Perico Delgado analiza el infierno granadino que puede decidir la Vuelta a España 2026

Ciclismo
sábado, 12 septiembre 2026 en 10:00
perico delgado eurosport
Güéjar Sierra es, para Perico Delgado, como Roma: todos los caminos terminan pasando por allí. Azallanas, el Duque y, en esta Vuelta a España 2026, una nueva protagonista que puede decidir la carrera: el Collado del Alguacil. La subida, inédita en la ronda española, aguarda como escenario final de una etapa reina que llega después de casi 5.000 metros de desnivel positivo y con la clasificación general todavía en juego.
El recorrido no da prácticamente ningún respiro. Los primeros kilómetros camino de Güéjar Sierra ya empiezan a cargar las piernas, aunque el verdadero infierno aparece después. Los ocho kilómetros finales presentan una pendiente media cercana al 10%, con rampas que alcanzan el 18% y un asfalto irregular que incrementa todavía más la sensación de dureza. Una combinación diseñada para que las diferencias aparezcan prácticamente entre todos los favoritos.
La aproximación tampoco será sencilla. El pelotón deberá atravesar un trazado rápido y repleto de curvas antes de llegar a Güéjar Sierra, aunque a esas alturas la carrera debería encontrarse ya muy seleccionada. Después llegará el momento decisivo. Para Perico, cualquier corredor que quiera cambiar el rumbo de la general tendrá que encontrar el momento exacto para atacar, mientras que aquellos que hayan llegado al puerto con menos fuerzas deberán limitarse a sobrevivir.
Y todo ello en un escenario condicionado por el calor y la altitud. Aunque el Collado del Alguacil se encuentre a una cota elevada, las temperaturas pueden volver a ser protagonistas. El viento, si aparece a favor, ayudará a subir, pero también reducirá la capacidad del cuerpo para refrigerarse. Con Enric Mas defendiendo el maillot rojo y sus rivales obligados a atacar, el último puerto de la Vuelta promete ser un auténtico examen de resistencia, ambición y capacidad para soportar el dolor.

Ocho kilómetros al 10% para decidir la Vuelta

El acceso al Collado del Alguacil comienza con algunos repechos que todavía permiten al cuerpo recuperar mínimamente, pero la dureza aparece muy pronto. Perico Delgado lo comprueba sobre la bicicleta y deja una primera advertencia: “Aquí comienza el baile”. Las rampas alcanzan rápidamente el 12% y obligan a poner todo el desarrollo disponible. Todavía quedan más de ocho kilómetros para coronar, pero las piernas ya empiezan a pesar.
A partir de ahí comienza la verdadera ascensión. La media de los últimos ocho kilómetros ronda el 10%, con rampas del 18%, y el asfalto roto añade un elemento más de dificultad. No es una subida de pendiente constante, sino una sucesión de rampas y pequeños descansos que engañan al ciclista. Un tramo al 12% puede dar paso a otro al 7 u 8%, pero la carretera nunca deja realmente de mirar hacia arriba. Para los corredores que lleguen después de casi 5.000 metros de desnivel, cada uno de esos porcentajes tendrá un coste enorme.
La organización tuvo que modificar el recorrido inicialmente previsto debido a un importante deslizamiento provocado por las condiciones meteorológicas del invierno. La versión original contemplaba el paso por El Purche o Monachil, dos ascensiones a Azallanas y el posterior final en el Collado del Alguacil. El nuevo trazado mantiene prácticamente intacta la dureza global: dos pasos consecutivos por El Purche, el Duque —la otra vertiente de Azallanas— y, finalmente, el Alguacil como gran juez de la etapa.
La ascensión se convierte así en el escenario perfecto para que los favoritos se enfrenten directamente. Cuando quedan cuatro kilómetros y medio, el Garmin ya no muestra prácticamente ninguna zona de descanso. Las pendientes van alternando entre el 8, el 10 y el 11%, mientras el calor empieza a castigar todavía más a los corredores. El asfalto rugoso, lejos de facilitar el esfuerzo, aumenta la resistencia y convierte cada pedalada en una lucha contra la montaña.

El momento de atacar

El tramo decisivo llega en las inmediaciones del Puntal de las Majadas. Para Perico, ahí ya no habrá margen para esconderse. “Si alguien no se ha movido antes es porque no puede”, resume. Con apenas kilómetro y medio por delante y una pendiente que se mantiene siempre por encima del 10%, la carrera entrará en su fase definitiva. Será el momento del todo o nada para quienes todavía tengan fuerzas para intentar cambiar la clasificación general.
El problema será también psicológico. A medida que la carretera se empina, el ciclista tiene la sensación de avanzar muy poco pese al enorme esfuerzo realizado. El calor, las rampas y la fatiga acumulada después de una jornada extrema convierten los últimos kilómetros en una auténtica contrarreloj contra uno mismo. En ese punto, la ambición por ganar la Vuelta y la referencia de los rivales serán las últimas fuentes de energía para seguir apretando.
Para Enric Mas, el Collado del Alguacil representa la última gran defensa del maillot rojo. Para sus perseguidores, la última oportunidad de atacar una ventaja construida durante tres semanas. La ascensión parece diseñada para favorecer a los escaladores más fuertes y para castigar cualquier debilidad. Roglič, Gall, Carapaz y Onley deberán decidir cuándo asumir riesgos, mientras Mas tendrá que medir cada respuesta y administrar una ventaja que puede convertirse en definitiva en las rampas granadinas.
El premio final estará a la altura del esfuerzo. Después de una ascensión extrema, el Collado del Alguacil ofrece un balcón espectacular sobre Sierra Nevada y un escenario difícilmente mejorable para cerrar la última gran batalla de montaña de esta Vuelta a España. “No se podía pedir un final más bonito y duro”, resume Perico. Allí, entre rampas imposibles, calor y dolor de piernas, puede decidirse quién termina vistiendo de rojo en Madrid.
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