El asalto de
Mathieu van der Poel a la
Milán-San Remo quedó neutralizado antes de entrar en su fase decisiva. El neerlandés admitió que una caída en la aproximación a la Cipressa le obligó a perseguir en lugar de dictar la carrera.
El vigente campeón partía de nuevo como uno de los grandes protagonistas, llamado a responder o contrarrestar los previsibles ataques de
Tadej Pogacar. En cambio, su día se torció en el peor momento. “Estoy bastante decepcionado”, dijo Van der Poel en meta. “Había una bici delante de mí y no pude esquivarla, así que me caí”.
El incidente se produjo en la intensa lucha por la posición previa a la Cipressa, un tramo en el que el pelotón circula estirado y es más vulnerable. Varios corredores se vieron implicados, pero para Van der Poel el momento fue especialmente caro. “Lo que más me duele es la mano. También me golpeó una bici de Lidl-Trek”.
Aunque pudo regresar al pelotón con la ayuda de su equipo, el daño ya estaba hecho. “El equipo hizo un trabajo realmente bueno para traerme de vuelta, pero en la Cipressa ya noté que no estaba a mi mejor nivel”.
Ese instante cambió, de hecho, el papel que podía desempeñar en carrera. En lugar de responder de inmediato a las aceleraciones decisivas, Van der Poel se vio obligado a correr a la defensiva. “Ahí fue donde perdí contacto, después de la caída”. Al entrar en el Poggio, la diferencia se hizo evidente.
Mientras Pogacar lanzaba ataques repetidos delante y Tom Pidcock aguantaba su rueda, Van der Poel ya no pudo responder como en ediciones anteriores. Optó por su propio ritmo, limitando pérdidas en lugar de moldear el desenlace. “En el Poggio fui a mi ritmo, como hizo Ganna el año pasado. Me di cuenta bastante rápido de que tenía que hacer mi propia carrera”.
Esa decisión le mantuvo en la pelea por el podio, pero le alejó de la lucha por la victoria. Por delante,
Pogacar y Pidcock abrieron hueco y se jugaron el triunfo en un sprint a dos, mientras Van der Poel se reagrupaba en el grupo perseguidor.
Frustración táctica al escaparse la carrera
Incluso tras la subida, aún parecía que la carrera no se le había escapado del todo, dadas las diferencias tan ajustadas. “Por desgracia, Tadej y Tom no se miraron”.
Fue un detalle que sugirió lo que podría haber sido si las dinámicas en cabeza hubieran sido distintas o si Van der Poel hubiera llegado al Poggio con plenas sensaciones.
En cambio, le tocó reflexionar sobre lo rápido que puede cambiar la Milán-San Remo. “Me duele el dedo, pero creo que no es demasiado”.
Mathieu van der Poel fue 8º en la Milán-San Remo
Una carrera decidida antes del final
La Milán-San Remo suele definirse en el Poggio, pero para Van der Poel el momento clave llegó antes. La caída en la aproximación a la Cipressa no acabó con su carrera, pero la alteró lo suficiente como para quitarle el punto necesario para seguir el movimiento ganador.
En una prueba donde la colocación y el timing lo son todo, ese pequeño desajuste resultó decisivo.
Para un corredor que había ganado dos veces y sabe exactamente cómo controlar el final, la frustración fue evidente. Esta vez, la carrera siguió sin él.