Solo ocho corredores en la historia han conseguido completar el gran desafío del ciclismo por etapas: ganar al menos una vez el
Tour de Francia, el Giro de Italia y
La Vuelta a España. El último en conseguirlo ha sido
Jonas Vingegaard, que en 2026 añadió el Giro a sus triunfos anteriores en el Tour y La Vuelta. El danés se convirtió así en el octavo miembro de un club al que antes habían accedido Jacques Anquetil, Felice Gimondi,
Eddy Merckx, Bernard Hinault,
Alberto Contador, Vincenzo Nibali y Chris Froome.
Llegar hasta ahí nunca fue cuestión de ganar
tres carreras de forma aislada. Cada uno tuvo que superar generaciones distintas, recorridos diferentes y rivales de enorme categoría. Algunos necesitaron años para completar el círculo; otros lo hicieron con una velocidad extraordinaria. Contador, por ejemplo, conquistó las tres en apenas dos temporadas, mientras Vingegaard necesitó cuatro años desde su primer Tour.
La dificultad también cambió con el paso de las décadas. El Tour de los años cincuenta y sesenta era una prueba mucho más larga y con enormes diferencias entre etapas, mientras que las grandes modernas presentan una preparación científica, equipos profundamente especializados y una competencia internacional mucho mayor. En todos los casos, sin embargo, el reto fue idéntico: sobrevivir a tres semanas de montaña, contrarreloj, fatiga y presión.
Estos son los años en los que cada uno consiguió por primera vez cada una de las tres grandes y, sobre todo, cómo fueron aquellas conquistas que terminaron construyendo uno de los clubes más exclusivos de la historia del deporte.
Jacques Anquetil
Anquetil abrió el camino en 1957, cuando ganó su primer Tour de Francia con apenas 23 años. Su triunfo fue contundente y supuso la aparición de un especialista en la contrarreloj destinado a dominar la década. Enfrente tuvo a escaladores como Federico Bahamontes y a corredores de la talla de Marcel Janssens. El francés aprovechó su enorme capacidad contra el reloj para compensar las pérdidas en montaña y terminó imponiendo una autoridad inesperada para un corredor tan joven.
Tres años después llegó el Giro de 1960. La carrera italiana fue mucho más complicada, con Gastone Nencini como principal rival y una lucha que exigió a Anquetil administrar cuidadosamente sus esfuerzos. El francés se impuso en una edición marcada por la montaña y por la necesidad de resistir los ataques de los especialistas italianos. Aquella victoria confirmó que su dominio no estaba limitado al Tour y lo acercó al selecto objetivo de las tres grandes.
La Vuelta de 1963 completó el círculo. Anquetil se convirtió en el primer corredor capaz de conquistar las tres carreras y lo hizo en una Vuelta especialmente exigente para la época. La victoria española tuvo además un componente estratégico: el francés volvió a apoyarse en su regularidad y en su fortaleza contra el reloj para controlar a sus principales rivales. Su triunfo convirtió una colección de grandes victorias en un legado histórico.
Felice Gimondi
Gimondi comenzó su camino hacia la trilogía en el Tour de 1965, apenas en su primera participación. El italiano sorprendió al imponerse a rivales de enorme prestigio y demostró una extraordinaria capacidad para combinar montaña y contrarreloj. La carrera estuvo marcada por la dureza de los Alpes y los Pirineos, pero Gimondi consiguió mantener la regularidad necesaria para superar a Raymond Poulidor y otros especialistas de la época.
En 1967 conquistó el Giro de Italia, su primera gran victoria en casa. La carrera fue una batalla mucho más abierta, con rivales como Jacques Anquetil y otros corredores italianos que conocían perfectamente el terreno. Gimondi tuvo que enfrentarse a una prueba larga y montañosa, en la que la resistencia fue tan importante como la explosividad. Su triunfo confirmó que el vencedor del Tour de 1965 podía dominar también la Corsa Rosa.
