Richard Carapaz encontró en
la perseverancia el camino hacia uno de los mayores éxitos de su carrera deportiva. El ciclista ecuatoriano, campeón olímpico en los Juegos de Tokio 2020, recordó el largo proceso que tuvo que recorrer para alcanzar la medalla de oro, una meta que durante años pareció estar fuera de su alcance después de sufrir un grave accidente que incluso puso en duda su continuidad sobre la bicicleta.
El corredor sudamericano compartió su experiencia durante una conferencia celebrada en la clausura del Banana Time Guayaquil 2026, la mayor convención de la industria bananera de Latinoamérica. Ante los asistentes, utilizó su trayectoria profesional para establecer un paralelismo entre el funcionamiento de un equipo ciclista y el de una empresa, destacando la importancia de trabajar con objetivos comunes y una planificación a corto, medio y largo plazo.
Uno de los momentos más difíciles de su trayectoria llegó en 2014, cuando fue atropellado durante un entrenamiento. Con apenas 20 años, los médicos no podían garantizarle que volviera a pedalear, una circunstancia que cambió por completo su perspectiva y le obligó a afrontar una larga recuperación antes de retomar su carrera deportiva.
La historia de superación de Carapaz, desde aquel accidente hasta convertirse en campeón olímpico y ganador del
Giro de Italia, fue
recogida por la agencia EFE. El ecuatoriano repasó los sacrificios que marcaron su camino, desde sus primeros pasos en el ciclismo europeo hasta la conquista de los grandes objetivos que se había propuesto.
Richard Carapaz, con Movistar Team
Tres meses sin cobrar para cumplir el sueño europeo
"El día que volví a subirme a una bicicleta lo tengo muy grabado en la cabeza: fue sentirme libre, volver a nacer, un nuevo despertar. Ahí fue cuando tomé la decisión de querer ser lo más grande, porque Dios me había vuelto a dar la oportunidad de volver a montar en bicicleta", recordó el corredor. A partir de entonces, estableció tres grandes metas: convertirse en profesional en Europa, ganar el Giro de Italia y proclamarse campeón olímpico.
El primer gran desafío llegó en 2016, cuando recibió una oportunidad para realizar una prueba de tres meses en un equipo español. Lo hizo sin percibir ningún tipo de compensación económica y con la incertidumbre de no saber si conseguiría un contrato. "Lo más complicado fue comenzar", reconoció. Su actitud y rendimiento terminaron convenciendo a sus responsables, que le abrieron las puertas del profesionalismo.
Durante los años siguientes aprendió a desempeñar diferentes funciones dentro del pelotón, comenzando como gregario para trabajar al servicio de los líderes. En 2019, sin embargo, recibió la oportunidad de asumir el protagonismo en el Giro de Italia. Tras perder tiempo en la tercera etapa, tomó la iniciativa y dio indicaciones a sus compañeros para reorganizarse y conquistar la cuarta jornada, un triunfo que resultó determinante para su victoria final. "El podio de Verona fue algo muy bonito, porque ahí supe que habían valido la pena tantos momentos especiales perdidos, como cumpleaños y aniversarios con la familia", explicó.
Su siguiente gran objetivo eran los Juegos Olímpicos de Tokio, pero la pandemia de covid-19 alteró los planes. Durante el confinamiento tuvo que entrenar en casa, sin saber cuándo podría volver a competir. Cuando llegó la carrera olímpica, Carapaz estaba convencido de sus posibilidades, aunque reconoció que la victoria no estaba asegurada: "Por mi mente también pasaba eso". La medalla de oro fue la culminación de 16 años de sacrificios. "Carapaz no fue campeón olímpico de la noche a la mañana. Fueron 16 años de madrugar, entrenar, alimentarme de la mejor manera y buscar cada día la mejor versión de mí", concluyó.