Como compañeros de baile eternos, encaramos el sexto
Tour de Francia consecutivo en el que
Jonas Vingegaard y
Tadej Pogacar se medirán y librarán batalla en cabeza del Tour de France… algunos dirán que están destinados a hacerlo para siempre.
De sus cinco duelos en
La Grand Boucle, Pogacar ha ganado tres maillots amarillos y Vingegaard tres, una rivalidad que ha marcado medio decenio del mayor espectáculo del ciclismo.
La pareja ha iluminado cumbres icónicas como el
Mont Ventoux, Alpe d’Huez y el Grand Colombier, y ofrece contrastes nítidos en estilo, táctica y carácter fuera de la bici.
Antes de que renueven hostilidades una vez más, repasamos cómo llegaron a ser los grandes rivales y la imagen definitiva del general del Tour durante cinco años.
Surge un nuevo aspirante
El primer capítulo de la saga Pogacar-Vingegaard es más un prólogo de lo que vendría. Vingegaard arrancó como gregario de Primoz Roglic, pero cuando el esloveno abandonó tras una caída, el danés y Visma cambiaron el foco: cazar etapas y medir a Vingegaard en la general.
Mientras tanto, Pogacar ya vestía de amarillo y controlaba con solvencia antes de que llegara el Mont Ventoux. En la subida legendaria, Vingegaard abrió aquel recordado hueco sobre Pogacar, que llevaba el maillot blanco.
No fue a más, sin embargo, y Pogacar certificó su segundo maillot amarillo consecutivo.
Aislar al asesino sonriente
Doce meses después, la rivalidad crece. Ya como colíder con Roglic y con el esloveno lastrado por una caída en la primera semana que prácticamente acabó con su general, Vingegaard trazó un plan para desafiar a su rival, el “asesino sonriente”.
Ambos se midieron en las etapas de la general, a menudo dejando al resto atrás. El momento clave llegó en el Col du Galibier de la etapa 11, cuando Visma aisló y atacó a Pogacar por turnos, hasta quebrarlo más tarde en la jornada, camino del Col du Glandon.
Tras más pulsos en los días siguientes, Vingegaard asestó el golpe definitivo en Hautacam. Con Wout van Aert de satélite enlazando con el dúo antes de la cima, van Aert y Vingegaard rompieron la baraja y el danés se lanzó hacia un atardecer vestido de amarillo.
Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, estrellas del ciclismo mudnial
“Estoy fuera, estoy muerto”
El Tour 2023 se recuerda por otro pulso de más de dos semanas antes de que uno lograra descolgar al otro. Pero cuando Vingegaard dejó su sello, fue una derrota inédita para Pogacar.
Una contrarreloj aterradora de Vingegaard le metió 1:38 al esloveno, y solo fue el aperitivo: el plato fuerte quedó grabado en la memoria del ciclismo.
Visma y Vingegaard firmaron una actuación enorme para convertir la etapa 17 en un suplicio antes del icónico Col de la Loze. Al encarar sus rampas iniciales, Pogacar ya iba tocado.
Pronunció la ya célebre frase a sus directores de UAE Team Emirates: “Estoy fuera. Estoy muerto”, mientras cedía del grupo de favoritos y perdía varios minutos.
La revancha del caído
Una gran incógnita acompañó a Pogacar y Vingegaard al Tour de France 2024: ¿se había recuperado el danés lo suficiente de su caída en Itzulia Basque Country, en la que sufrió varias costillas rotas, un pulmón colapsado y una clavícula fracturada?
La respuesta, en corto, fue sí. Sin embargo, en un Tour de France con ritmos de ascensión superiores a ediciones previas, Pogacar había crecido claramente, especialmente en jornadas de alto gasto energético, su antigua debilidad frente a Vingegaard.
Pogacar mostró repetidamente su cambio de ritmo cuando la carretera picaba hacia arriba y, en la última resistencia de Vingegaard en la etapa 15 con final en el Plateau de Beille, Pogacar reguló con maestría, absorbió cada ataque y lo dejó atrás.
Pogacar recuperó el maillot amarillo con holgura en las etapas posteriores y remató con autoridad en Niza.
Dominio total
Si Pogacar marcó territorio en el Tour de France 2024, al año siguiente lo subrayó y lo dejó en negrita, llevándose un maillot amarillo incontestable.
Vingegaard brilló durante la primera semana, con explosividad para igualar al esloveno en muros y llegadas nerviosas. No obstante, su desafío se desvaneció en alta montaña.
Por ejemplo, en la etapa 12 le metió más de dos minutos a Vingegaard con una victoria en solitario dominante. En una última semana algo más discreta, Pogacar defendió sin apuros, sofocando los ataques de Vingegaard y del resto de aspirantes a la general.