En 1968 llegó La Vuelta y, con ella, la entrada de Gimondi en el club que Anquetil había inaugurado. El italiano tuvo que superar un recorrido exigente y una competencia internacional que incluía a corredores de gran nivel. Su victoria en España tuvo además un valor simbólico enorme: demostró que podía adaptarse a diferentes terrenos y que su regularidad durante tres semanas estaba a la altura de cualquier especialista.
Eddy Merckx, en acción en 1974.
Eddy Merckx
Merckx comenzó su colección de grandes con el Giro de Italia de 1968. Todavía no había ganado el Tour, pero ya era una fuerza extraordinaria. En Italia se enfrentó a Felice Gimondi y a los mejores corredores de la época, imponiendo una combinación de potencia, resistencia y agresividad que anticipaba la era de dominio que estaba a punto de comenzar.
Un año después llegó el Tour de Francia de 1969. Fue la presentación definitiva de Merckx como gran dominador del ciclismo mundial. El belga no se limitó a controlar la clasificación: ganó etapas de montaña, contrarrelojes y acumuló diferencias enormes sobre rivales como Felice Gimondi y Roger Pingeon. La dureza de aquella edición quedó reflejada en la amplitud de su victoria.
La Vuelta de 1973 completó su particular trilogía. Merckx tuvo que enfrentarse a Luis Ocaña y José Manuel Fuente, dos escaladores extraordinarios, en una carrera marcada por la montaña española. Su triunfo fue especialmente significativo porque llegó después de años de dominio en Giro y Tour. Con él, Merckx se convirtió en uno de los corredores que llegaron a ostentar simultáneamente las tres grandes en su palmarés.
Bernard Hinault
Hinault conquistó La Vuelta en 1978, en su primera gran temporada de dominio. El francés se enfrentó a Joop Zoetemelk, Joaquim Agostinho y otros especialistas en una carrera exigente que terminó ganando con autoridad. Fue la primera pieza de una temporada extraordinaria, porque apenas unas semanas después tendría que afrontar el Tour.
En el Tour de 1978, Hinault confirmó su irrupción entre los grandes. Zoetemelk fue su principal rival y llegó a vestir el amarillo, pero Hinault terminó resolviendo la carrera en la contrarreloj final. La edición tuvo una dureza notable y estuvo marcada además por la expulsión de Michel Pollentier, que había llegado a liderar la clasificación antes de ser sancionado por intentar falsear el control antidopaje.
Dos años después, Hinault ganó su primer Giro. La Corsa Rosa de 1980 le enfrentó a Wladimiro Panizza, Giovanni Battaglin y Giuseppe Saronni. El francés tuvo que desenvolverse en una carrera montañosa y táctica, pero terminó imponiendo su superioridad para conquistar la maglia rosa con más de cinco minutos sobre Panizza.
Alberto Contador en la ascensión al Col delle Finestre del Giro de Italia
Alberto Contador
Contador abrió su camino en el Tour de Francia de 2007. Con solo 24 años, el español se impuso en una carrera marcada por la igualdad y por la presión constante de corredores como Cadel Evans y Levi Leipheimer. La montaña fue decisiva y Contador aprovechó su explosividad para convertirse en el ganador más joven de aquella edición.
En 2008 conquistó el Giro de Italia, una victoria especialmente complicada porque llegó a última hora a la carrera y tuvo que enfrentarse a Riccardo Riccò y Danilo Di Luca. La batalla se mantuvo abierta hasta la contrarreloj final de Milán, donde Contador defendió su estrecha ventaja. Fue el primer español en ganar el Giro desde Miguel Indurain.
Meses después completó la trilogía en La Vuelta. La edición de 2008 tuvo a Levi Leipheimer, Carlos Sastre y Alejandro Valverde como principales adversarios. Contador tomó el liderato tras la llegada al Angliru y consolidó su ventaja en las montañas y la contrarreloj. Con solo 25 años se convirtió en el primer español en conquistar las tres grandes.
