Las informaciones aparecidas en Italia durante el fin de semana han apuntado a la posibilidad de que un desprendimiento de tierras cerca de Arenzano pueda obligar a modificar el recorrido de la próxima
Milán-San Remo. Sin embargo, cualquier eventual alteración del trazado no cambiaría en absoluto el carácter ni el desarrollo deportivo de la clásica italiana.
Arenzano forma parte habitual del itinerario de la
Milán-San Remo cuando restan aproximadamente 130 kilómetros para la meta, justo después de que el pelotón descienda del Passo del Turchino y alcance la costa de Liguria camino de los célebres capi que marcan el inicio del tramo decisivo de la carrera.
Según informó el medio local GenovaToday, el desprendimiento se produjo el domingo por la noche, cuando alrededor de 2.000 metros cúbicos de escombros cayeron sobre la Via Aurelia, bloqueando completamente la carretera. Afortunadamente, el incidente no provocó heridos.
Las causas exactas del derrumbe aún no están claras, aunque los primeros informes apuntan a un posible fallo en una red de protección contra desprendimientos. El suceso tuvo lugar cerca del túnel de Pizzo, muy próximo al escenario de un
episodio similar ocurrido en 2016.
El alcalde de Arenzano, Francesco Silvestrini, explicó que serían necesarios entre cuatro y cinco días para retirar los escombros y reabrir la vía con tráfico en un solo carril, aunque no descartó que el cierre pudiera prolongarse más tiempo.
“Después será necesario entender cuánto trabajo necesita la ladera y de qué tipo”, señaló Silvestrini. “El temor es que se repita una situación como la de 2016, exactamente hace diez años, cuando la carretera permaneció cerrada durante meses”.
¿Cambio de recorrido?
Estas declaraciones llevaron al medio BiciSport a especular con la posibilidad de que el recorrido de la
Milán-San Remo de este año deba ser modificado. Aunque no se puede descartar por completo, todo apunta a que, de producirse, el cambio sería mínimo y no tendría ninguna influencia real en el desenlace de la prueba, prevista para el 21 de marzo.
Hace una década, cuando se produjo un desprendimiento similar en Arenzano, el pelotón fue desviado de manera puntual de la Via Aurelia hacia un tramo cercano de autopista para salvar la zona afectada, antes de reincorporarse rápidamente al recorrido original. Aquella edición terminó con la victoria de Arnaud Démare en un esprint vibrante, tras una persecución frenética y polémica provocada por una caída en la Cipressa.
Arnaud Démare, ganador de la Milán-San Remo en 2016
Una clásica acostumbrada a imprevistos
La
Milán-San Remo no es ajena a modificaciones de última hora. En 2013, una intensa nevada obligó a neutralizar la carrera antes del Turchino y a trasladar a los corredores en autobús hasta Cogoleto, donde se reanudó la prueba.
En 2020, la edición retrasada por la pandemia vivió un cambio mucho más profundo, cuando varios alcaldes de localidades de la costa ligur se opusieron al paso de la carrera. Aquella vez, el recorrido se adentró en el Piamonte y prescindió de los capi Berta, Mele y Cervo, enlazando con el final tradicional antes de la Cipressa y el Poggio.
En el escenario actual, cualquier modificación necesaria en 2026 sería mucho más limitada, ya que el desprendimiento se encuentra a unos 130 kilómetros de la línea de meta. En consecuencia, las estrategias de los grandes favoritos, como Mathieu van der Poel o Tadej Pogacar, no se verían afectadas en absoluto. La
Milán-San Remo mantendrá intacta su esencia.