El triunfo de
Tadej Pogacar en el
Tour de Flandes 2026 no es una victoria más. Es un golpe sobre la mesa en la historia del ciclismo.
Con su tercer éxito en la “Ronde”, el esloveno entra en un club exclusivo, reservado a corredores que no solo ganaron, sino que marcaron épocas en uno de los Monumentos más duros y simbólicos del calendario.
Igualar a estos nombres no es simplemente alcanzar una cifra: es dialogar con la historia.
Durante los años más oscuros del siglo XX, cuando Europa vivía bajo la sombra de la guerra, apareció Achiel Buysse. Sus victorias en 1940, 1941 y 1943 no solo hablan de talento, sino de resistencia en condiciones casi inhumanas. Buysse representa un ciclismo primitivo, sin concesiones, donde sobrevivir a la carrera ya era una hazaña.
Poco después, el italiano Fiorenzo Magni elevó esa épica a otro nivel. Ganó tres ediciones consecutivas entre 1949 y 1951, algo que nadie ha repetido. Apodado el “León de Flandes”, su figura está envuelta en leyenda: la de un corredor capaz de competir lesionado, de sufrir más que nadie para ganar más que nadie.
El ciclismo evolucionó, y con él llegaron especialistas más definidos. En los años 70, Eric Leman encarnó esa transición. Sus tres triunfos (1970, 1972 y 1973) mostraron a un corredor capaz de dominar los adoquines con inteligencia y consistencia, en una época donde las clásicas empezaban a exigir perfiles cada vez más específicos.
En los 90, Flandes volvió a tener un dueño claro: Johan Museeuw. Ídolo absoluto en Bélgica, convirtió los muros y el pavé en su territorio natural. Sus victorias en 1993, 1995 y 1998 forman parte de una hegemonía más amplia en las clásicas, donde su nombre se asocia directamente con la palabra “dominio”.
Con el cambio de siglo, el ciclismo entró en una era de potencia y espectáculo.
Tom Boonen llevó esa transformación al extremo. Carismático, explosivo y querido por la afición, ganó en 2005, 2006 y 2012 imponiendo su fuerza bruta y su velocidad en los finales. Fue el heredero natural de la tradición flamenca.
A su lado, aunque con un estilo opuesto, brilló
Fabian Cancellara. El suizo no esperaba al sprint: atacaba de lejos y destrozaba las carreras en solitario. Sus triunfos en 2010, 2013 y 2014 redefinieron cómo se podía ganar en Flandes, combinando potencia, estrategia y una capacidad extraordinaria para rodar en solitario.
La generación actual tiene en
Mathieu van der Poel a uno de sus máximos exponentes. Sus victorias en 2020, 2022 y 2024 reflejan un ciclismo moderno, explosivo y técnico, donde la capacidad de decidir en segundos marca la diferencia. Sus duelos recientes ya forman parte del imaginario colectivo del deporte.
Y en ese contexto aparece Pogacar
Lo extraordinario de su logro no es solo la cifra, sino el camino. A diferencia de casi todos los nombres que ahora comparte, el esloveno no es un especialista puro en clásicas. Es ganador de grandes vueltas, dominador en la montaña, y aun así capaz de imponerse en los adoquines más exigentes del mundo.
Su tercera victoria en el Tour de Flandes no es un punto final, sino una señal: la de un corredor que está rompiendo las categorías tradicionales. Donde antes había escaladores, clasicómanos o contrarrelojistas, ahora aparece una figura total.
Pogacar ya está en la lista.
La diferencia es que su historia, a diferencia de la de muchos de los que iguala, todavía se está escribiendo.
Los mejores de la historia del Tour de Flandes
| Ciclista | País | Años de victoria |
| Achiel Buysse | Bélgica | 1940, 1941, 1943 |
| Fiorenzo Magni | Italia | 1949, 1950, 1951 |
| Eric Leman | Bélgica | 1970, 1972, 1973 |
| Johan Museeuw | Bélgica | 1993, 1995, 1998 |
| Tom Boonen | Bélgica | 2005, 2006, 2012 |
| Fabian Cancellara | Suiza | 2010, 2013, 2014 |
| Mathieu van der Poel | Países Bajos | 2020, 2022, 2024 |
| Tadej Pogacar | Eslovenia | 2023, 2025, 2026 |
Mathieu van der Poel, uno de los mejores ciclistas de la historia