Vincenzo Nibali
Nibali comenzó su colección con La Vuelta de 2010. El italiano tuvo que superar a Joaquim Rodríguez y Ezequiel Mosquera en una carrera de enorme dureza montañosa. La batalla se mantuvo viva hasta el final y Nibali terminó demostrando una gran capacidad para gestionar tanto las ascensiones como las etapas de transición.
Su primer Giro llegó en 2013. La edición estuvo marcada por el mal tiempo y la montaña, con Rigoberto Urán y Cadel Evans como grandes rivales. Nibali fue tercero en 2010 y segundo en 2011 antes de regresar para conquistar finalmente la maglia rosa. Urán terminó segundo y Evans tercero, confirmando la enorme calidad del podio.
En 2014 llegó su gran obra: el Tour de Francia. Sin Chris Froome ni Alberto Contador en la lucha final, Nibali tuvo que enfrentarse a Jean-Christophe Péraud, Thibaut Pinot y Alejandro Valverde. El italiano dominó la carrera desde los primeros compases y terminó ganando con una diferencia amplia. Fue su triunfo más contundente y el que completó su colección.
Chris Froome en acción en La Vuelta a España 2017
Chris Froome
El primer gran título de Froome fue La Vuelta de 2011, aunque inicialmente la carrera fue adjudicada a Juan José Cobo. Tras la sanción posterior del español, Froome pasó a ser reconocido como ganador. Aquella Vuelta fue extremadamente ajustada y el británico terminó a solo 13 segundos de Cobo en la clasificación original, después de enfrentarse también a Bradley Wiggins y Bauke Mollema.
El Tour de 2013 fue su consagración. Froome llegó como heredero de Wiggins y tuvo que medirse con Nairo Quintana, Joaquim Rodríguez y Alberto Contador. La montaña francesa y las contrarrelojes le permitieron construir una ventaja sólida y ganar su primer Tour, iniciando una etapa de dominio del Sky.
Cinco años después, Froome completó la trilogía en el Giro de 2018. Fue una de las victorias más espectaculares del grupo: Simon Yates dominó buena parte de la carrera, pero Froome cambió completamente la clasificación con su ataque lejano en el Colle delle Finestre. Finalmente superó a Tom Dumoulin y Miguel Ángel López. Fue además el primer británico en ganar la Corsa Rosa.
Jonas Vingegaard
Vingegaard inició su camino en el Tour de Francia de 2022, derrotando por primera vez a Tadej Pogačar en una batalla que cambió el ciclismo moderno. La carrera estuvo marcada por el calor, los abanicos, el pavés y, sobre todo, por una intensa lucha en la montaña. El danés terminó imponiéndose al esloveno gracias a una superioridad creciente en los Alpes y los Pirineos.
En 2025 llegó La Vuelta. Vingegaard se enfrentó a João Almeida y Tom Pidcock en una edición especialmente exigente, con finales como el Angliru y la Bola del Mundo. El danés terminó ganando con 1:16 sobre Almeida y 3:11 sobre Pidcock. Su victoria estuvo además rodeada por las protestas que interrumpieron la última etapa en Madrid.
El último paso llegó en el Giro de 2026. En su debut en la Corsa Rosa, Vingegaard ganó cinco de las seis llegadas en alto y terminó con 5:22 sobre Felix Gall y 6:25 sobre Jai Hindley. La carrera, de 3.466 kilómetros y más de 49.000 metros de desnivel acumulado, confirmó la magnitud del desafío. En Roma, el danés completó la trilogía y se convirtió en el octavo hombre de la historia en conquistar las tres grandes.
Ocho nombres, ocho épocas y ocho caminos diferentes. Anquetil abrió la puerta en 1963; Gimondi, Merckx, Hinault, Contador, Nibali y Froome la mantuvieron reservada durante décadas. Ahora Vingegaard ha añadido su nombre a una lista que parece cada vez más difícil de ampliar. En un ciclismo donde ganar una sola gran vuelta ya exige una combinación extraordinaria de talento, equipo, resistencia y suerte, conquistar las tres sigue siendo una de las mayores pruebas de grandeza que existen.