemente tranquilo. El pelotón atravesó los primeros kilómetros sin movimientos y ni siquiera el paso por el esprint intermedio de Blankenberge sirvió para romper la calma. La jornada, prácticamente llana, invitaba a los velocistas a guardar fuerzas para una llegada masiva, aunque el recorrido incluía varios repechos en el circuito final, que los corredores debían completar en cuatro ocasiones.
La fuga tardó en consolidarse. No fue hasta aproximadamente los 134 kilómetros para la meta cuando Mikkel Bjerg (UAE Team Emirates-XRG), Niklas Behrens (Visma | Lease a Bike) y Michiel Lambrecht (Team Flanders-Baloise) consiguieron abrir un hueco. Su ventaja llegó a situarse en torno al minuto y veinte segundos, pero el pelotón nunca permitió que la escapada adquiriese una dimensión peligrosa.
Con el paso de los kilómetros, la diferencia fue cayendo progresivamente. A falta de 94 kilómetros, los tres aventureros apenas disfrutaban de 50 segundos, mientras que a 84 kilómetros la renta se había reducido a solo 25 segundos. El grupo principal ya tenía completamente controlada la situación.
Dries de Bondt asumió entonces buena parte de la responsabilidad para Jayco AlUla y aceleró el ritmo, mientras la fuga quedaba finalmente neutralizada. Sin embargo, el momento decisivo de la jornada llegaría poco después, cuando una enorme montonera provocó el caos en el pelotón.
Brutal montonera: peligra la continuidad de Jonathan Milan en carrera
A 66 kilómetros de la llegada, alrededor de 40 corredores se fueron al suelo en una caída masiva. Entre los afectados estuvo Jonathan Milan, uno de los grandes favoritos para el sprint, que quedó muy mermado por el incidente. El susto obligó al grupo a levantar el pie durante varios kilómetros y la carrera entró en una fase de absoluta calma. A 51 kilómetros del final, el pelotón volvía a estar prácticamente agrupado.
La tranquilidad se prolongó hasta que Alec Segaert intentó romper la monotonía con un movimiento desde el pelotón a 19 kilómetros de la llegada. El corredor belga, siempre dispuesto a probar desde lejos, no encontró esta vez el espacio necesario y el grupo continuó compacto. Poco después, Mikkel Bjerg sufrió un problema mecánico, aunque el desenlace ya parecía encaminado hacia una llegada masiva.
En los últimos kilómetros, los equipos de los velocistas tomaron el control. El pelotón viajó lanzado hacia Ardooie y los principales hombres rápidos fueron colocándose en las posiciones delanteras. Milan, visiblemente afectado por la caída, quedó rápidamente descolgado de la pelea por la victoria.
Philipsen, en cambio, llegó perfectamente colocado al tramo definitivo. El belga impuso su potencia en los últimos metros y consiguió una victoria que, por la claridad de su triunfo, apenas dejó espacio para la discusión. El corredor de Alpecin-Deceuninck confirmó así su condición de uno de los grandes especialistas del sprint y aprovechó al máximo una jornada diseñada para los hombres rápidos.
La etapa, inicialmente señalada como una oportunidad para Tim Merlier, Jonathan Milan y Olav Kooij, terminó teniendo en Philipsen a su gran protagonista. La caída cambió por completo el escenario y dejó fuera de combate a varios candidatos, pero no impidió que el belga rematara con autoridad una jornada que durante muchos kilómetros estuvo marcada por la calma.