Se aproxima el punto culminante de la temporada 2025/26 de ciclocross. El
Campeonato Mundial de Ciclocross 2026 en Hulst se celebrará el domingo, 1 de febrero, con todas las miradas puestas en
Mathieu van der Poel. De eso son conscientes todos los corredores de la Selección de Países Bajos, incluyendo a
Tibor del Grosso.
La valoración más clara del Mundial de Hulst de esta semana no llegó de un equipo rival, de un analista ni de un observador externo. Salió de dentro de
Alpecin-Premier Tech. Para
Tibor Del Grosso, la cuestión del oro en Hulst ya está resuelta.
“¿Ganar el oro contra Mathieu? Imposible”,
admitió Del Grosso en declaraciones recogidas por Wieler Revue, ofreciendo un veredicto tajante sobre el actual reparto de fuerzas, con
Mathieu van der Poel llegando al Mundial tras un invierno de dominio absoluto.
No es una frase hecha. Del Grosso ha pasado buena parte de la temporada viendo a Van der Poel desde el peor lugar para las ilusiones: pegado a su rueda. Ha sido segundo tras él en múltiples ocasiones, incluso en carreras donde problemas mecánicos parecieron amenazar por momentos el resultado. Ni siquiera entonces cambió la conclusión.
Impotencia a pleno esfuerzo
Del Grosso señaló Maasmechelen como ejemplo definitorio. Dos pinchazos pudieron alterar la carrera de Van der Poel sobre el papel, pero no en la práctica. “Cómo vuelve tras ese pinchazo y aun así gana. Cómo se te va mientras intentas seguirle a plena potencia”, dijo Del Grosso. La sensación, explicó, no es frustración táctica sino pura impotencia. “Nadie toma una curva con esa velocidad y precisión.”
Tibor del Grosso, estrella del ciclocross mundial
Esa observación encaja con lo visto repetidamente este invierno. Van der Poel no ha necesitado presión sostenida ni ataques en cadena para romper las carreras. Ha esperado, ha elegido el momento y se ha marchado con una aceleración que los demás no pueden absorber. Incluso cuando la mala suerte le ha retrasado, el desenlace ha parecido inevitable.
La conclusión de Del Grosso es contundente, e incómoda para un atleta de élite. El dominio es tan completo que el resto del pelotón compite, de facto, otra carrera. “Cuando se nos fue en Hoogerheide, lo que se puso emocionante fueron las otras plazas del podio”, explicó Del Grosso. “Ahí es cuando en realidad empieza una nueva carrera.”
Una visión realista de Hulst
Con ese contexto, la perspectiva de Del Grosso para el Mundial es realista, no derrotista. “Siempre salgo con ambición y, como deportista, con el objetivo de llegar lo más alto posible”, dijo. “Pero de antemano firmaría por la plata o el bronce.”
Es una concesión llamativa, pero basada en semanas de evidencias. Van der Poel llega a Hulst tras reescribir los récords de la Copa del Mundo, compitiendo a un nivel que los analistas describen como física y mentalmente completo, y convirtiendo repetidamente a perseguidores de élite en espectadores. Los márgenes no se han estrechado. Si acaso, se han estabilizado.
“Ganar el oro en una carrera con Mathieu de rival no lo considero posible”, zanjó Del Grosso.
En la mayoría de previas mundialistas, los corredores hablan de oportunidad e incertidumbre. Del Grosso ha optado por la honestidad. Y al hacerlo, quizá haya resumido este invierno con más precisión que nadie.