Hay ciclistas que persiguen la ambición de las Grandes Vueltas con cautela, y ciclistas que parecen necesitar fricción. Para
Tom Pidcock, según su jefe de equipo, la duda no es una señal de alarma. Es el arranque.
“Lo peor que puedes hacer con Tom es decirle: ‘No creo que puedas hacer eso’, porque es como agitarle un capote a un toro”,
dice el director del Pinarello Q36.5 Pro Cycling Team, Doug Ryder, en conversación con Domestique, un comentario que va al núcleo del subtexto más sugerente de la temporada 2026 de Pidcock.
No si puede dinamitar una carrera. No si puede ganar una etapa. Sino si puede realmente moldear la general en el
Tour de Francia.
De la validación en la Vuelta a la escalada hacia el Tour
La idea de que Pidcock podía evolucionar en aspirante a tres semanas parecía, antes, especulativa. Su primera temporada con Q36.5 Pro Cycling Team cambió esa conversación.
Tras un calendario cargado a inicios de 2025, con el equipo buscando puntos y credenciales, se quedó corto en una apuesta seria por la general del Giro. Ryder ha sugerido después que aquella campaña quedó condicionada por la carga de trabajo necesaria para lograr una invitación a una gran vuelta en primer lugar.
Pero en la
Vuelta a España la recalibración fue evidente. Pidcock subió al podio, escaló con regularidad, corrió al ataque y no a la defensiva, y demostró que su motor aguanta las tres semanas. Ryder fue tajante en su valoración: “En la Vuelta, obviamente demostró que es un corredor de tres semanas cuando se lo propone.”
Esa frase importa. Mueve a Pidcock de cazador de etapas a aspirante estructural. Y ahora el escenario se traslada a Francia.
Tom Pidcock, estrella del equipo Q36.5
Libertad, responsabilidad y el cambio de liderazgo
Cuando Pidcock dejó INEOS, la percepción externa era compleja. El talento nunca estuvo en duda. El liderazgo, sí. La narrativa de Netflix dibujó a un individualista dotado, brillante pero volátil.
El encuadre de Ryder es diametralmente distinto. “Tom es un líder en todos los sentidos.”
Más aún, sostiene, Pidcock ha modificado el tejido de la organización: “Tom ha mejorado toda nuestra organización.”
No es un elogio casual. Es lenguaje institucional. Ryder describe a un ciclista que impulsa la innovación con los partners, exige estándares de rendimiento y garantiza que los avances permeen a toda la plantilla y no queden como ventajas personales. En un deporte cada vez más definido por la concentración de recursos en la élite, la llegada de Pidcock ha desplazado a Q36.5 de proyecto esperanzado a centro de gravedad.
La actividad en el mercado que siguió no hizo más que reforzar ese giro. Nombres consagrados y talentos emergentes han aterrizado en un equipo ahora articulado en torno a un eje competitivo claro.
Aun así, Ryder insiste en que el ingrediente clave no es el control, sino la confianza. “No tenía ese tipo de libertad y confianza… En este equipo, ha podido ejercer esa libertad y esa responsabilidad.”
La libertad no ha diluido la ambición. La ha afinado.
Un Tour al ataque, no a la defensiva
Si la Vuelta fue prueba de concepto, el Tour será una escalada. Ryder evita reducir la carrera francesa a un único objetivo, pero sus palabras revelan una postura filosófica clara. “Lo único que no quiere oír jamás en una reunión de equipo es ‘Nuestro objetivo es no perder tiempo’. Tom quiere que corramos.”
Esa es una diferencia definitoria. El conservadurismo en la general ha sido durante mucho tiempo la norma para los aspirantes al podio. El instinto de Pidcock, y el aparente compromiso de Q36.5, apuntan en la dirección opuesta.
La planificación del equipo para 2026 se ha visto facilitada por las invitaciones automáticas a pruebas WorldTour tras el salto en el ranking UCI de la última temporada. Eso elimina una capa de presión. Permite pasar de demostrar mérito a perseguir rendimiento.
Para Pidcock, eso implica equilibrar opciones de etapa con la ambición de la general. Ryder deja claro que la aspiración del GC está presente, pero no asfixia. Si se presenta una etapa temprana, irá a por ella. Si la carrera se abre y la general sigue viva, no rehuirán.
Lo que cohesiona toda la estrategia, sin embargo, es la psicología.
Al recordar sus primeras conversaciones, Ryder describe a un corredor que declaró abiertamente querer descubrir si podía convertirse en aspirante a una Gran Vuelta porque otros le dijeron que no podía. Ese reto interno sostiene ahora la campaña externa.
La duda, en este caso, no es algo que silenciar. Es algo que convertir en arma.
El Tour de France sigue siendo la prueba suprema del ciclismo. Para Pidcock, también es el siguiente escenario donde afrontar una pregunta que le acompaña desde hace años.
Dile que no puede hacerlo. Y luego mira lo que pasa.