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Milán-San Remo, todos saben lo que se avecina. Tadej Pogacar intentará romper la carrera en la Cipressa. Mathieu van der Poel intentará seguirle. La incógnita está justo detrás de ellos. Porque en una prueba que ahora se decide por segundos y no por huecos, mantener la distancia justa puede ser la diferencia entre pelear por puestos o por la victoria.
Pocos llegan mejor preparados para ese momento que Romain Gregoire. “Vengo con la ambición de tener un papel en cabeza de carrera”, explicó Gregoire a través de su equipo. “El objetivo es claro: estar perfectamente colocado cuando empiece la batalla de verdad, especialmente en la Cipressa.”
Ese enfoque no es teórico. Gregoire ya lo vivió. En su debut el año pasado, cuando
Pogacar dinamitó la carrera en la Cipressa, Gregoire fue de los pocos capaces de responder de inicio, junto a Van der Poel y Filippo Ganna. La segunda aceleración acabó con sus opciones delante, y el esfuerzo le pesó hasta meta, pero el detalle clave es dónde estaba cuando tocaba.
Estaba allí. “Este año, el plan es subir un peldaño, quedarme con los líderes hasta la cima y seguir con ellos”, dijo. “A partir de ahí, todo es posible, y quiero estar listo para aprovechar mi oportunidad y pelear por un gran resultado.” Ese es el cambio. No es otra carrera, es otra distancia hasta el mismo momento.
La forma que avala la teoría
Gregoire no llega solo con promesas. Su primavera ya ha respondido. Batió a Matteo Jorgenson para ganar la Faun Drome Classic, fue segundo en el Trofeo Laigueglia y terminó
cuarto en Strade Bianche. El nivel está, y lo más importante, lo ha repetido.
Además, su perfil encaja con la carrera tal y como se disputa hoy. No se basa en el control, sino en responder cuando sube el ritmo y aguantar cuando no vuelve a bajar.
Por eso ve la prueba de otro modo. “Milán-San Remo es la carrera más abierta del año, y eso es claramente una ventaja para nosotros.”
Romain Grégoire será la principal baza de Groupama - FDJ United para la Milán-San Remo 2026
La carrera dentro de la carrera
San Remo rara vez se desarrolla en línea recta. El primer movimiento no siempre es el decisivo. Lo que ocurre justo después puede contar igual.
Si Pogacar vuelve a arrancar, la carrera se fracturará. Si Van der Poel responde, el frente será de élite. Pero justo detrás, la prueba suele seguir viva, estirada más que rota.
Ahí encaja Gregoire. No como el que fuerza el movimiento, sino como quien puede vivir más cerca de él. “Todo tiene que ir a tu favor”, dijo. “Mucho depende de las piernas, pero hay que estar bien colocado, tener un buen día y poder seguir a los mejores para pelear por la victoria.”
Un aspirante de otro perfil
Gregoire no necesita dominar Milán-San Remo para cambiar su resultado. El año pasado demostró que podía alcanzar el punto decisivo. Este año se trata de quedarse allí.
No de igualar a Pogacar y Van der Poel. Solo de mantenerse lo bastante cerca como para que la carrera pueda devolverle a la pelea.