Mathieu van der Poel no solo ganó en Hoogerheide. Cerró la temporada de la Copa del Mundo con el modo que decide las clásicas de primavera: dosificación inicial, ferocidad cuando elige atacar y cero errores cuando el ritmo selecciona.
Por eso el análisis de Thijs van Amerongen pesa más que el elogio rutinario de poscarrera. Van Amerongen definió a
Mathieu van der Poel como “física y mentalmente completamente en la cima”, dijo en Eurosport, y la implicación es clara. No es una forma invernal que requiera adaptación. Es un pico que ya se parece al del mejor ciclismo de un día en carretera.
El récord en sí,
51 triunfos en la Copa del Mundo, es el gran titular. Sitúa a Van der Poel en solitario en lo más alto de la clasificación histórica y cierra un capítulo del ciclocross que había permanecido una década.
El detalle más relevante para lo que viene es el cómo. Van Amerongen señaló que Van der Poel circulaba “unos kilómetros por hora más rápido” que el resto, una brecha devastadora en ciclocross y igual de decisiva en carretera cuando una aceleración estira el grupo en fila.
Por qué Hoogerheide parece un plan para las clásicas de primavera
El dominio en ciclocross, aislado, prueba poco sobre su traducción a la ruta. Importa la forma de expresarlo. En Hoogerheide, Van der Poel no trituró al pelotón con repeticiones. Esperó, observó y finiquitó la carrera con un único y decisivo cambio de ritmo.
Van Amerongen apuntó a la fase inicial como reveladora. “Esas dos vueltas debieron de ser muy tranquilas para él”, dijo, subrayando que, incluso rodando dentro de sí, Van der Poel ya operaba al nivel más alto del mundo. Corredores como Tibor del Grosso y Thibau Nys no caían ante un especialista, sino ante alguien con un excedente visible.
Cuando Van der Poel aceleró, el efecto fue inmediato. “Simplemente no pueden seguirle”, observó Van Amerongen. Añadió que “el mejor Van Aert quizá pueda seguir”, algo visto una vez esta temporada, pero que “incluso Wout acaba cayéndose bajo la presión de Van der Poel”, subrayando lo estrecho del margen incluso para su gran rival, Wout van Aert.
Pico físico, claridad mental
La valoración más reveladora de Van Amerongen no fue técnica, sino global. “Está física y mentalmente completamente en la cima”, dijo. Esa pareja es crucial. La potencia sin templanza desperdicia esfuerzos. La templanza sin piernas no lleva a ningún lado. Van der Poel ahora tiene ambas.
Tampoco es casual. Van der Poel ha construido su carrera afinando el pico cuando más importa. Van Amerongen lo calificó de “muy impresionante que siempre esté bien exactamente en los momentos en los que tiene que suceder”, recordando que esa fiabilidad está lejos de estar garantizada al máximo nivel.
Por eso el analista ve continuidad y no bajón. Van Amerongen sugirió que Van der Poel “probablemente también estará muy bien de nuevo en la Milán-San Remo”, enmarcando el cierre del invierno no como un final, sino como una confirmación.
Hoogerheide, entonces, no fue solo una despedida del ciclocross. Fue una declaración de preparación. El récord está asegurado, los objetivos invernales, cumplidos, y la forma de ganar sugiere que no hace falta reiniciar. Cuando empiecen las clásicas de primavera, Van der Poel no buscará la forma. Ya estará compitiendo en ella.
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