La etapa 18 del
Giro de Italia, con 171 kilómetros entre Fai Della Paganella y Pieve di Soligo, se presenta como una de esas jornadas que, sobre el papel, no intimidan por su perfil, pero que en carrera suelen generar un desarrollo muy distinto al esperado. El recorrido no encadena grandes puertos alpinos ni largas ascensiones, pero sí concentra varios elementos que pueden provocar una carrera nerviosa, abierta y con múltiples escenarios posibles.
El trazado incluye únicamente dos dificultades montañosas puntuables, un puerto de tercera categoría y otro de cuarta ya en las inmediaciones del final, además de un sprint intermedio situado en una fase avanzada del recorrido. Sin embargo, el gran punto de atención vuelve a ser el
Muro di Ca’ del Poggio, un repecho corto pero extremadamente exigente, con 1100 metros al 12,3%, situado a apenas 9,3 kilómetros de la línea de meta. Su posición convierte ese tramo en un filtro natural: suficiente para romper el grupo, seleccionar a los más fuertes del día o incluso neutralizar intentos de fuga si el pelotón llega lanzado.
En ese contexto, el análisis de
Alberto Contador ayuda a entender el tipo de etapa que puede desarrollarse desde el inicio. El excorredor describe en
Eurosport una jornada claramente propensa al movimiento constante y a la batalla por formar la escapada, señalando que “una nueva etapa del Giro de Italia nos espera y será muy movida, con 171 kilómetros y final en Pieve di Soligo. Solo hay dos dificultades montañosas, un tercera categoría y un cuarta categoría cerca de meta, además de un sprint situado bastante antes del final”.
Más allá del perfil, Contador pone el foco en la dinámica táctica que puede marcar la jornada, especialmente en la tensión entre la fuga y los equipos con intereses en una llegada más controlada. En su lectura, la ausencia de grandes puertos encadenados cambia por completo la forma de correr, ya que reduce los filtros naturales y abre la puerta a una lucha más prolongada por consolidar la escapada. En ese sentido, apunta que “veremos esa lucha por si Narváez se mete o no en la escapada, y para mí será un nuevo día para la fuga, pero una fuga muy luchada, porque realmente no hay puertos como tal y eso puede hacer que algún equipo de hombres rápidos intente controlar”.
Esta doble lectura de la etapa es lo que la convierte en una jornada especialmente delicada de gestionar. Por un lado, la fuga tiene argumentos para prosperar, ya que el terreno no ofrece grandes obstáculos acumulados que permitan un control absoluto del pelotón durante toda la jornada. Por otro, la presencia de equipos con velocistas o corredores rápidos dispuestos a pelear por una llegada reducida introduce un factor de tensión constante, especialmente si el grupo de escapados no consigue abrir diferencias claras desde el inicio.
Etapa 18: Fai della Paganella - Pieve di Soligo, 168 kilómetros
La fuga será difícil de alcanzar
Contador también subraya esa incertidumbre sobre la composición y el nivel de los corredores que puedan filtrarse en la escapada, al señalar que “hay muchos corredores con una X marcada en esta etapa, así que habrá bastante emoción entre los hombres rápidos y la fuga”. Esa idea resume bien el tipo de escenario que se espera: una carrera sin control absoluto, con múltiples intereses cruzados y con la sensación de que cualquier intento puede ser el definitivo si se produce en el momento adecuado.
Con todo ello, la etapa parece destinada a vivirse en dos actos claramente diferenciados. Un primer bloque de carrera marcado por la lucha intensa por entrar en la fuga del día, donde se acumularán ataques y movimientos constantes sin que necesariamente se consolide una escapada sólida de inmediato. Y un segundo bloque, ya en el tramo final, donde el Muro di Ca’ del Poggio se convierte en el juez definitivo de la jornada.