“Me dejo la piel para ganar y no lo hago por nadie más”: Mads Pedersen, con ganas de una París-Roubaix ‘demencial’

Ciclismo
por Javier Rampe
sábado, 11 abril 2026 en 11:45
Mads Pedersen and Remco Evenepoel
Mads Pedersen se cayó hace poco más de dos meses, sufriendo fracturas en una clavícula y en la muñeca del lado opuesto. La lógica diría que competir a alto nivel en las clásicas adoquinadas mes y medio después sería casi imposible, pero el danés lo ha hecho. Ahora quiere rematar su campaña de primavera con un resultado en París-Roubaix, una carrera con la que sueña ganar.
“Estaba boca abajo e intenté incorporarme apoyando las manos en el suelo, pero no podía. Vinieron enseguida porque estaba con la cara contra el suelo”, recordó Pedersen en una nota de prensa. Ocurrió el primer día de la Volta a Comunitat Valenciana, que eligió como alternativa para iniciar su temporada 2026.
“La caída fue el miércoles y el viernes me operaron. El sábado por la tarde ya estaba al teléfono con mi entrenador y le dije: ‘Vale, ¿cómo vamos a volver?’. Me dijo que al principio me lo tomara con calma y que haríamos todo lo posible. El problema era que llevaba el brazo izquierdo enyesado hasta el hombro y tenía la clavícula derecha rota. Me dolía la espalda de levantar el yeso todo el rato, pesaba muchísimo”.
Recuperarse a tiempo parecía poco probable: las lesiones eran demasiado graves para entrenar en carretera durante varias semanas. Eso obligó a Pedersen a pasar un periodo prolongado entrenando bajo techo, y gran parte de su preparación llegó de esas semanas durísimas.
“Creo que esto me viene de mi madre. Es una mujer dura. Diría que está en sus genes, y a mí y a mis hermanos nos tocó buena parte. Nace de la fortaleza de mi madre y de ver su compromiso con la vida. Incluso con más edad ha vuelto a estudiar y a fijarse nuevas metas, algo bonito de ver en una mujer de 50 años que dedica así su tiempo. Odio cuando la gente se compadece de sí misma, es horrible”.

El ego como motivación para Mads Pedersen en Roubaix 

Pedersen reapareció en el pelotón en la Milano–Sanremo, donde fue cuarto. Aún quedaba el gran examen: competir en tramos adoquinados que castigan las manos y encadenar esfuerzos máximos, como en la E3 Saxo Classic. Terminó noveno, prueba de que podía ser competitivo.
Después llegaron un décimo puesto en la Dwars door Vlaanderen y un quinto en el Tour des Flandres, donde ya se le vio en su mejor versión. Roubaix es una carrera que le favorece más, sin las cotas donde Tadej Pogacar y Mathieu van der Poel suelen marcar diferencias, y con un Lidl-Trek mejor equilibrado.
“Cuando compito, soy yo quien más presión se mete. Quiero ganar, me dejo la piel para ganar y no lo hago por nadie más. No lo hago para que mis padres o mi esposa sean felices. Me da igual. Es un objetivo para mí”, explica. “Quizá sea mi gran ego o mi autoconfianza, pero soy yo quien me motiva. En el camino al éxito también hay que fallar y puede que falles bajo presión, pero de eso aprendo”.
Le arropa un equipo de verdaderos “pesos pesados” con Jonathan Milan, Max Walscheid, Jakob Söderqvist, Soren Kragh Andersen, Mathias Vacek, Mathias Norsgaard y Edward Theuns. Es una carrera brutal en la que ha sido tercero en las dos últimas ediciones.
Este domingo puede mejorar ese tercer puesto. “Roubaix es implacable, es dura, y eso es lo que me atrae. Es una locura, no tiene sentido, pero a veces me gusta lo que no es normal. Es una carrera ridícula, y por eso me encaja”.
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