“No solo le sacaría una vuelta, lo retirarían de la carrera” – Mathieu van der Poel reta a Jasper Philipsen a probar el ciclocross

Ciclocross
lunes, 19 enero 2026 en 15:00
mathieuvanderpoel jasperphilipsen
Mathieu van der Poel no necesitó Benidorm para encender una rivalidad con Jasper Philipsen. Le bastó un instante. Y, una vez dichas las palabras, la historia dejó de ir sobre quién ganó una carrera. Pasó a girar en torno a quién se atrevería antes a llevar al otro a terreno desconocido.
“No solo lo doblaría a él, sino a todos los demás. A veces subestiman el nivel del ciclocross”, dijo Van der Poel en conversación con Sporza, entre risas, cuando se planteó la idea de que Philipsen probara en el barro.
No lo dijo con malicia. Lo dijo con la seguridad de quien sabe exactamente lo duro que es su deporte. Y aterrizó donde debía: como un desafío.
El cruce llegó a rebufo de Benidorm, donde Van der Poel añadió la carrera a última hora a su programa y luego la hizo saltar por los aires con un ataque en solitario temprano. Pero el relato mayor llegó después, cuando el foco se movió del resultado hacia quienes le habían empujado a estar allí. “Mis compañeros me obligaron toda la semana a correr, porque querían venir a verme”, explicó Van der Poel sobre por qué se alineó en España.
Esa presión no vino de voces aleatorias del equipo. Llegó de corredores como Philipsen, que querían ver qué pasaba si Van der Poel se presentaba. “Eso influyó sin duda en mi decisión”, dijo. “Aunque dudé mucho tiempo, porque mi entrenamiento es muy importante.”

De la persuasión a la provocación

Una vez que Van der Poel corrió y ganó, la dinámica se invirtió. El que había sido empujado a Benidorm pasó a ser quien empujaba. “Llevamos años metiéndole presión para que haga también un cross”, dijo Van der Poel. “Creo que Heusden-Zolder sería la carrera perfecta para él.”
Philipsen no se apresuró a aceptar. Y Van der Poel sabía bien por qué. “Por la regla del 80 por ciento lo sacarían de la carrera”, apuntó. “No solo lo doblaría yo, sino todos los demás también.”
Fue mitad broma, mitad advertencia. El ciclocross no es una disciplina exótica a la que uno se lanza sin más. Y Van der Poel, más que nadie, entiende lo brutal que es la brecha entre ver una carrera y sobrevivirla.
Philipsen, por su parte, tampoco lo dejó ahí. Si Van der Poel quería verle en un cross, Van der Poel tendría que devolver el favor en otro terreno. Como contrapartida, Philipsen deslizó la idea de arrastrar a su compañero a una beach race. Otra superficie. Otro caos. La misma lógica: ver cómo sobrevive el otro fuera de su zona de confort.
De pronto, el fin de semana de Benidorm había creado algo que no tenía que ver con quién entró primero en meta. Había forjado un desafío permanente entre dos de los nombres más grandes del ciclismo moderno.
No va de contratos ni de calendarios, todavía. Va del tono. Dos corredores acostumbrados a ganar en sus mundos ahora se retan a pisar el del otro.
Van der Poel ya ha demostrado que puede cruzar fronteras. Philipsen aún no lo ha hecho. Pero, tras esa frase, está claro que la idea ya no es una broma lanzada al aire. Es un desafío que espera respuesta.
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