Convertirse en profesional debería ser uno de los momentos más felices en la vida de cualquier ciclista. Después de años de sacrificio, entrenamientos y carreras, alcanzar la máxima categoría significa cumplir el sueño por el que se ha trabajado desde niño. Sin embargo, para Óscar Pereiro aquella llegada al profesionalismo también supuso descubrir una realidad mucho más incómoda: la de un deporte marcado por la sombra permanente del dopaje.
El exciclista gallego recuerda al pódcast En Modo Avión que, de repente, aquello que había amado durante toda su vida pasó a estar rodeado de sospechas. El corredor dejaba de ser únicamente un deportista admirado para convertirse, a ojos de una parte de la sociedad, en alguien permanentemente bajo sospecha.
“La gente admiraba al ciclista y llega un momento que te haces profesional, el día más feliz de tu vida, empiezas a competir y de repente te das cuenta de que tu vida sigue siendo el deporte que te apasiona, pero para la sociedad es un deporte contaminado, eres un tramposo”, explica Pereiro.
La situación terminó teniendo un impacto psicológico considerable. El gallego reconoce que siempre fue una persona que se tomaba muy a pecho las críticas y que los insultos relacionados con el dopaje llegaron a afectarle profundamente.
Para un ciclista profesional, la rutina exige una disciplina casi absoluta. Hay que levantarse cada mañana y entrenar independientemente de las condiciones meteorológicas o del estado de ánimo. Pero, según Pereiro, resulta mucho más difícil mantener esa motivación cuando el entorno está permanentemente contaminado por la sospecha.
“Para rendir a gran nivel necesitas levantar la persiana cada mañana y da igual lo que haya afuera. Tiene que apasionarte lo que estás haciendo”, recuerda. El problema aparecía cuando esa pasión chocaba con un ambiente que él llegó a considerar insoportable.
“Yo no quiero vivir en este mundo tan podrido. No quiero sentir la sensación de que soy un delincuente practicando algo que me cuesta mucho hacer cada día”, sentencia.
Uno de los principales puntos de inflexión en su carrera fue la implantación del sistema ADAMS, una herramienta que obligaba a los deportistas a comunicar con antelación dónde iban a encontrarse para poder ser localizados en cualquier momento.
El dopaje, un punto de inflexión en su carrera
Pereiro ya estaba acostumbrado a los controles antidopaje desde las categorías inferiores. Los considera una parte natural del ciclismo profesional y asegura que nunca le molestó someterse a ellos. El problema llegó cuando el control dejó de limitarse a las competiciones y pasó a condicionar prácticamente cada aspecto de la vida cotidiana.
Con ADAMS, los ciclistas debían indicar con meses de antelación dónde iban a residir y establecer una franja horaria diaria durante la que tenían que encontrarse obligatoriamente localizables en un punto determinado.
“Tenías que poner dónde ibas a estar viviendo durante esos seis meses y obligatoriamente dónde ibas a estar una hora al día en cada uno de esos días”, explica.
El margen de error era mínimo. Si el corredor no se encontraba en el lugar indicado durante esa hora o no podía someterse a un control cuando era localizado, recibía una tarjeta amarilla. Tres tarjetas podían desembocar en una sanción de cuatro años. “Andas acojonado porque sabes que te estás jugando tu futuro”, reconoce Pereiro.
Y entonces comenzaron las situaciones surrealistas. Una de ellas ocurrió antes del Tour de Francia de 2007. La normativa obligaba a los corredores a encontrarse en Londres el jueves anterior al comienzo de la carrera, pero Pereiro había abandonado ya su domicilio para desplazarse hasta allí cuando un equipo de control apareció en su casa.
Su mujer tuvo que explicar que el corredor ya estaba camino de Londres. La situación evidenciaba, según Pereiro, las contradicciones de un sistema que exigía una planificación extrema, pero que no siempre parecía adaptarse a la realidad de los desplazamientos profesionales.
Otra ocasión resultó todavía más problemática. Después de grabar un programa de televisión en Madrid, el avión que debía llevarle de regreso a Vigo no pudo aterrizar debido a un temporal. El vuelo regresó a Madrid y la compañía aérea proporcionó alojamiento a los pasajeros. Pereiro olvidó modificar su localización en el sistema ADAMS.
Una tarjeta amarilla de sanción
“Es algo muy normal. Te olvidas de cambiar la localización”, explica. Finalmente pudo justificar la situación, pero el episodio refleja la presión constante que sufrían los corredores. Sin embargo, ninguna de sus historias supera a una de las situaciones más surrealistas que recuerda.
Una madrugada, antes de las seis, unos agentes llamaron al timbre de su casa para realizarle un control. La legislación española impedía entonces acceder al domicilio antes de esa hora. Pereiro abrió la puerta y, todavía dormido, descubrió quién estaba al otro lado.
