La victoria de
Tadej Pogacar en el
Tour de Flandes 2026 hizo algo más que decidir el resultado. Reabrió una cuestión familiar que le acompaña en las grandes carreras. Cuando la prueba entró en su fase decisiva,
el más fuerte quedó claro. Lo que sigue en debate es si quienes le rodeaban podían haberla afrontado de otro modo.
La selección clave se formó en la secuencia de Oude Kruisberg y Hotond, donde Pogacar y
Mathieu van der Poel se marcharon, con Remco Evenepoel cerca por un momento antes de ceder terreno. Desde ahí, la carrera adoptó un patrón conocido, con Pogacar marcando el ritmo y los demás obligados a responder.
Incluso con diferencias cortas, cerrar fue complicado. El último paso por el Oude Kwaremont ofreció el momento decisivo: Pogacar aceleró y se fue, dejó a Van der Poel persiguiendo en solitario y al resto más atrás. En ese contexto empezó a dibujarse la cuestión táctica.
Los comentaristas de Sporza Karl Vannieuwkerke y José De Cauwer plantearon en directo el dilema al que se enfrentaron los rivales de Pogacar, especialmente cuando se formó el grupo delantero y empezó a colaborar antes del último Kwaremont.
“Si sabes que Pogacar está tan dominante, ¿aun así debes tirar con él o conviene empezar a jugar un poco?”, preguntó Vannieuwkerke, incluso cuestionando si el orgullo influyó en el enfoque del grupo delantero. “Pienso en Mathieu van der Poel. ¿O es ese orgullo lo que estorba?”
Wout van Aert y Tadej Pogacar en el Tour de Flandes 2026
Para De Cauwer, sin embargo, la idea de otra táctica tenía límites, sobre todo viendo lo rápido que Pogacar marcó diferencias en cuanto subió el ritmo en los muros decisivos.
“Ese orgullo, quizá. Pero aunque esperen, en la siguiente cota los suelta igual. Vimos con qué rapidez Pogacar hizo la diferencia…”, afirmó, antes de señalar cómo suelen resolverse estas situaciones en cabeza de carrera. “Esos corredores son tan orgullosos, tan grandes. Lo hemos visto mil veces. Ya no hacen eso. No, colaboran.”
Una carrera donde la fuerza se impuso a la táctica
Al paso por el Oude Kwaremont y rumbo al Paterberg, el patrón se mantuvo. Pogacar impuso las condiciones, Van der Poel aguantó mientras pudo, y las diferencias por detrás crecieron con Evenepoel sin poder regresar.
Los intentos de romper ese ritmo nunca cuajaron. Cada aceleración de Pogacar abría hueco de inmediato, dejando poco margen a la duda o al juego táctico.
En ese sentido, el debate permanece abierto. La disyuntiva entre cooperar o jugársela es fácil de plantear, pero mucho más difícil de ejecutar cuando el más fuerte puede forzar repetidamente el mismo desenlace.
“Todos terminaron donde les correspondía”
El resultado final pareció reforzar esa idea. “Contra Tadej Pogacar no había nada que hacer”, dijo Vannieuwkerke, con De Cauwer de acuerdo. “No creo que seamos los únicos en decirlo. Todos los que lo vieron de cerca coincidirán en que no había nada que hacer.”
Por detrás, el orden reflejó lo visto en los últimos muros, donde se abrieron las diferencias. “El cuarto puesto de
Wout van Aert también es bueno, pero a él también le faltó un punto en el Oude Kwaremont”, señaló Vannieuwkerke.
De Cauwer, por su parte, apuntó a cómo se desarrolló la carrera en el tramo final. “Esa segunda subida al Oude Kwaremont se le hizo demasiado larga. Al final volvió a asomar un poco, pero tuvo que hacerlo solo”, explicó. “Todos terminaron donde les correspondía.”
Un cinco estrellas que cumple
Para Vannieuwkerke, la carrera se reduce a una conclusión simple. “Fue un Tour de Flandes de cinco estrellas, y ganó el favorito de cinco estrellas”, resumió, sintetizando la jerarquía que se vio en el final. “El hombre que también tenía cinco estrellas, pero quizá debía tener cuatro, acabó segundo. Los que tenían tres estrellas terminaron tercero, cuarto y quinto.”
Un resumen fiel a cómo transcurrió la carrera, con los movimientos decisivos sobre el adoquín resolviendo tanto el resultado como el debate.