Fabian Cancellara, uno de los corredores de clásicas más laureados, se retiró hace ya varios años, pero sigue viviendo la emoción del ciclismo profesional en su rol de director del equipo suizo Tudor Pro Cycling. Este domingo volverá a un escenario donde cosechó algunos de sus mayores triunfos: el Tour de Flandes.
Cancellara colgó la bicicleta tras ganar el oro olímpico en Río 2016, cuando aún estaba en la cima de su carrera. Ese mismo año se impuso en la Strade Bianche y terminó segundo en Flandes, su carrera favorita. ¿No extrañaba la adrenalina de la competición? "Cerré ese capítulo con mi medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río. Era el momento adecuado y me sentí bien", declaró en Vive le Vélo antes del Tour de Flandes.
En 2010, Cancellara logró su primera victoria en el Tour de Flandes, un triunfo que acabaría repitiendo en dos ocasiones más. En aquel entonces, surgieron especulaciones sobre un posible dopaje mecánico, especialmente entre los aficionados belgas, que hubieran preferido ver ganar a su ídolo local, Tom Boonen. Sin embargo, esos rumores ya no le afectan.
"¿Estoy cansado de esos rumores? Más que nada, me da pena la gente que se inventa esas historias. Hoy en día puedo reírme de ello. No tengo que caer tan bajo. Ya no necesito demostrar nada. Los resultados hablan por sí solos sobre quién soy y quién fui como ciclista. Ciao, miau", dice entre risas.
El palmarés del suizo es impresionante. Si pudiera intercambiar todas sus victorias por una que le falta, ¿cuál elegiría? "Ese es un problema de lujo", responde, refiriéndose a esa ausencia en su historial. "Es casi imposible decidir qué triunfo daría a cambio de un título mundial. O por una cuarta victoria en Flandes o Roubaix. No, estoy satisfecho".
¿Qué hace tan especial al Tour de Flandes para él? "Empieza por el país, la región, su gente. Están los adoquines, las tiendas de patatas fritas, la cerveza... Es una carrera que reúne muchas cosas a la vez. Y ahora, con la salida en Brujas en lugar de Amberes, se vive aún más intensamente. Es como estar en un estadio: ves a los equipos desplazándose desde los autobuses hasta la Grote Markt. Son momentos de orgullo y felicidad".