La larga persecución de
Tadej Pogacar a
Milán-San Remo terminó por fin en triunfo, aunque antes la carrera pareció escapársele por completo en el momento más caótico del día. El campeón del mundo, ya marcado por
un maillot arcoíris rasgado y cortes visibles tras una dura caída camino de la Cipressa, pareció por un instante encaminarse a otro casi, casi en el Monumento que tantas veces se le resistió.
En cambio, convirtió ese instante en el acto definitorio de la carrera. “Cuando me caí, por un segundo pensé que todo había terminado”, dijo Pogacar tras la meta. El incidente llegó en el peor momento posible. Con el pelotón acelerando hacia la Cipressa y los equipos peleando por la posición, Pogacar fue al suelo junto a varios contendientes clave.
En una carrera donde la colocación lo es todo, incluso un pequeño retraso puede ser decisivo. Para Pogacar fue más que eso. “Por suerte, volví rápido a la bici, sin demasiado daño ni para mí ni para la bici”, explicó. “Luego vi a mi equipo, a Florian y Felix, que lo dieron todo para devolverme a la cabeza.”
Esa reacción inmediata fue crucial. En lugar de perder contacto del todo, Pogacar pudo regresar al pelotón antes de que estallara realmente la fase decisiva. “Me devolvieron la esperanza, y las piernas aún respondían.”
El UAE reconstruye la carrera en la Cipressa
Lo que siguió fue una demostración de fuerza colectiva.
El
UAE Team Emirates XRG no dudó. Brandon McNulty e Isaac del Toro tomaron el mando en la Cipressa, elevaron el ritmo y reordenaron la carrera tras el sobresalto de la caída. “Brandon e Isaac hicieron el resto en la Cipressa”, dijo Pogacar. “Hoy, sin el equipo, probablemente me voy directo a meta.”
Ese esfuerzo devolvió a Pogacar a la posición adecuada y le permitió retomar su plan original. Ya allí, no perdió tiempo.
Pogacar, ensangrentado y magullado tras la caída
Pogacar ataca, pero Pidcock no se quiebra
Con el ritmo al máximo, Pogacar empezó a atacar.
Las aceleraciones repetidas en la Cipressa fueron cribando el grupo y, cuando la carrera alcanzó el Poggio, los favoritos ya estaban expuestos. Pogacar volvió a la carga en la última subida, buscando el movimiento decisivo que se le había escapado en ediciones anteriores.
Esta vez, solo un corredor pudo seguirle. “Intenté irme solo, pero Tom estuvo muy fuerte. Chapeau también para Mathieu.”
Tom Pidcock respondió a cada cambio, pegado a la rueda de Pogacar mientras ambos se despejaban al frente. Por detrás, la caza nunca desapareció del todo, pero la victoria se jugaba delante.
Un cara o cruz al esprint decide Milán-San Remo
En los últimos kilómetros, la cooperación se volvió cálculo.
Pogacar y Pidcock colaboraron para mantener la ventaja, pero al acercarse la Via Roma, la dinámica cambió. Pidcock rehusó dar relevos en el último kilómetro, forzando a Pogacar a lanzar el esprint desde delante. “Tuve suerte en el esprint”, admitió Pogacar. “Tom es realmente rápido, y me dio un poco de miedo cuando me dejó pasar primero.”
Esa duda marcó el desenlace. “Sabía que no podía esperar demasiado, y al final me sorprendí.”
Pogacar arrancó desde cabeza y mantuvo su línea hasta meta, batiendo a Pidcock en un photo finish para asegurar por fin la victoria que tanto se le había escapado.
De los casi a la gloria en un Monumento
Milán-San Remo suele describirse como el Monumento más difícil de ganar, no por sus subidas, sino por lo complicado que es controlarla. Para Pogacar, era la carrera que seguía resistiéndosele pese a su dominio en otros terrenos. Año tras año, agitaba el final, solo para quedarse corto.
Esta vez, ni siquiera una caída en la fase más crítica fue suficiente para detenerle. Al contrario, se integró en el relato.
Ensangrentado, magullado y por un momento convencido de que su carrera había terminado, Pogacar respondió con una de las actuaciones más completas de su trayectoria. Tras años intentándolo, Milán-San Remo ya es suya.