Su reacción fue inmediata. “Hasta las seis de la mañana aquí no entráis”, recuerda que les dijo. Como los agentes ya lo habían visto y no podían perderlo de vista, Pereiro decidió esperar sentado en la puerta de su casa hasta que llegara la hora permitida.
“Me senté en pelotas en la puerta de casa hasta las seis”, relata entre la incredulidad y el humor. Pero la anécdota más llamativa llegó en diciembre de 2010, el año de su retirada. Pereiro estaba comiendo con unos amigos en Santiago de Compostela y había tomado varias cervezas cuando recibió una llamada informándole de que tenía un control antidopaje en su domicilio.
El problema era evidente: no sabía cuándo iba a regresar. “Yo no tengo ni puñetera idea, porque estoy con unos amigos”, respondió. Los agentes terminaron localizándolo en el restaurante. Llegaron con una nevera portátil y toda la documentación necesaria para realizar el control.
La escena fue completamente surrealista. El procedimiento exigía que Pereiro se quedara desnudo y realizara el control de orina bajo supervisión directa, además de someterse a una extracción de sangre. El espacio disponible era diminuto y los agentes tuvieron que realizar el procedimiento en unas condiciones que el propio exciclista considera difícilmente justificables.
“Estaban imaginándose cualquier cosa. Y un tío y una tía allí conmigo”, recuerda. Más allá de las anécdotas, Pereiro no cuestiona la necesidad de los controles antidopaje. Su crítica se dirige hacia el sistema y, especialmente, hacia la responsabilidad que recaía sobre el deportista.
“Yo estoy a favor de los controles antidopaje y de que haya una igualdad, que todo el mundo compita en igualdad de condiciones”, afirma. Su propuesta era mucho más sencilla: controlar al deportista sin obligarle a convertirse en responsable absoluto de su propia vigilancia.
El doping es una lacra para el ciclismo y el resto de deportes
“Yo he llegado a ofrecerme que me metieran un chip. No quiero engañar al sistema”, asegura. Incluso llegó a plantear la posibilidad de utilizar una pulsera de localización. Para él, el problema nunca fue ser controlado, sino que un simple error administrativo pudiera acabar condicionando toda una carrera. “No me podéis poner la responsabilidad de que un error mío me pueda joder la vida”, resume.
La conversación también desemboca en una reflexión más amplia sobre el trato recibido por el ciclismo durante los años más duros de los escándalos de dopaje. Pereiro considera que su deporte fue especialmente perseguido y recuerda el impacto de operaciones como la Operación Puerto. No niega que el ciclismo tuviera problemas. Al contrario, reconoce que existieron y que debían ser perseguidos.
Pero también considera que otros deportes tuvieron situaciones similares sin recibir el mismo nivel de escrutinio. “El ciclismo fue un deporte perseguido. No fue un deporte perseguido porque se lo haya merecido, sino que se lo mereció igual que otros que no fueron sancionados”, sostiene.
Años después de su retirada, Pereiro conserva una posición clara: controles sí, vigilancia también, pero sin convertir al deportista en un sospechoso permanente. Porque detrás de cada control, cada localización y cada sanción potencial había una persona. Un ciclista que, al margen de cualquier polémica, solo quería hacer aquello por lo que había trabajado durante toda su vida.
Javier Rampe es analista deportivo con más de 15 años de experiencia. Licenciado en Economía por la Universidad de Roma y Diplomado en Empresariales por la Universidad de Cádiz, a pesar de venir de una rama poco amable con el ciclismo, su pasión por las dos ruedas y el periodismo viene inculcada desde niño. Creció con Indurain y «el Chava» Jiménez. Admirador de la ‘escuela’ comunicativa de Michael Robinson, que le empujó a afrontar la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Buenos Aires; que aún cursa.
Ha estado siempre en contacto con el mundo del deporte y la cultura, participando desde muy joven en blogs deportivos y sitios de reseñas cinematográficas y musicales. Cuenta con presencia en medios como Cope, RAI o Radio Con Vos, fundador del pódcast especializado en ciclismo El Contraanálisis y un canal dedicado a entrevistas con futbolistas profesionales, Días De Fútbol.
Además de su labor en Ciclismoaldia, Javier ha entrevistado a lo largo de este tiempo a figuras clave en el devenir de nuestro deporte como Alejandro Valverde o Tadej Pogačar y otras en política antidopaje como Alberto Yelmo, David Varillas o Marcelo Milano. Marcos Maynar, en el ámbito de la 'Operación Ílex', también aparece entre los personajes entrevistados. Le gusta analizar en profundidad el ecosistema ciclista donde ha asistido a pruebas de gran calado como Strade Bianche, Vuelta a Andalucía o la Itzulia junto a diversos CX nacionales.
La formación en economía y su experiencia en marketing y comunicación en la empresa privada hacen que no deje de estudiar distintas estrategias de posicionamiento y que tenga siempre el foco en un titular evocador"